El síndrome de la sospecha total

Yenisel Rodriguez

En los primeros días de Marzo se incendio el polvorín de la unidad militar de Santiago de la Vegas en el municipio Boyeros. Por más de 5 horas explosiones de proyectiles de diferentes calibres estremecieron las localidades aledañas.

Los hospitales cercanos se abarrotaron de personas afectadas por el terror que produjo el incidente. Infartados, personas estresadas, con elevados índices de presión arterial o en shock nervioso, llenaban los salones de urgencia. Las autoridades tuvieron que evacuar a cientos de personas, dejando deshabitado barrios completos por más de 24 horas. Las casas de los evacuados fueron vigiladas por un reducido personal voluntario.

A pesar de la magnitud del desastre, los medios de información realizaron una cobertura mínima del terrible accidente. Los noticieros televisivos se limitaron a aseverar la ausencia de muertos y la naturaleza accidental del acontecimiento. En los periódicos fue un tanto parecido.

Cómo consecuencia la población no le ofreció gran atención al acontecimiento. Fue como espantar una mosca que se te cruza al caminar. Nadie puede esperarse que lo que se anuncia sosegadamente como “incendio accidental” fuese en realidad una catastrófica explosión que bombardeo de proyectiles a toda una localidad habanera en tiempos de paz. Pasados unos minutos ya nadie se acordaba de lo sucedido en Santiago de las Vegas.

Sin embargo la situación era preocupante. Se evidenciaba una vez más que los almacenes de armamento ubicado en zonas urbanas o semiurbanas representan un gran peligro para la vida de la población residente.

Mas la política desinformativa de los medios cubanos impidieron que la opinión pública pudiera formarse una idea real sobre lo ocurrido. De suceder de esta manera, pudiera haberse generado algún tipo de presión social sobre las autoridades militares, instigándolas a rediseñar sus estrategias de almacenamiento de municiones.

Y es que cualquier acontecimiento que ocurra en Cuba más allá de lo predecido y controlado por el Estado y el Gobierno, es considerado por ellos mismos como un peligro para la supervivencia del régimen.

Lo considerado peligroso para la salud del régimen va ampliándose cada vez más, y en proporción directa con la decadencia que va sufriendo el totalitarismo. Eventos naturales y accidentes de todo tipo se incluyen dentro del repertorio de demonios nocturnos que trastornan los sueños que poseen nuestros gobernantes de eternizar un totalitarismo armónico.

La explosión del polvorín de Santiago de las Vegas es uno de los últimos secuestros informativos a mano de ese totalitarismo trasnochado.

Mientras tanto esos mismos medios informativos dedican decenas de horas al día a los desastres políticos, económicos, religiosos, culturales y hasta astrológicos del mundo. Un doblerrasero que todos los cubanos conocemos de sobra.

Pero aún así, venga a modo de reivindicación solidaria este reclamo de visibilización que exigen los habitantes de Santiago de las Vegas frente a los últimos acontecimientos.

Yenisel Rodriguez

Yenisel Rodriguez Perez: He vivido siempre en Cuba, con la excepción de varios meses del 2013 cuando estuve con mi padre en Miami. A pesar de las noventa millas que separan a una ciudad de otra, en ambos sitios encuentro motivos profundos para asumir una militancia política y popular. Mi encuentro con la Antropología Sociocultural hace 8 años atrás, me ha alistado en el compromiso de amor a la diversidad cultural.

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2 thoughts on “El síndrome de la sospecha total

  • El problema de fondo es que Cuba necesita desesperadamente disfrutar de PRENSA LIBRE. Me refiero a periodistas que no trabajen para el gobierno, sino para el pueblo cubano. Hacen falta periódicos cuyo éxito dependa exclusivamente de los contentos que se queden los lectores. Periódicos que se financien exclusivamente con el dinero de las ventas, sin que venga ni un solo peso del gobierno ni de ninguna otra institución.

    Mientras no exista Prensa Libre en Cuba, el pueblo cubano estará mal informado de los acontecimientos.

  • Y tienen que dar gracias que no hubieron muertos

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