Discurso popular vs. discurso oficial

Yenisel Rodríguez Pérez

foto: HT

Hace demasiado tiempo que la rutina política cubana no consigue utilizar para sus fines el ímpetu popular que caracteriza al pueblo cubano.

Por muchos años los políticos usaron la cultura popular y sobre todo la música del pueblo para realizar propaganda ideológica.

Labor nada difícil en tiempos en que la gente creía que la Revolución generaría los cambios sociales que habían prometido desde el inicio: el poder para el pueblo.

Esto no ha sucedido, menos en los tiempos que corren. Es de esperar entonces que la estrategia de enmascarar el autoritarismo con “sabrosura viva” sea cosa del pasado.

La relación de la cultura popular con el discurso político oficial es una historia cargada de traiciones y fracasos; como esa que representa la trayectoria musical de los Van Van, una de las agrupaciones de música popular más exitosa en Cuba.

Las canciones de los Van Van  se han inspirado a un mismo tiempo, aunque no de igual forma, en el patrimonio cultural del mundo popular cubano y en el rol de promotor del discurso político oficial.

Los Van Van desde su fundación en la década de los años 70 ha funcionado como espacio de mediación donde se resuelven los encuentros y  desencuentros entre el sujeto popular y el funcionario.

Temas clásicos como aquellos que hablan de “La Habana no aguanta más,” “La titi manía” y “Los pájaros tirándole a la escopeta” expresaban el estado de opinión de la población, que ponía en tela de juicio un funcionamiento social incapaz de superar un clima intenso de conflictividad: ¿Cuando la labor de dirigencia de los funcionarios iba a dar los frutos esperados?

Los Van Van. photo: granma.cu

Otros temas eran hechos por encargos de los políticos que buscaban desesperadamente un apoyo popular mayoritario, apoyo que realmente tuvieron por mucho tiempo. Por ende canciones interpretadas por la afamada orquesta como aquellas de “Súmate a mi actividad,” ejercía un poder de convocatoria muy elevado.

Acudir al llamado del Estado al trabajo voluntario, buscando aportar a una riqueza colectiva de la que nunca se tenía noticias, nos hacía sentirnos solidarios, y se disfrutaba también como una experiencia erótica y de trascendencia de las normas del hogar: era escapar de la tutela de los padres y poder, con algo de suerte, disfrutar de sexo ocasional.

Había que “sumarse” pero con movimiento de cintura: “súmate…, pero muévete, mueveteeé….,” lo cual cautivaba a todos: sacrificio y disfrute.

En estos tiempos

En nuestros días se ha producido una profunda y definitiva fractura entre los intereses de los políticos y los del sujeto popular. La propaganda política es desenmascarada y desarticulada desde el rechazo que la gente hace a canciones que ocultan lo que son.

Chico en el malecón habanero. Foto: HT

Aunque sigan tocando los Van Van, la gente hace un aparte cuando después de reconocerse en metáforas tales como: “Chapeando con iré,” “Se me pone la cabeza mala,” “Porque en La Habana hay que especular,”  la orquesta entona inesperadamente las metáforas-consignas de “Súmate a mi actividad,” seguidas de otras de más reciente creación como “Ahora le toca a la juventud.”

El sujeto popular sospecha que los músicos están cediendo ante las presiones, saben por experiencia propia que hacer otra cosa conlleva muchos riesgos, y por esa razón los músicos son perdonados.

La gente no deja de bailar, quién pudiera frente a los Van Van; sin embargo el bailador, con un gesto burlón, expresa la complicidad defensiva de los que se saben acechados. Una mirada que se escabulle entre las grietas del poder. Un movimiento de cadera (muévete) es también un ritual de resistencia y enfrentamiento.

Y aislado, como náufrago del imaginario popular, queda el funcionario estatal. Se descubre, frente a su buró, rodeado de la podredumbre que ocasiona el poder absoluto, pero ya no hegemónico.

Pocos se “suman” hoy al llamado de los políticos a la actividad simuladora, por lo menos no con movimientos de cadera, no es posible tanta prostitución.

Yenisel Rodriguez

Yenisel Rodriguez Perez: He vivido siempre en Cuba, con la excepción de varios meses del 2013 cuando estuve con mi padre en Miami. A pesar de las noventa millas que separan a una ciudad de otra, en ambos sitios encuentro motivos profundos para asumir una militancia política y popular. Mi encuentro con la Antropología Sociocultural hace 8 años atrás, me ha alistado en el compromiso de amor a la diversidad cultural.

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One thought on “Discurso popular vs. discurso oficial

  • Sin palabras…excelente…de lo más agudo que he visto en havanatimes

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