Las bibliotecas públicas en Cuba modifican su función social

Yenisel Rodríguez Pérez

La Biblioteca Nacional

Los espacios públicos en Cuba sufren un acelerado deterioro, sobre todo aquellos que están dirigidos al fomento y la promoción cultural. Los de carácter marcadamente comercial han experimentado cierta mejoría en su infraestructura y han afianzado su personalidad económica y jurídica.

Así comienzan a funcionar las cosas cuando llegan las “revoluciones” neoliberales sustituyendo revoluciones seudosocialistas. El dinero, la productividad y el consumismo resurgen de las cenizas de los centralismos económicos, dejando atrás la hiperburocratización y la precarización del consumo.

Lo anterior no significa que los Estados asignen escasa importancia a la instrucción cultural de la población. La gestión de este servicio social constituye uno de los argumentos más utilizados a la hora de justificar su autoasignado rol de mediador de la vida cotidiana de la sociedad.

La cultura eurocéntrica y de élite constituye el ingrediente básico con el cual los Estados instituyen este servicio universal. Para los Estados la función educativa de las bibliotecas públicas es algo secundario a pesar de que se promocione lo contrario a través de los medios de comunicación.

La finalidad principal a la que se dirigen estas instituciones educativas es a la pretendida higienización de la sociedad civil. Exorcizarla de la conflictividad social y la precarización económica a través de la transmisión directa de una cultura normalizadora en correspondencia con los intereses gubernamentales. Demagogia de primera clase.

Las bibliotecas públicas en Cuba han sido históricamente instituciones abanderadas en la estrategia estatal de instrucción espiritual del pueblo. En cada municipio cubano se puede encontrar, como mínimo, una biblioteca pública destinada a la población local. Sus años mozos hace mucho que pasaron, fueron días de activismo impetuoso y consagración pedagógica.

En los días que corren su deteriorada mega-estructura municipalista se nos arroja a la mirada como reclamo de compasión. Pero este deterioro es el rostro superficial de la profunda precarización espiritual que padecen las bibliotecas públicas de nuestro país. En sus interiores habitan rostros más elocuentes.

Las salas de lectura permanecen prácticamente desoladas los seis días de la semana que se presta el servicio. Como fantasmas cortesanos se nos descubren los escasos lectores, que únicamente por pasión intelectual o necesidad de distracción asisten a las bibliotecas públicas.

Arrinconados en las tenebrosas salas de lectura, hacinados entre estantes saturados de libros desactualizados y deteriorados, abrumados entre el polvo y los peligros de derrumbe inminente, y en ausencia de todo tipo de servicios básico, se las arreglan para visitar obras y autores.

A los trabajadores de la biblioteca pública les corresponde algo de responsabilidad con la situación descrita. Victimas y victimarios de una misma situación, contribuyendo y padeciendo simultáneamente la precarización del servicio.

Por un lado padecen la falta de reconocimiento social. Por ejemplo, se desconoce proyectos interesantísimos como el llamado “Libro hablado” que consiste básicamente en la extensión de los servicios de la biblioteca hacia el hogar de personas, que por una u otra causa, se les hace imposible leer. Una especialista de la biblioteca lee a estas personas los libros que con anterioridad ellos seleccionaron en la biblioteca.

Por el otro, contribuyen de disímiles maneras al deterioro del espacio público. Trasladan los ambientes familiares y vecinales a la biblioteca, provocando la invasión de los espacios destinados a la lectura y al estudio. Animosamente los colectivos de trabajo llegan a estremecer las paredes con sus algarabías y voceríos. Peor es cuando llegan las riñas y los altercados o esas sesiones de “cuéntame tu vida.”

No existe estado mental que logre conservar la disposición al estudio en dichas condiciones. Y como en situaciones como estas todos llevamos alguna cuota de complicidad, existen momentos donde trabajadores y usuarios se sumergen en la tiranía del amiguismo y la socialización. De ese modo eclosiona una función social en detrimento de la otra.

Hoy muchas bibliotecas públicas en Cuba funcionan más como asilo de adultos-jóvenes que como biblioteca en sí. Más que una institución de integración barrial, se asemejan a esos estudios de Hollywood destinados a la ambientación de filmes de terror.

Sombras, aullidos y polvorientas moradas se nos arroja al paso. Sin embargo, existe lectores cazafantasmas, que a puro valor, logran rebasar los más disímiles obstáculos en busca del disfrute grandioso que para ellos representa la lectura y el estudio.

¿Será que un “ángel guardián” persiste en auxiliarnos en el intento de revivir ese disfrute intimista que produce la lectura y el estudio en bibliotecas públicas? Pudiera ser.

Yenisel Rodriguez

Yenisel Rodriguez Perez: He vivido siempre en Cuba, con la excepción de varios meses del 2013 cuando estuve con mi padre en Miami. A pesar de las noventa millas que separan a una ciudad de otra, en ambos sitios encuentro motivos profundos para asumir una militancia política y popular. Mi encuentro con la Antropología Sociocultural hace 8 años atrás, me ha alistado en el compromiso de amor a la diversidad cultural.


2 thoughts on “Las bibliotecas públicas en Cuba modifican su función social

  • el 1 noviembre, 2014 a las 2:30 pm
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    Sr. Yenisel
    Qué pena que usted hable así de Cuba y de las bibliotecas, al triunfo de la revolución en Cuba solo existían muy pocas, en fin 8 bibliotecas públicas, aquí en La Habana, ahora son 24 instituciones y una biblioteca provincial, la cual le doy la dirección del sitio Web para que nos visite” ( http://www.bpvillena.ohc.cu)”, si antes no llego a estar en nuestro centro. Contamos con salas especializadas para niños y jóvenes, sala general, de referencia, de arte, fondo raros y valiosos. Además de contar con una sala para préstamos circulantes.
    No somos un almacén de libros viejos y empolvados. Ni muchos menos un centro de estancia de niños y viejos. Todo lo contrario. Somos una institución cultural. Donde hacemos de la lectura el mayor disfrute de todos los que nos visitan. El libro es nuestra mayor fuerza para llegar a todos, porque tenemos espacios de promoción dentro y fuera de la biblioteca. Tenemos un aula que radica en el centro, con el objetivo fundamental de fomentar la lectura en edades temprana y para completar nuestro hacer cultural, tenemos una programación cultural. No para entorpecer la lectura, porque contamos con un teatro, para promover estas actividades, en la que el buen gusto y la cultura, nos dan una visión más completa de lo que es la biblioteca en el mundo actual.
    Que hay bibliotecas con problemas constructivos, las tenemos, pero en ellas hay bibliotecarios cultos y dignos para seguir haciendo de Cuba un país, donde se terminó con el analfabetismo. Eso es una verdad muy grande.
    Además para concluir debe dar gracias a todas las personas que lograron hacer de usted un profesional, porque a pesar de todas las limitaciones, todos los días siempre hay un grupo de profesionales listos para continuar educando a personas como usted, porque estos estudios no los curso en Miami, sino aquí en esta pequeña isla del caribe. Con estos maestros y bibliotecarios que usted nombra en su trabajo.

  • el 24 septiembre, 2011 a las 2:01 pm
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    Yenisel:
    ¿Realmente Ud. ha leído las politicas culturales de algunos estados (piense en otro que no sea EEUU) o visitado alguna biblioteca fuera de Cuba? Creo que la primera parte de su artículo está un poco mal encaminada. Yo trabajé durante 7 años en una biblioteca pública del interior de Cuba, y el desastre es mucho mayor del que usted piensa, y lo peor es que el “forro” en las estadísticas que se informan a todos los niveles es asqueroso.
    Saludos

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