Concepto de propiedad

Verónica Vega

Foto: John Haffner

HAVANA TIMES – Cuando era niña, en una ocasión acompañé a mi madre a visitar a su joven hermano, mi tío, en una unidad donde él cumplía el Servicio Militar.

Las lineales construcciones, lo inhóspito del ambiente, la multitud de cuerpos uniformados, pelados casi al rape, ver a mi tío más delgado y con una expresión sombría, me causaron un gran impacto.

Años más tarde la vida me obligó a experimentar ese tipo de acontecimiento muy de cerca. Solo entonces entendí de qué estaba hecha aquella expresión en el rostro de mi tío: estupor, inadaptación, tristeza.

Visité las salas de Psiquiatría adonde van a parar los muchachos que repulsan esa especie de secuestro legal y confinación obligada sin vocación militar o convicción ideológica.

Recuerdo, sobre todo, a un joven de Pinar del Río que intentó  suicidarse cortándose las venas. Cuando expiró su tiempo en el hospital y llegó un oficial de su unidad a recogerlo, debió ponerse el mismo uniforme manchado de sangre.

Se veía tan abatido, que lo abracé como si fuera mi hijo. Murmuró que, si no le daban la baja, se iba a perder monte adentro.

En la misma sala conocí a un mulato fornido que había tratado de darse un tiro. Cuando le pregunté por qué lo había hecho, respondió que no podía más con la sensación de claustrofobia. Tenía la apariencia de una persona crecida en un ambiente marginal, entrenada en la rispidez social; sin embargo, su fuerza se quebró ante la abrupta pérdida de su autonomía.

Había un joven con trastorno de personalidad y un largo historial de crisis depresivas, un muchacho que habría podido ser modelo y en un rapto de ira ante la arbitrariedad de un superior, se hizo 45 cortadas en un brazo; otro que vivía en el oriente del país, al que sorprendieron ahorcándose y se salvó por cuestión de segundos.

Ya en la calle, yo miraba aturdida a la gente; las madres con bebés varones en brazos, o durmiendo dulcemente en su regazo, y pensaba: “No saben que un día ese derecho del parto y la consanguinidad serán nulos, y la angustia instintiva chocará con la impasibilidad de los muros, de los estatutos, con la voracidad indolente de la tradición”.

Foto: Luciano Guerendiain

Chocará con la inercia que fija las cosas por conveniencia o pánico, por una supuesta seguridad. Y en función de prevenir un mal peor (impensable, innombrable) les exigirán a sus hijos: “Adáptate”. Aguanta. Finge. Deja que arrasen con tu identidad, discernimiento, voluntad individual. Mata a ese estorbo inútil, vergonzoso, llamado sensibilidad.

Los jóvenes que conocí entre aquellas paredes blancas, con ventanas enrejadas para impedir saltos al vacío, eran evaluados mediante complejos tests que buscan descartar “enfermedades invalidantes” y reinsertarlos, con algunos ajustes, en la misma corriente que había violentado sus vidas. De la Región (instancia superior), vienen las decisiones inapelables que no manejan vidas, sino cifras que sostienen una economía.

¿Habrán sobrevivido? -me pregunto a veces. Los que lo lograron, lo hicieron al precio de renunciar a valores como el respeto, la honestidad, la transparencia. La fe en el ser humano, en la sociedad.

Todos sentían sobre ellos una gravedad que los paralizaba. Los oficiales, y también los psiquiatras, les repetían: “Por dos años, eres propiedad del Estado”.

 

Veronica Vega

Verónica Vega: Creo que la verdad tiene poder y la palabra puede y debe ser extensión de la verdad. Creo que ese es también el papel del Arte, y de los medios de comunicación. Me considero una artista, pero ante nada, una buscadora y defensora de la Verdad como esencia, como lo que sustenta la existencia y la conciencia humana. Creo que Cuba puede y debe cambiar y que sitios como Havana Times contribuyen a ese necesario cambio.


2 thoughts on “Concepto de propiedad

  • el 26 abril, 2018 a las 5:36 am
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    1969. Pre universitario Militar Especial Experimental Heroes de Yaguajay, llamado mediante telegramas de conscripcion.
    Seguno dia. Vestidos de verde olivo, rapados al cero , cortamos maleza con machetes sin amolar. Uno de los jóvenes se acerca y nos dice, a Pedrito y a mi. “A mi, no me agarran para esta frecuencia”

    En la tarde, se manda a correr y se golpea el rostro contra la pared del campamento. Lo recogen del piso y se lo llevan a la enfermeria.

    De noche, cuando Pedrito y yo lo visitamos a su litera, un joven con su ojo negro, ceja partida, dos dientes de menos, mirando hacia todas partes con suspicacia susurra. “Me la gané. Metí número de loco. Me van a dar mi baja”
    De regreso, le comento a Pedrito.
    “No finge. Esta completamente chiflado”

  • el 25 abril, 2018 a las 11:08 pm
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    Buenos días, Verónica. Duro, aunque no nuevo, el horror de este post que publicas hoy. Sólo una observación. !Ojalá! después de esos (perdidos y tormentosos) dos años de “servicio” terminara para siempre ese rapto involuntario. Un poco más adelante de la “libertad” -nombrada baja oficial-, sigues a su merded; ahora en las llamadas “Reservas”. Por lo tanto, cuando el ambiente huela a conflicto: nacional o en cualquier país “aliado”, vuelven a movilizarte y a disponer de ti -como el trapo sucio que eres- para el disparate que se les ocurra. Y ahora; no valen las excusas de la tenencia de hijos pequeños o familia.

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