La libertad prestada

Verónica Vega

Ilustración por Yasser Castellanos

HAVANA TIMES – El arte alternativo en esta Isla ha sido tratado peor que un hijo bastardo. Y no precisamente por Cuba.

Cada movimiento surgido espontáneamente, obedeciendo a la necesidad de expresar talentos, pensamientos, un proceso de búsqueda creativa donde confluyen interrogantes existenciales y cuestionamientos sociales, se ha granjeado una popularidad espontánea.

La gente los acoge y agradece. Para cada suceso natural hay también un público natural que se identifica con él. Porque vienen cargados con la explosividad de la generación del momento, con sus dudas y propuestas, su concepto de nación, con su irrefutable derecho a crear y a opinar teniendo su propio entorno como punto de referencia.

Es su país, donde nacieron, donde estudian o trabajan. El país donde viven. ¿Quién puede negarles que participen en los procesos que los involucran?

Las instituciones, o más bien el PCC, cuyas directrices rigen cada entidad cultural que a su vez tiene la misión de “promover y desarrollar” el arte, de evaluarlo y legitimarlo si así lo amerita.

Grupouno, creador del Festival de Rap

Pero esa evaluación no está enfocada en la calidad de la propuesta artística, y si induce a pensar, no importa siquiera el grado de receptividad que produzca. Mientras más popular, se le mira con mayor suspicacia, y más se le maltrata.

No hablo solo de meros prejuicios (supuestamente superados y sin que medie jamás una disculpa pública), como pasó con el rock, cuyos defensores y exponentes fueron perseguidos políticos.

También con el rap, que ha sido siempre un género incómodo y se ha tratado de domeñarlo, pero no de que prospere. Las agencias de rock y de rap son solo contenedores oficiales del fenómeno. ¿Por qué no existen, por ejemplo, agencias para la timba o el reguetón?

Festival de Rap Cubano

Porque son géneros inofensivos en el sentido político. Porque producen inconsciencia, hedonismo y autoindulgencia.

Recuerdo que una vez Rodolfo Rensoli, coordinador del Festival de Rap cubano, me dijo:

-“Gracias al Maleconazo los raperos gozamos de relativa libertad”.

Entonces pensé que tal vez los proyectos culturales surgidos a mediados de los 80, como Paideia, Castillo de la Fuerza, Arte Calle, fueron consecuencia indirecta de los acontecimientos de la embajada de Perú y el éxodo del Mariel. La libertad suministrada como parte del drenaje de presión y para ganar tiempo.

Y quizá el festival de Alamar Poesía sin Fin o el suceso multitudinario de música alternativa Rotilla fueron “tolerados” gracias al Proyecto Varela o hasta por la tensión que causó la “Guerrita de los emails”.

Rotilla

Quién sabe. Lo que sí está probado, es que cada libertad fiada establece un límite.

Todos los eventos mencionados fueron extinguidos. Después de Rotilla le tocó el turno a Puños Arriba, que premiaba la discografía hip hop, y era el único festival competitivo underground en toda la Isla.  Cada golpe asestado contra la alternatividad se camufla en argumentos sin solidez que no incluyen jamás la palabra “censura”.

El trabajo de la contracultura es duro. Viene para remover lo estático, lo anquilosado, lo muerto. Y las instituciones (dígase PCC o Gobierno), se empeñan en luchar contra toda la fuerza de lo vivo en pleno desarrollo.

Para conservar un estatus quo, no importa si el precio lo paga la salud del arte, la moral o la espiritualidad de la población.

La historia se repite se repite se repite

El blanco más reciente de la censura artística es la #00Bienal de La Habana. Una propuesta alternativa para reemplazar a la edición número 13 de la Bienal oficial, aplazada supuestamente a causa de los estragos del huracán Irma.

Los coordinadores de esa interesante iniciativa, Yanelis Núñez Leyva y Luis Manuel Otero Alcántara, han sido hostigados y Luis Manuel, incluso, detenido y encarcelado por el presunto delito de “receptación” de materiales de la construcción, en un país donde la ilegalidad es el pan de cada día generada por el déficit de los salarios y sostenida en pro de esa conveniente vulnerabilidad social.

Luis Manuel ya había creado ruido con propuestas como el performance Con todos y para el bien de unos cuantos, en el cual promovió un sorteo en el que los participantes pagaban 2 CUC y el ganador, elegido al azar, obtenía el monto necesario para alojarse una noche en el primer hotel cinco estrellas plus de Cuba: el rutilante Manzana Kempinski.

Muchos nos vimos representados en esa acción que desenmascaraba la realidad del cubano de a pie, testigo obligado y excluido de un lujo satanizado por décadas en la educación que recibimos.

La acción más reciente de la pareja fue un homenaje a poetas cubanos suicidas: unos que se quitaron la vida dentro del país y otros en el exilio. La sede fue una casa particular en la Habana Vieja, con un espacio muy reducido. Parte del público participó mirando por la ventana o solo escuchando desde la acera. Fue una zona franca para la poesía, la narrativa, conferencias, conciertos de rap.

Si se hace un paneo por la cultura nacional y se observa:

– La escasez general de opciones artísticas y recreativas.

– El potencial creativo de artistas (tanto egresados de instituciones como autodidactas), que han quedado fuera de los “canales oficiales”.

– La acogida que tienen los proyectos alternativos.

La pregunta sería:

¿Qué daño hace al país que los artistas se organicen para mostrar su arte y con sus propios medios?

No hay daños, solo beneficios. Las instituciones pueden y deben supervisar esas iniciativas, pero no sabotearlas.

La Poda, ilustración por Yasser Castellanos

Uno de los incentivos para el turismo no convencional es, precisamente, la efervescencia de proyectos alternativos, frescos, no contaminados por el mercantilismo y el consumo.

Es útil recordar que la censura opera desplegando una parafernalia costosísima que no beneficia siquiera al pueblo, y que es el pueblo el proveedor involuntario de esos recursos. Como decía el poeta Juan Carlos Flores: “Los poetas que poeticen, los funcionarios que funcionen”.

El arte libre ha tenido que emigrar de las instituciones, también de calles y parques, que no son “nuestros”.  Se refugió en casas particulares, con escenarios mínimos.

Sobrevive porque existe. Porque representa la pluralidad y complejidad de la naturaleza humana, la riqueza interior del hombre, la verdad, y el futuro. Y sobrevive también porque Cuba lo quiere.

Veronica Vega

Verónica Vega: Creo que la verdad tiene poder y la palabra puede y debe ser extensión de la verdad. Creo que ese es también el papel del Arte, y de los medios de comunicación. Me considero una artista, pero ante nada, una buscadora y defensora de la Verdad como esencia, como lo que sustenta la existencia y la conciencia humana. Creo que Cuba puede y debe cambiar y que sitios como Havana Times contribuyen a ese necesario cambio.


One thought on “La libertad prestada

  • el 28 noviembre, 2017 a las 9:21 am
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    Hace rato que no leia un articulo con tan buenas observaciones, al menos me refiero a observaciones que no estan directamente a la vista, me gusto mucho el articulo.

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