Las secuelas del fidelismo

Verónica Vega

Fidel Castro. Foto/archivo: cubadebate.cu

HAVANA TIMES — Viendo una película cuya trama se desarrolla en la Alemania nazi, observaba cuánto se parecen las autocracias: parten de un supuesto sentido del bien, distorsionado, y para establecerse manipulan esa sustancia común que tienen los sueños humanos (justicia, igualdad), activando a la vez los egoísmos más básicos (instinto de conservación, necesidades físicas, ansias de confort, vanidad… etc.)

Y como todos queremos ser correctores de otros y no corregidos, siempre que nos vaya bien, es muy fácil asumir que los desfavorecidos en tal orden de cosas, tienen la culpa de su propia desgracia.

Confieso que todavía me sorprende encontrar que algunos cubanos vean la inhumanidad inherente al fascismo con lucidez absoluta, y al mismo tiempo defiendan con devoción sincera el fidelismo, que es realmente lo que se desarrolló en Cuba bajo el falso nombre de “socialismo”.

Rehúsan aceptar el hecho de que defienden un sistema cuyo propósito no fue jamás la libertad de los cubanos sino el control de su voluntad, la anulación del individuo y no su empoderamiento. Sé que muchos no estarán de acuerdo pero hasta las acciones altruistas iniciales, desplegadas con gran bombo, contenían una gran dosis de histeria, de manipulación y extorsión. Eran performances de bondad de esa revolución que reclamaría a cambio incondicional servidumbre.

La ignorancia, la falta de objetividad y de discernimiento, la estrechez mental, el escepticismo o hasta el miedo a la diferencia, todos productos de un discurso único, del aislamiento y la falta de referencias, la estigmatización política y sus consecuencias tangibles, son remanentes de ese fenómeno del que fuimos por medio siglo testigos y cómplices. Como actores de una sugestión masiva hemos venido despertando, cada uno a su ritmo particular.

Entonces, por más que la decadencia circundante, las angustias de la supervivencia y la incongruencia de salarios y precios, programas de TV donde jamás aparece la dura realidad de los cubanos, nos griten el fracaso del largo experimento (en el que a muchos ya se les fue la vida), entiendo que todavía, por vergüenza u obcecación, haya quienes se adhieran a lo que defendieron durante años.

Lo que me resulta incoherente, y sobre todo, me asusta, es que personas que disienten desde una izquierda que se autoproclama verdaderamente comprometida con el bien común y la democracia, que han convertido en causa personal el reclamo de algunas minorías discriminadas, reaccionen con violencia verbal y usen calificativos despectivos para responder a cualquiera que ante determinado aspecto de la realidad (política o no), piense diferente a ellos.

Es el momento en que me cuestiono cuál es el concepto de humanidad de esos activistas, y si ser defensores de unas minorías lo traducen como derecho a discriminar a otras minorías, o mayorías tal vez. Es el momento en que veo la sombra del autoritarismo que nos han inculcado, en su propia contraparte, y me pregunto qué sería de Cuba si por un golpe del destino tuvieran acceso al poder.

Básicamente sería como cambiar de amo. Lo he visto en artículos y comentarios de Havana Times, intervenciones que parecen más vómitos que argumentos, y resulta aterrador que después de tantos años de fanatismo político, de intolerancia y de injusticia, puedan convertirse en la causa de más injusticias disfrazadas.

Se ha dicho que sólo se conoce bien a alguien cuando se combate en su contra. Porque es en los conflictos, con el ansia de ser comprendido o de prevalecer, de conciliar o de subyugar, que asoma la verdadera naturaleza de las personas.

Pero así como es de simple que “el respeto al derecho ajeno es la paz”, y ese derecho implica expresar una opinión diferente, el respeto con que esas diferencias se expresen y se escuchen, revela las intenciones de los que debaten. Determina las probabilidades de consenso y la garantía de que las nuevas propuestas sirvan para articular una sociedad verdaderamente plural.

El respeto es la primera premisa para no reproducir una versión del fidelismo que ha despedazado a Cuba y del que, apenas empezamos a recuperarnos.

 

Veronica Vega

Verónica Vega: Creo que la verdad tiene poder y la palabra puede y debe ser extensión de la verdad. Creo que ese es también el papel del Arte, y de los medios de comunicación. Me considero una artista, pero ante nada, una buscadora y defensora de la Verdad como esencia, como lo que sustenta la existencia y la conciencia humana. Creo que Cuba puede y debe cambiar y que sitios como Havana Times contribuyen a ese necesario cambio.


35 thoughts on “Las secuelas del fidelismo

  • el 11 marzo, 2015 a las 4:59 pm
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    Veronica Bravo, Bravo, Bravisimo… Cuba nesecita mas Veronicas… Gracias mil Gracias..

  • el 11 marzo, 2015 a las 4:55 pm
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    Increible al fin alguien se da cuenta de la similitud entre el Regimen Cubano y Los Nazis absolutamente lo mismo campos de concentracion de los cuales fui victima incluida mi famila (Plan Especial Campesino) infame internamiento forzado de familias enteras sacados a la fuerza de nuestras casas dejar todo y en camiones para La Habana fue horrible. Cuba es un pais facista totalitario donde el regimen se ha sostenido gracias asu caracter facista Cuba no es Comunista es un campo de concentracion Nazi…El que pueda ver en Youtube los videos de Alemania Nazi vera lo que es Cuba exepto Hitler queria mas a su pueblo solo basta ver y comparar la UJC con la juventud Nazi los pioneros y demas idolatrias, como han manipulado y destruido la sensibilidad de las personas al igual que hacian los Nazis lealtad al regimen primero ante todo el fanatismo las brigadas de respueta rapida es la Gestapo y la chusma de los actos de repudios son los miembros del partido Nazi. Cuba es un pais Facista que podria educar a los Nazis les han ganado en cinismo y bajeza…Gracias

  • el 11 marzo, 2015 a las 12:09 pm
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    ja…buchi`pluma na`ma?

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