La Cuba ecológica de los europeos

Ecologismo europeo y precariedad tercermundista

Yenisel Rodriguez

Empacando en Cuba.

HAVANA TIMES — Muchos ecologistas europeos llegan a Cuba con la esperanza de encontrar un modo de vida alternativo al consumismo crónico que ha deteriorado el entorno natural en sus países.

Tan desesperada es su búsqueda, que comienzan por desconocer las características específicas del deterioro medioambiental que genera la población cubana. Confunden nuestras limitaciones en el consumo con la conciencia ambiental que ellos profesan.

La semejanza ilusoria que se produce entre este consumo limitado y las alternativas de regulación consumista que ellos promocionan, termina por jugarles una mala pasada.

Un ejemplo es la moda de empaquetarlo todo utilizando productos altamente contaminantes.

Recuerdo a una cientista social italiana que se maravillaba con la venta a granel en los mercados agropecuarios cubanos. Creyó descubrir en los comerciantes de la isla una conciencia ambiental naturalizada.

Siempre recibió la alerta de investigadores cubanos sobre la diferencia de contexto, así como de las particularidades del consumismo en nuestro país. Pero ella nunca se dio por convencida. Creía en una supuesta sensibilidad mística del tercer mundo para con la naturaleza.

Nunca supe sobre las conclusiones de su investigación. Es de esperar que reafirmara su tesis inicial a pesar de las alertas recibidas.

Hace algún tiempo que los mercados agropecuarios cubanos vienen generalizando la moda primermundista de empaquetarlo todo: granos, especies frescas, frutas, viandas y un largo etcétera.

Su generalización  responde a una mayor disponibilidad de empaques de nylon en el mercado interno, y no precisamente a consecuencia de un deterioro de nuestra conciencia ecológica tercermundista.

De esta forma se obvia la lucha feroz que lleva a cabo nuestro mercado doméstico para incorporar la lógica del mercado internacional, buscando captar la demanda del consumidor nacional con apetencias primermundistas.

Otra cuestión que ignoran los ecologistas europeos, es que en Cuba el consumo “sofisticado” adquiere el atractivo adicional de funcionar como un cable a tierra que destensiona el fuerte autoritarismo estatal imperante.

Mientras esto sucede, el humanismo primermundista continúa aferrado a la aspiración de construir sus utopías ecológicas y sociales en los exóticos paisajes del tercer mundo.

Vaya obstinación.

4 thoughts on “La Cuba ecológica de los europeos

  • el 29 septiembre, 2012 a las 4:41 pm
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    Caballero odio la contaminación, cuando venía en el avión, en mi viaje migratorio a mexico, pasó una hora entera de vuelo donde el mar se veía totalmente sucio y de puro plástico, es super triste; controversialmente, estoy trabajando en un negocio donde para darle una buena atención al cliente debo ofrecerle una bolsita a cada cliente antes de irse, con un producto embasado en plástico; como en el que estoy, todo el centro de este pueblito pequeño del estado de morelos,está lleno de negocios, en algunos lugares hay latones puestos para arrojar basura inorgánica y otra para los alimetos, quiero decirles que nadie las respeta, que puedo hacer yo? es un ritmo inparable, solo reciclo mis propios artículos plázticos. Apesto… según G
    abriel no todo está perdido, tenemos a los maravillosos países del primer mundo para guiarnos.

  • el 24 septiembre, 2012 a las 12:56 am
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    Normalmente se asocia el daño ecológico con la alta industrialización. Las cosas no son exactamente así porque la alta industrialización produce un aumento de riqueza que permite disponer de recursos para cuidar el medio ambiente.

    Recuerdo una visita que hice a Panamá. El agua del mar estaba completamente gris por los vertidos de aguas residuales sin depurar. Eso en Europa no es posible. El Mediterráneo sufre una altísima polución por los vertidos de aguas residuales del norte de África, unos vertidos que no se producen en la orilla europea.

    Algo parecido sucede con la contaminación de los alimentos. En los países desarrollados existe un control muy estricto sobre los compuestos tóxicos en los alimentos. Las intoxicaciones alimentarias son raras, y las pocas que hay se detectan y se publicitan al máximo para evitar que se repitan.

    Donde vivo en España una empresa de vestidos acaba de mandar 80.000 piezas de ropa a la incineradora por detectar un nivel de formaldehído por encima de lo legal, una contaminación que como mucho produciría algo de picor en algunos clientes.

  • el 23 septiembre, 2012 a las 7:51 am
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    Cosas parecidas he escuchado yo con respecto al “reciclaje” desorganizado del pais, donde envases de productos toxicos se vuelven a utilizar por la poblacion para conservar alimentos y/o almacenar agua sin saber el peligro que esto trae para la salud. Otros admiran lo bien que la revolucion ha
    “conservado” la habana, no solo la llamada vieja, sino el resto, sin darse cuenta de que muchos barrios sin valor arquitectonico alguno, como Luyano, existen no gracias al interes de mantenerlos, sino a la falta de viviendas para reemplazarlas. O los famosos huertos urbanos, donde crecen las verduras en una atmosfera llena de petroleo y otros contaminantes que sin remedio iran a parar a los estomagos de la poblacion.

  • el 22 septiembre, 2012 a las 1:42 pm
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    Buen texto…recuerdo también a una amiga troskista francesa que se maravillaba de que los cubanos “hubiéramos renunciado al auto como solución individualista de transportarse” y a una laureada escritora mexicana que casi me infarta cuando la escuché en TV señalar su admiración de haber conocido, tras una estancia en Cuba invitada a la Feria del Libro, como “los cubanos le daban una lección de vida, al aprender a vivir con lo mínimo…”…sin comentarios….esa gente, bienintencionada o no, no aprende que la mezcla del subconsumo acumulado (por varias generaciones) en la isla y las promesas de consumismo obscenamente insostenible e irreplicable (tipo Miami) y las restricciones a legalizar asociaciones de consumidores y ciudadanos ambientalistas generan el peor tipo de resultados posibles….

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