Diario de un diario en Venezuela

By Caridad

HAVANA TIMES – Te levantas temprano, afuera ya están cantando los pájaros. No pudiste dormir bien. Toda la noche hizo calor y los mosquitos se regodearon en tus orejas como si fueran trompetistas profesionales.

Enciendes la hornilla eléctrica y pones a hacer el café. No hay gas desde hace 5 meses, pero te queda agua todavía para el café.

Se va la luz. (Mierd…) No te asustes, fue solo un “pestañazo”, ya la volvieron a poner; tu café está seguro.

Enciendes la computadora, entre la crisis económica y la pandemia no ha quedado otro remedio que trabajar desde casa. Todavía no te han robado los cables de CANTV (la empresa de telefonía), así que eres privilegiado en comparación con otras miles de personas en Venezuela.

Te sientas a trabajar mientras te tomas el café, pero antes de que puedas enviar el primer correo ya estás sin servicio de Internet. (Mierd…) No te asustes, es solo un “pestañazo”, ya puedes enviar tu correo… pero luego viene otro y otro pestañazo, y así se pasa casi toda la mañana y apenas has avanzado en algo.

Es cerca del mediodía, mejor cocinar algo.

Se va la luz.

Esta vez en serio.

En realidad, no se va, la quitan.

Miras malhumorado tu cocina de leña. Ayer llovió y hay algo de humedad en el ambiente, pero igual no queda de otra.

Dedicas toda la tarde a preparar los alimentos del día… y la de los que viven contigo (personas o animales). En realidad, tienes muy buena suerte de vivir en una casa y no en un apartamento, de ser así a olvidarse de la comida hasta que regrese la luz.

A eso de las 6 te echas a descansar un poco en el chinchorro, con los ojos ardiendo por el humo del fogón. Comienzas a quedarte dormido y el ruido de la nevera te anuncia que ya pusieron la corriente. ¡A trabajar!, te dices entusiasmado, pero la verdad es que ya tienes pocas energías. De todos modos, insistes. Vuelves a colar café para despertarte, esperas que el Internet se estabilice y, entre cabeceos, logras trabajar una buena parte del resto de la noche.

A la mañana siguiente te levantas apurado, hoy es noche de apagón.

Hay que cocinar temprano en la hornilla eléctrica para no depender otra vez del fogón. Tienes que salir a hacer algunas compras, no hay efectivo en la calle, pero en casi todos los negocios puedes pagar con tu tarjeta de débito. Hoy es un buen día, hay línea y puedes pagar sin problema.

Regresas corriendo a casa, a cocinar, a tratar de trabajar en la computadora, antes de que quiten la electricidad a las cinco o seis de la tarde hasta las 11 o 12 o… la hora en que se les ocurra devolverla.

A veces la han cortado solo por dos horas. Esas noches tus vecinos gritan victoriosos como niños que reciben un helado después de la comida.

Pero hoy no es así, estás en medio del apagón, pateando los mosquitos, gritándoles palabras soeces y echándote fresco con un pedazo de cartón, calculando que, si mañana no quitan la luz durante el día, quizá puedas terminar el trabajo en el cual llevas una semana y hasta podrás comprarte un poco de helado para celebrar… eso sí, habrá que comérselo todo de una vez, para que no se derrita con el apagón.

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Caridad

Caridad: Si tuviera la oportunidad de escoger cómo sería mi próxima vida, me gustaría ser agua. Si tuviera la oportunidad de eliminar algo de lo peor del mundo borraría el miedo y de todos los sentimientos humanos prefiero la amistad. Nací en el año del primer Congreso del PCC en Cuba, el día en que se celebra el orgullo gay en todo el mundo. Ya no vivo al este de la habana, intento hacerlo en Caracas y continúo defendido mi derecho a hacer lo que quiero y no lo que espera de mí la sociedad.

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