Secuelas de un acto de magia

Verónica Vega

La conciliación.
La conciliación.

HAVANA TIMES — Cuba va regresando a la normalidad. Y normalidad significa la cruda lucha por la supervivencia, mientras Obama y el sueño americano se repliegan otra vez unas 90 millas.

Los más escépticos evaden el tema o lo mencionan convencidos de que ninguna visita o discurso producirán un cambio permanente. Los más leales (no a un sistema que ya no se sabe cuál es, no a una ideología cada vez más confusa) dudan en mostrar admiración por la impecable actitud de un presidente extranjero que tiene todo lo que no tiene el nuestro: carisma, sentido de la diplomacia, conocimiento político.

Otros todavía están procesando el efecto de los sucesos: “Obama dijo lo que nunca se había dicho aquí, y ¡delante de Raúl! ¿Y qué iba a hacer Raúl, meterlo preso?, escuché decir a un adolescente.

 “Sí, sentí vergüenza ajena, pero no vergüenza nacional”, me dijo un estudiante universitario, refiriéndose a la conferencia de prensa, “supe por amigos del Minrex que después de la metedura de pata de Raúl sobre los 47 derechos humanos que se cumplen en Cuba, hubo que incluir tres más que no aplican en nuestro país, como derechos relativos a las comunidades aborígenes”.

“Qué vergüenza”, me comentó una vecina, “que un extranjero nos recuerde que somos nosotros quienes podemos resolver los problemas de Cuba…”

La eterna paranoia.
La eterna paranoia.

Los más optimistas están convencidos de que vivimos los inicios de una transición. Mi sobrino expresó sobre el legendario concierto de los Rolling Stones en la Ciudad Deportiva: “sentía que estaba en otro país, o en otro tiempo, como si hubiera dado un salto al futuro”.

“¡Fue increíble, inolvidable, onírico…!” confiesan amantes del género para quienes este concierto es más que la oficial despenalización del rock o el desagravio inconfeso por las cacerías de brujas del pasado: el primero de muchos eventos por venir de agrupaciones de fama mundial que por años se escucharon clandestinamente.

La presencia de enormes cruceros en la bahía de La Habana, la oleada de turistas en las calles de la ciudad, el establecimiento de la primera sucursal de Google en la Isla, se parece a la materialización de la exhortación del papa Juan Pablo II: “Que Cuba se abra al mundo para que el mundo se abra a Cuba”.

Otros observan el panorama con el ceño fruncido y se resisten a dejarse arrastrar por la marea de esperanza: “Yo ya no sé ni qué pensar”, me dijo un amigo. “Primero habla Obama sobre acuerdos y conciliación, y luego Fidel sale con su diatriba sobre el pasado y el eterno enemigo…”

“Creo que Obama fue muy prepotente”, afirmó un profesor de inglés, al hablar de elecciones en un país ajeno.”

“Yo sabía que ese discurso tenía doble filo”, comentó un oficial de las FAR, recalcando: “No podemos dejarnos envolver, hay que seguirse rigiendo por los reglamentos del Partido, esa es nuestra Biblia”.

Sobrevivimos a golpe de esperanza. Ilustración: Yasser Castellanos
Sobrevivimos a golpe de esperanza. Ilustración: Yasser Castellanos

Exactamente como tras un acto de magia, los más comprometidos se apresuraron a desmentirlo y acotar su posición, a restablecer el orden mental, a conspirar con la verdadera sugestión, convencidos de que finalizado el show la cruda realidad se restablece y otra vez el mar que nos rodea, (con sus marejadas y tiburones), es más seguro que la libertad de las palabras.

Para sellar la cortina y marcar los límites en rojo, los medios se encargaron de reactivar la confusión, la paranoia y el letargo. Y la voz en off de Fidel a través del periódico Granma, en una larguísima página de “reflexiones”, sin la legitimación y riesgos de una presentación en vivo y mucho menos de una alocución improvisada, arrojó una sentencia antipopular: “No necesitamos que el imperio nos regale nada”.

Una vez más erigiéndose como el portavoz de los cubanos sin consultarlos. Una vez más invocando un precio que no pagará en carne propia.

Pero justo contra esa política inflexiva y lapidaria, el discurso y accionar de Barack Obama representan una comparación demoledora.

