Imaginario Dependiente de U.S.A.

Yenisel Rodriguez

Vendedor por cuenta propia. foto: Caridad

“Sí, la libertad es otra cosa. Algo muy delicado, con lo que uno puede complicarse, y estos son momentos de sobrevivencia. Mi proyecto de vida es subsistir.”

Así opina Martín un conocido que muestra con orgullo su prospero negocio particular. Es de esos que tienen un espíritu crítico, que han logrado construirse cierta cultura política. Siempre en la entrada del negocio debatiendo los temas oficiales y los temas de la calle.

“Te enteraste de lo que sucedió con Pedro Pablo Oliva; sí el pintor pinareño. Dicen que hizo una declaración sobre la cuestión de la disidencia política o no sé qué. Parece que lo jodieron…

Sin embargo, mi conocido padece de IDUSA, que significa poseer un Imaginario Dependiente de U.S.A. Es de esas personas que se pueden ir de Cuba porque no se siente libre y luego aceptar pasivamente cualquier tipo de dominación en el extranjero, sobre todo si se trata de Estados Unidos.

Lo más curioso del caso es que este hombre logra percibir su incoherencia cuando se le exigen determinadas respuestas, es como si se supiera autocolonizado.

Su estrategia consiste en negar la posibilidad de cambiar las cosas por acá. Esto le permite plantearse una solución individual sin que otros puedan cuestionar su autoproclamo pensamiento rebelde. La solución individual consiste en refugiarse en el universo del consumismo.

El refugio comienza alimentando nuevas expectativas y deseos hacia esa realidad del bienestar material con una orientación eurocéntrica y norteamericana. Luego cuando ya se ha asumido esa ideología del nirvana consumista y se tiene rebosada las ansias clasemedieras, comienza la lucha por la realización del bienestar material individual.

“Ya me cansé de buscarle el por qué a todo lo que sucede a mi alrededor. Tengo que centrarme en la vida, en hacer felices a mis hijas.”

Hasta este punto me parece que su opinión es legítima. Las cosas son difíciles de cambiar y la vida dura un suspiro, sí eso es una realidad ineludible.

Pero luego mi conocido comparte un criterio inesperado para mí: “Lo que necesito es viajar para conocer, para poder ampliar mis experiencias, enriquecer mi vida y sentirme libre.”

¡¿Libre, se puede alcanzar la libertad con solo salir de Cuba?! Le pregunto:

“Pero no te entiendo, primero dices que quieres refúgiate de todo, y que para esos haces esto y aquello, y de repente me hablas de libertades automáticas gracias a un viaje de noventa millas. ¿Cómo es la cosa?”

En sus labios carnosos se dibujó una imperceptible sonrisa. Su mirada irradiaba algo de picardía. Me puso su mano sobre mi hombro y me dio un consejo:

“La libertad, yo no te hable de libertad. Eso es otra cosa mi socio. Y si no quieres llegar a viejo sin nada y nadie con que vivir, no te llenes de ilusiones.”

Una respuesta lo suficientemente ambigua y contradictoria como para ser debatida por mí ese día de hambres y de cansancios, y bajo un ardiente sol. Me sentí imposibilitado para demostrarle que había pronunciado la palabra libertad minutos antes.

Asumía esa actitud de mala fe porque sólo de esa forma podía seguir asumiéndose como crítico y apologista del consumismo a una misma vez.

Fue precisamente su actitud la que me motivo a validar algunas de sus opiniones pesimistas. Sin embargo me resisto a darme por vencido.

Hoy decido luchar. Una lucha precaria, pero legítima; con el temor de gastar la vida en un suspiro y de no poder en un futuro agarrarme de la embriaguez consumista sí sobreviene la desoladora derrota.

Aún así defino nuevamente mi gran principio político: “No vivo para ser feliz. ¡Vivo para ser libre, aunque me cueste la felicidad!”

Yenisel Rodriguez

Yenisel Rodriguez Perez: He vivido siempre en Cuba, con la excepción de varios meses del 2013 cuando estuve con mi padre en Miami. A pesar de las noventa millas que separan a una ciudad de otra, en ambos sitios encuentro motivos profundos para asumir una militancia política y popular. Mi encuentro con la Antropología Sociocultural hace 8 años atrás, me ha alistado en el compromiso de amor a la diversidad cultural.


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