¿Volverá el carretillero y sus pregones?

Yenisel Rodriguez

Vendedor de platanos. Foto: Caridad

Nunca pensé ver en las calles de la Habana una carretilla tradicional para la venta de viandas y frutas tropicales. Sólo las conocía a través de fotos de revistas de época. Habían desaparecido poco después de la llegada de la Revolución, algo que los norteamericanos llaman “daños colaterales.”

Descubrir aquel transporte de madera fue una experiencia indescriptible. Me sentía como viajando al pasado. A las pocas horas, mi experiencia a lo ciencia ficción se transformó en reflexión socioeconómica. Me pregunté: ¿Es posible que pueda renacer la cultura del trabajo en Cuba; qué volvamos a trabajar sin correr el peligro de sentirnos o de convertirnos en delincuentes?

Una carretilla tradicional para la venta de productos del agro, es algo tecnológicamente insuperable. Posee una superficie suficientemente amplia para montar en ella una gran variedad de mercancía; permite una fácil accesibilidad al producto por parte del comprador; la mercancía  se mantiene fresca. En fin, se enaltece el acto de comprar y de vender.

Hasta la fecha sólo había visto realizar esta actividad comercial con vagones de albañilería. Una especie de palangana móvil, donde las viandas, los vegetales y las frutas resuelven por jugar a la promiscuidad de las texturas y los sabores, algo que nunca complace al consumidor. Recordar los vagones de los vendedores ambulantes aumentó mi satisfacción de ver aquella carretilla.

Sus grandes ruedas de acero estremecían las calles de Santos Suárez; ojala que lo visto no haya sido un performance de un pasado que ya no nos puede salvar; sino la avanzada del artefacto cósmico que nos conducirá hacía la utopía de los estómagos llenos y las almas libres.

Yenisel Rodriguez

Yenisel Rodriguez Perez: He vivido siempre en Cuba, con la excepción de varios meses del 2013 cuando estuve con mi padre en Miami. A pesar de las noventa millas que separan a una ciudad de otra, en ambos sitios encuentro motivos profundos para asumir una militancia política y popular. Mi encuentro con la Antropología Sociocultural hace 8 años atrás, me ha alistado en el compromiso de amor a la diversidad cultural.


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