El bulevar en Cuba

Yenisel Rodríguez Pérez

El bulevar San Rafael.

Todas las capitales provinciales en Cuba poseen su bulevar (Paul: pedestrian zone). Es algo que se ha puesto de moda últimamente. Hasta municipios muy pobres hacen milagros para invertir parte de su escaso presupuesto en la construcción de estos paseos urbanos.

La popularidad de los bulevares cubanos responde a diversas razones. Es uno de los pocos espacios públicos a los que puede acceder gran parte de la población más allá de las capacidades económicas y políticas que se posean.

Son espacios de encuentro y reunión cívica que el gobierno no considera peligroso para el orden ciudadano. Por tanto se puede ver como personas de todas las edades e intereses se socializan de las más diversas formas.

Básicamente el bulevar es un espacio de consumo. Esta es la función social que el Estado cubano les ha destinado. A la población el reduccionismo consumista no les molesta, más bien le complace.

Claro que existen excepciones. De vez en cuando se presentan obras de teatro callejero u otros tipos de espectáculos públicos, pero son experiencias culturales de baja intensidad vivencial para la gente.

Los visitantes reconocen estereotipadamente que están participando en algo importante, de algo que viene a justificar su paseo familiar, pero en el fondo se reduce a un disfrute performático.

La verdadera vivencia se asienta en los espacios de consumo y en la socialización que la gente genera por sí misma.

Por otra parte, es “curioso” que aún existiendo una postura condescendiente del gobierno cubano ante estos espacios de reunión ciudadana, exista una pobre presencia de bares y cantinas al aire libre y accesible para el ciudadano medio. Esta situación nos advierte de la existencia de una perseverante actitud de vigilia gubernamental para con el gregarismo etílico popular.

A pesar de todo la gente se divierte, la gente siente que vive en sociedad y que logra salir del ámbito familiar o de la institucionalidad estatal a la que se ve recluida de Lunes a Viernes.

Cada ciudad provincial con su bulevar, unos más tecnologizados, otros más artísticos, algunos muy precarios, todos imbuidos de pueblo y de vida.

La Calle Obispo.

Pero los bulevares también son otra cosa. Son además la expresión de la estructura centralista que caracteriza a la sociedad cubana. En las provincias no habaneras la capital provincial ejerce un gran influjo político-administrativo sobre el resto de los municipios de la provincia.

Esto se hace explicito en los bulevares. En ellos se concentran muchos de los servicios que el Estado ofrece como política social al pueblo, servicios que se destinan al ciudadano medio.

Pensemos entonces en aquella población que vive a decenas de kilómetros de su capital provincial y los esfuerzos que deben realizar para acceder a esos servicios y bienes de consumo que allí se ofrecen.

Por eso la asistencia masiva a los bulevares no habaneros puede interpretarse también como la Meca de la peregrinación mensual de las familias cubanas para lograr regocijar su apetito espiritual con las golosinas subvencionadas por las deidades estatales.

El bulevar provincial de La Habana se diferencia bastante del resto de los bulevares del país. Acá vivimos otros consumismos y otras centralizaciones. Este bulevar “El bulevar de San Rafael” no pasa de ser una calle comercial como cualquier otra de la ciudad, sólo la distingue el hecho, por demás obvio, de no ser transitada por vehículos.

Es otro bulevar, uno que no forma parte de la política estatal sobre estos espacios, el que funciona como bulevar provincial en La Habana. Hablamos del bulevar de la calle Obispo sita en el municipio Habana vieja, Consejo Plaza Vieja.

Este bulevar, a diferencia del de San Rafael, es una apropiación popular de un espacio diseñado inicialmente para el turismo internacional. Una apropiación tan exitosa que la Oficina del Historiador, institución que administra más del 50 percent del bulevar, decidió reorientar la mayoría de sus comercios hacia el mercado nacional, lo que no significa que su estética haya dejado de gravitar alrededor de una imagen primer mundista y globalizada.

Será que en La Habana la vida de bulevar sólo tiene sentido si se proyecta hacia fuera del país, si se enfila hacia Europa o Norteamérica, con sus matices de despersonalización e individualismo. Será por eso que al visitar los mercados de Obispo me siento como si estuviera escoltado por sensuales modelos norafricanas mientras descubro románticas avenidas europeas.

Yenisel Rodriguez

Yenisel Rodriguez Perez: He vivido siempre en Cuba, con la excepción de varios meses del 2013 cuando estuve con mi padre en Miami. A pesar de las noventa millas que separan a una ciudad de otra, en ambos sitios encuentro motivos profundos para asumir una militancia política y popular. Mi encuentro con la Antropología Sociocultural hace 8 años atrás, me ha alistado en el compromiso de amor a la diversidad cultural.

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