La hegemonía del regionalismo en la cultura popular cubana

Yenisel Rodríguez Pérez

Plato de frijoles negros.

HAVANA TIMES — En la sociedad cubana el regionalismo ha sido un obstáculo en la búsqueda de todo tipo de consensos. Ha protagonizado el fracaso de todos los proyectos nacionales. Carcomiendo la integración social y las libertades comunitarias.

Cuba es un país de pequeñas dimensiones. No obstante, el peso que ha tenido el centralismo estatal desde la época colonial, ha favorecido la institucionalización de un fuerte regionalismo sociopolítico y económico.

En otras naciones el federalismo ha funcionado como muro de contención a la desmedida concentración de poder en las capitales estatales y comerciales. Paradójicamente ha sido el centralismo estatal, y no el federalismo, el que más fractura social ha generado en las naciones. Pero aun teniendo en cuenta dichos matices, no se puede afirmar que exista una sociedad libre de disputas localistas o provincianas.

Es un fenómeno que atraviesa toda la sociedad: de arriba a abajo y de derecha a izquierda. Pero el peor de los regionalismos es aquel que se practica cotidianamente en el mundo de vida popular.

En Cuba el regionalismo cotidiano cuenta con un conjunto de representaciones sociales y organizaciones culturales destinadas a legitimar la jerarquización del territorio nacional. En la práctica consiste en despreciar con mayor o menor sutileza a los “otros” cubanos. A los que no pertenecen al terruño propio o a la patria chica.

Lo vemos, por ejemplo, en la cultura culinaria. Los recetarios regionales también funcionan como un manual de pesquisaje de paladares forasteros. Es cosa de anfitriones sarcásticos y turistas fanfarrones. Cada uno en su momento se autoasignará el título de chef del sabor auténticamente cubano.

Sucede con el potaje de frijoles negros. En la mayoría de las provincias orientales se comen con su característico sabor amargo, sin que pueda faltar algún trocito de carne. Mientras que en las provincias occidentales como La Habana y Matanzas gusta comerlos con la mescla agridulce de azúcar y vinagre o vino seco, mucho comino y nada de carne.

Para los orientales los  frijoles “habaneros”  no pasan de ser un cocido afeminadamente endulzado y carente de nutrientes. Evidencia, sospechan los orientales, del desabastecimiento de cárnicos que padecen los habaneros y de su pereza cosmopolitamente disfrazada ante los sabores amargos de lo natural.

Los habaneros-occidentales quedan estupefactos ante la insensibilidad de los orientales frente a las delicadezas del comino y de esa obsesión bárbara con la carne y la grasa animal que no tolera los delicados sabores del frijol aromatizado.

Ambos aferrados a los extremos opuestos de una misma cuerda que hoy más que nunca amenaza con romperse en cada una de sus hebras: convivencia, dignidad y libertad.

Yenisel Rodriguez

Yenisel Rodriguez Perez: He vivido siempre en Cuba, con la excepción de varios meses del 2013 cuando estuve con mi padre en Miami. A pesar de las noventa millas que separan a una ciudad de otra, en ambos sitios encuentro motivos profundos para asumir una militancia política y popular. Mi encuentro con la Antropología Sociocultural hace 8 años atrás, me ha alistado en el compromiso de amor a la diversidad cultural.


2 thoughts on “La hegemonía del regionalismo en la cultura popular cubana

  • el 1 abril, 2013 a las 5:11 am
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    me gusta, jeje

  • el 10 octubre, 2012 a las 7:43 am
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    Bueno, pues cada cual se come los frijoles como le dé la gana, y punto! Ahora, creo que hay más tela por donde cortar en eso del centralismo. Ante el centralismo colonial, la República en Armas nació federal, sólo le faltó el nombre: Tanto en la constitución de Guáimaro como en Jimaguayú la República se dividió en Estados. En 1902, volvimos a tener Estados, aunque les llamaran provincias, con gobernadores provinciales electos (y no designados), y por eso había senado y cámara de representantes. No se trataba de una imitación ciega de EEUU, como se dice por ahí, sino de la esencia misma que había adoptado la República en Armas. Legalmente hablando, sólo desde 1975 el país comenzó a ser centralista. No hay ejecutivos provinciales ni municipales, las “asambleas” provinciales y municipales no tienen ningún poder, ni legislativo ni ejecutivo, y ahora se continúa desmontando con la separación en Artemisa y Mayabeque, con la separación del Consejo de Administración de la Asamblea.
    Por eso, en la próxima constituyente cubana, yo apoyaré el federalismo. Y así Santiago puede sacar una ley con sus frijoles como “plato provincial” y aquí paz y en el cielo gloria.

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