Un político que menciona en voz alta las aspiraciones del pueblo que por décadas solo se podían susurrar: acceso a Internet, libertad para crear empresas, para expresarnos, el absurdo de la doble moneda, el dolor del exilio… Nada de epopeyas grandiosas que ignoran nuestras aspiraciones y hasta nos exigen perpetuo entusiasmo mientras nos aplastan con el peso impersonal de la historia. Un político que no invoca peligros ideológicos, rencores asfixiantes, sacrificios interminables.

Un presidente que acota frente a nuestro presidente que los derechos humanos, son universales. Que no es servil ni teme reunirse con la disidencia. Que no habla exaltado y apuntando con su índice, sino suave y serenamente. Y no de enemistad, sino de entendimiento. Un gobierno que no inspira miedo.

Son acontecimientos sin precedentes que en pocos días sacudieron a una Isla cuyos únicos movimientos visibles (por más de medio siglo) semejaban los de un naufragio: hacia adentro, hacia abajo. Son experiencias que no pueden ignorarse, y menos desplazarse con el largo y agónico show de nigromancia ultraconocido.

Compartir la alegría y no el rencor.
Compartir la alegría y no el rencor.

Nadie que la esté padeciendo quiere ser rehén de la historia. Como dijo Obama, “con todas nuestras diferencias, el pueblo estadounidense y el pueblo cubano comparten los mismos valores en sus propias vidas. Un sentido de patriotismo y de orgullo… mucho orgullo. Un amor profundo por la familia. Una pasión por nuestros hijos y un compromiso con su educación. Ese es el motivo por el que creo que nuestros nietos mirarán atrás a este periodo de aislamiento como una aberración”.

La diferencia con las “reflexiones” de Fidel es abismal. Palabras que sanan contra palabras que solo buscan abrir más heridas. Se ha demostrado que los pensamientos se somatizan: tienen el poder de destruir o de regenerar un organismo. Cuba misma ya muestra los indicios de una metástasis.

Estoy convencida de que la inmensa mayoría de los cubanos queremos la cura, no el cáncer.

Veronica Vega

Verónica Vega: Creo que la verdad tiene poder y la palabra puede y debe ser extensión de la verdad. Creo que ese es también el papel del Arte, y de los medios de comunicación. Me considero una artista, pero ante nada, una buscadora y defensora de la Verdad como esencia, como lo que sustenta la existencia y la conciencia humana. Creo que Cuba puede y debe cambiar y que sitios como Havana Times contribuyen a ese necesario cambio.

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2 thoughts on “Secuelas de un acto de magia

  • No se puede ser ingenuo. Todo el sistema “socialista” fue el acomodo personal de Fidel Castro que se aseguró un poder absoluto en Cuba y ahí comenzó a desarrollar el objetivo de su vida que fue desestabilizar, desmoralizar y destruir a los Estados Unidos lo expresó en la famosa carta que le hizo a Celia Sánchez que ese era el objetivo de “su lucha” un odio enfermizo que enfermo y destruyó a nuestro pais. Las relaciones con EU no son consecuencia del fracaso del bloqueo, son una necesidad de la dictadura que sabía que se quedaba sin financiamiento y como cascarón vacío de ideologia acepta el salve solo y con el único objetivo de buscar liquidez pata continuar en el poder. Es ahí donde vemos la retranca del gobierno a todo lo que ponga en peligro su poder hegemonico y la perreta del Comandante, lo que le interesa al gobierno es su “cartera de negocios” por eso desmerecen y despotrican con el pensamiento democrático humanista de Obama y como la casta gobernante no tiene el mínimo respeto al pueblo acepta la visita por oportunismo y después manda las hordas a cumplir el trabajo sucio, como es costumbre es como los actos de repudio a la Damas de Blanco una versión igual pero en vez de pescozones y jalones de pelo escriben panfletos estúpidos e irrespetuosos para un pueblo que no respetan

  • Obama los desnudo y les quito el abusado pretexto de la “amenaza de invasion imperialista”, que siempre ha sido el leitmotiv del sistema cuando habia un acuerdo de no invasion desde la crisis de los misiles.

    Sabremos a largo plazo el verdadero significado de la visita de Obama pero de que les movió el piso y les estremeció los cimientos al sistema no hay duda.

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