No solo pesas se levanta

Yenisel Rodriguez

En el número 203 de la calle Santa Emilia en Santo Suárez, se encuentra uno de los gimnasios más peculiares que he conocido.

En el interior de un apartamento mediano se pueden encontrar los más variados equipos de fisiculturismo.  Ningún espacio del apartamento es desperdiciado.  El portal, la sala, el patiecito trasero, la cocina, todos juegan un importante papel en la integralidad de los ejercicios a realizar.

Sin embargo, lo que más complace del gimnasio de Santa Emilia no radica en este hecho.

Existe detrás de los sudores, de los agobiantes gritos de dolor, de las algarabías competitivas y los rituales narcisistas frente al espejo, también existe un espacio de socialización popular.

Detrás de cada brazo fuerte que te ayuda a levantar 130 libras, hay un disfrute por el trabajo compartido.  El saludo de cada recién llegado es alegría por saberse cómplice del proyecto de los demás, de participar espontáneamente en una comunidad de intereses.  Aquí radica lo que me complace.

No conozco otro lugar donde los jóvenes colaboren de la misma forma, y donde lo más importante sea el estar con los otros.  No gobierna lo competitivo, a diferencia de lo que sucede con el juego de fútbol, por ejemplo.

Es como si el gimnasio poseyera un poder sobrecogedor sobre los espíritus.  Aquí los jóvenes disfrutan acatar normas, porque ellos mismos las han creado; están alerta del esfuerzo ajeno, porque se saben necesarios y solicitados; hacen culto al conocimiento, porque posee utilidad y no es obligado.

En ocasiones encontramos reductos de civismo popular en los lugares menos esperados.

Desde joven he visitado gimnasios.  Al principio me motivaba un simple fin utilitario: poseer un cuerpo atlético.   Pero asombrado, sentía que con el pasar del tiempo la relación con los demás se iba adueñando de mis expectativas.

Hoy todo se hace más evidente.  Al gimnasio se va también para disfrutar de la solidaridad y de lo colaboración concreta y real con los demás.  Se vive como se vive el sudor en la frente, como algo concreto, sin ideologemas ni propagandas.

El gimnasio de Santa Emilia también me satisface políticamente: es un gimnasio de proletarios.  De estibadores, jóvenes y viejos obreros de aquí y de allá, de muchachos de facultad obrera campesina, de los que son vigilados por el jefe del sector de la policía, de los que quizás el mes que viene no pueda pagar la cuota; de todos ellos es el gimnasio.

Porque también, para bien o para mal, la solidaridad tiene sus mañas y escrúpulos.  No gusta de ciertas promiscuidades, sobre todo entre precios altos y clases trabajadoras.  En Santa Emilia la solidaridad es entre los que pagamos 60$ al mes.

El número 203 de la calle Santa Emilia es uno de los pocos espacios públicos donde habita parte del mundo de vida popular de mi barrio

Yenisel Rodriguez

Yenisel Rodriguez Perez: He vivido siempre en Cuba, con la excepción de varios meses del 2013 cuando estuve con mi padre en Miami. A pesar de las noventa millas que separan a una ciudad de otra, en ambos sitios encuentro motivos profundos para asumir una militancia política y popular. Mi encuentro con la Antropología Sociocultural hace 8 años atrás, me ha alistado en el compromiso de amor a la diversidad cultural.



Un comentario sobre “No solo pesas se levanta

  • 60 $ al mes no es un poco caro ???????

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