La calle G y su hierbita mágica

Yanelys Nuñez Leyva

Jovenes en la Calle G.  Foto: Caridad
Jovenes en la Calle G. Foto: Caridad

HAVANA TIMES — Un grupo de buenos amigos llama hierbita mágica al espacio que asiduamente ocupan dentro del céntrico paseo de G, ubicado en el Vedado capitalino.

Aunque no se a ciencia cierta cómo surge este nombre, – que hasta poco fidedigno es, pues nunca invaden ninguna de las zonas pobladas de césped – lo que si me pareció interesante cuando lo escuché por primera vez, fue ese sentido de apropiación que se desprende del mismo hecho de designar, nombrar, de apoderarse física y afectivamente.

Pero en los pasados días de agosto, – momento en que con más frecuencia he visitado esta avenida, conocida oficialmente como la de Los Presidentes – mis amigos no han podido disfrutar de la parte de suelo pavimentado que se habían procurado.

Oficiales de la policía hacen continuas rondas levantando a la gente del SUELO.

Uno se diría que lo hacen para evitar molestias a los que transitan por el paseo, pero no creo que sea el caso, pues, (ya esta probado por la historia y el tiempo) él es lo suficiente grande y amable como para acoger a las diferentes tribus urbanas de la capital.

Indagando con otras personas del patio me entero que estas prácticas de prohibiciones no son para nada nuevas, sino que pasan por periodos, donde se hacen más efectivas, más radicales, hasta el punto de llevarse presos a los que incumplan.

Las personas que regularmente visitan G encuentran en ella, por su ubicación geográfica, según el arquitecto Pedro Vázquez un “protagonismo urbano que les otorga visibilidad”[1], también les favorece en el traslado a sus viviendas por ser”importante nudo de interconexión con el transporte público”.[2]

Pero además, “la escasez de setos altos o vegetación excesivamente encubridora a lo largo de todo el paseo, la ausencia de glorietas, casetas o elementos constructivos utilizables como escondrijos, la excelente iluminación pública y la abierta exposición visual del peatón ante el vehículo que le pasa por ambos lados, les ayuda a crear una zona protegida”.[3]

¿Es entonces necesario qué nuevamente el miedo a una rebelión, o a una conspiración les quite a esos jóvenes y a los no tan jóvenes su pedazo de terreno?

Ese único espacio económicamente asequible, donde con una botella de vino y/o una guitarra se pasa toda una noche.

Por lo pronto, ya que desconozco cómo funcionan los ciclos de estas medidas disciplinarias, les aconsejaré a mis amigos que madruguen si quieren compartir en G, pues lo estipulado es: nada de pavimento y menos, de hierbita mágica.
—–
[1] Vázquez, Pedro. Calle G: De cuando los ciudadanos hallaron su ciudad. En Revolución y Cultura, No 2, 2011, p.p 4- 10.

[2] Ídem

[3] Ídem

Yanelys Nuñez

Yanelys Nuñez Leyva: Escribir es exponerse, desnudarse ante la mirada inquisitiva de todos. A mí me gusta escribir, no porque haya desarrollado una verdadera afición por el nudismo, sino porque me fascina componer palabras, pensarme historias, frases que conmuevan, imágenes que provoquen disímiles sensaciones. Aquí tengo un espacio donde hablar de arte, de la vida, de mí. Al final, sentirse bien con lo que uno hace es lo que importa; ya sea con ropa o sin ella.


2 thoughts on “La calle G y su hierbita mágica

  • el 22 septiembre, 2014 a las 2:39 pm
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    Yo también, pensé que se habían inventado algo para echarle a la yerbita y que la hiciera mágica. Pero no, lo que veo es el panorama que siempre se ve. Que es el del grupo de personas hablando catibia para pasar el tiempo. Eso es lo que extrañan los y las amigas de mister Warhol. Así No se vive en el resto del planeta, “ellos” son únicos y envidiables. Los hombres que creo el Che.

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