El derecho a hablar de Dios en Cuba

Verónica Vega

Foto: Caridad

HAVANA TIMES — La pregunta del colega José Iser (post “¿Quién se atreve a romper el tabú?”) sobre por qué no se escucha música cristiana en los medios cubanos, levantó en mí una vieja postilla. Quiero decir, una de esas heridas que cicatrizan en falso, porque no es posible una cura (o solución) profunda.

El autor del artículo considera que esta abstención mediática obedece más que a un temor, a “un prejuicio, predisposición, o mejor todavía, indisposición”. Me encantaría acompañarlo en ese criterio pero tengo la corazonada de que no es tan simple. Incluso esas libertades que él afirma nos concede la Constitución, al menos en mi experiencia directa, pueden ser muy relativas.

Habría que hacer una investigación legal sobre ese punto, pero, más que nada, habría que atestiguar hechos concretos porque hasta las respuestas de los juristas pueden no coincidir con los resultados prácticos.

En lo personal, en el año 1995 acompañé a la emisora Radio Taíno a un amigo mexicano que difundía en Cuba una meditación yoga. La periodista que nos consiguió la entrevista estaba aterrada de que a él se le escaparan palabras como “Dios”, o “alma”, o “espíritu”. Por una sola de ellas –nos dijo literalmente– podía perder su trabajo.

En las salas donde mi amigo impartió conferencias, también nos hacían advertencias parecidas. Sin embargo, después de la visita del Papa Juan Pablo II, hay que admitir que se produjeron cambios notables en este sentido. En la misma TV cubana, por ejemplo, empezaron a aparecer filmes con postulados filosóficos o hasta explícitamente místicos.

Pero una repentina distensión no significa que la presión no exista, incluso (o desde luego) autorizadamente. No soy partidaria de la teoría tan generalizada de que muchas limitaciones que padecemos en Cuba son culpa de la inercia burocrática. Si esta inercia existe es porque es sostenida y alimentada desde lo más alto de la pirámide.

Me uno al criterio del colega acerca de la urgencia de expandir opciones musicales porque el bombardeo de reguetón es no solo alarmante, sino asfixiante, y el efecto degenerativo de sus letras, amargamente palpable.

Un pensamiento hindú expresa: “de lo que abunda en su corazón habla el hombre”, y cuando viajando en un taxi o una guagua estoy obligada a oír: “Si te la meten, lloras, si te la sacan, gritas”, o “A mí me gusta hacerlo con la patica en el aire”, o “Cuando se me sube la putería…” me pregunto si esas son las preocupaciones sinceras de tanta gente o apropiaciones inconscientes por compulsión, inercia, abulia, rebeldía.

Y sin entrar siquiera en el caldeo de si esas letras son o no censurables, es un hecho incuestionable que sí hay derecho a difundir otras alternativas de pensamiento.

Estoy plenamente de acuerdo con que se escuche en los medios música cristiana. Pero pediría más: que se despenalicen no sólo las canciones inspiradas en Cristo, sino toda expresión devocional inspirada en Dios, ya sea focalizada en Jesús o Buda, o Krishna, o Mahoma… o en todos los seres que han irradiado espiritualidad a este mundo, o como expresión espontánea del reconocimiento de esa verdad, desde la subjetividad del autor.

Este hueco, esta carencia que hemos sentido los interesados en el tema, o esta mordaza obligada por la que algunos creadores hemos filtrado nuestras angustias y hallazgos en la búsqueda de Dios, es una necesidad tan objetiva como la despenalización de la discrepancia política o el matrimonio homosexual.

Sé de músicos que no intentan camuflar en su obra con ninguna metáfora que creen en Dios, incluso sin confinarse a ninguna religión o credo. Lo cual –subrayo–, no veo como un mérito particular sino como mera elección.

Ahora mismo me vienen a la mente un dúo que conocí hace años, Maricarmen y Ramsay, que ya no viven en Cuba, o el grupo de reggae “Estudiante sin semilla” o el joven rapero David d’Omni, quien este año organizó en Alamar un concierto homenaje a Marcus Garvey, considerado uno de los ideólogos del movimiento Rastafari.

Mientras disfrutaba de ese concierto, yo pensaba en todos los que ignoraban el evento, una opción interesante incluso para la juventud. Y también hablo de música cuya factura no desmerece en nada de la que sí se difunde oficialmente.

Ahora, ¿quién le pone el cascabel al gato? En un medio tan fiscalizado como la radio (y esto me consta), no son los directores o los asesores de los programas quienes tienen autoridad real para decidir qué cruza la línea de censura.

Incluso una asesora ve una contradicción entre esta abstención absoluta de música cristiana mientras se promueven temas que alaban a deidades de la religión Yoruba como Shangó, Obatalá, Yemayá… en su opinión, si hay una normativa, no es equitativa y sí discriminatoria.

Pero generar un debate e iniciar investigaciones legales sobre el tema, demandar que se atienda de una vez esta larga omisión que hemos padecido muchos, en mi opinión, es ya un paso decisivo.

Veronica Vega

Verónica Vega: Creo que la verdad tiene poder y la palabra puede y debe ser extensión de la verdad. Creo que ese es también el papel del Arte, y de los medios de comunicación. Me considero una artista, pero ante nada, una buscadora y defensora de la Verdad como esencia, como lo que sustenta la existencia y la conciencia humana. Creo que Cuba puede y debe cambiar y que sitios como Havana Times contribuyen a ese necesario cambio.


One thought on “El derecho a hablar de Dios en Cuba

  • el 24 diciembre, 2012 a las 6:19 am
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    Gracias por este articulo Veronica. 100% de acuerdo. Feliz Navidad a todos.

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