Cómo reconocer a un buen líder (II)

Veronica Vega

Ilustración por Yasser Castellanos

HAVANA TIMES — La dinámica que toda revolución pone en marcha es demasiado compleja para resultar predecible pero en los grupos de pensamiento más consolidado los mecanismos de empoderamiento se van, automáticamente articulando. Esta es una ley natural.

Entre los que reaccionan al estatus quo y encabezan movimientos sociales pueden detectarse al menos dos tipos de individuos:

-Los idealistas (con hambre de justicia social y sin ambiciones de poder)

-Los oportunistas (con hambre de poder que usan el mismo discurso idealista). Estos, como buenos actores, maniobran el descontento popular y se convierten (según sea necesario o posible) en tiranos explícitos o en Mesías redentores.

Lo que hace la diferencia crucial es: su modo de vida, su evolución, sus acciones. Mas, estas últimas serán diversamente interpretadas según a quienes beneficien o perjudiquen.

Una definición más esencial nos lleva más al fondo del asunto. Alguien dijo que sólo hay dos caminos en la vida: el de la seguridad, o el de la libertad. Los que eligen el primero venderán su alma al diablo a cambio de un poco de confort y poder relativo. Los que eligen el segundo, son pocos, muy pocos. Pero éstos son la base para el empoderamiento de cualquier nación.

Quienes buscan (necesitan) la libertad, no se dejarán seducir tan fácilmente  por un manipulador de sueños. Sabrán que si alguien instiga al prójimo contra el prójimo sólo busca beneficiarse de esta división. También alguien que estimule la corrupción moral de la sociedad, pues es esta fibra la que cohesiona el poder ciudadano: solo desde la moral se puede exigir.

Un buen líder no ignorará un principio básico como que la violencia genera violencia (una verdad tan aburrida como demostrada). Levantar una casa sobre un suelo de resentimientos y pensamientos de venganza es como construirla sobre un pantano. Tarde o temprano se desplomará.

Estamos hartos de discursos vacíos, de palabras dichas para ganar tiempo, que no solucionan nada. Pero hay palabras que liberan. Y la diferencia está en la dirección adonde nos conduzcan.

Un buen líder no nos pedirá que lo sigamos ciegamente sino que admitirá cuestionamientos. No se impondrá por medio de la fuerza sino que nos conquistará con la lógica. No se erigirá como la voz de nuestra conciencia sino que nos exhortará a buscar esa conciencia individual.

En evangelios cuidadosamente excluidos de la Biblia, encontramos, por ejemplo, que Jesús, lejos de incitar a sus seguidores a buscar la Verdad en un libro, (¿cuántos cristianos hoy aceptarían esto?), les dijo: -: “No busquen la Ley en las escrituras, pues la Ley es la Vida mientras que lo que está escrito está muerto. (…) En donde quiera que haya Vida está escrita la Ley. Se encuentra en las plantas y en los árboles, en los ríos, en las montañas, en las aves del cielo, en las criaturas del bosque y en los peces del mar; pero sobre todo, en ustedes mismos”.

Un buen líder, como un buen padre, (o madre), no nos hará dependientes sino usará su conocimiento y poder para garantizar nuestro desarrollo e independencia. No nos pedirá gratitud eterna porque esta necesidad es indicio, primero de debilidad por parte del que otorga (necesita esclavizar para poder reinar), segundo: subvaloración o desprecio hacia el que recibe.

Un buen líder no sucumbirá a la tentación de controlar por la fuerza porque sabe que el poder reside en todos y en cada uno de los seres humanos, aunque  estemos sugestionados por un poder externo y temporal.

En fin, un buen líder es sólo el administrador de los intereses de quienes lo eligen.  

Es cierto que el despertar colectivo puede llevar décadas y cada generación cuenta con un lapso limitado de tiempo de esplendor físico e intelectual. Esta realidad es tan aterradora que las generaciones se desmiembran buscando alternativas inmediatas de realización. Cuba ha padecido (y padece) por ello, una interminable hemorragia.

Pero incluso las naciones se regeneran. Y no debemos olvidar que los gobiernos también son humanos, así que están sujetos a idénticas restricciones de tiempo.

Cómo reconocer a un buen líder (I)

 

Veronica Vega

Verónica Vega: Creo que la verdad tiene poder y la palabra puede y debe ser extensión de la verdad. Creo que ese es también el papel del Arte, y de los medios de comunicación. Me considero una artista, pero ante nada, una buscadora y defensora de la Verdad como esencia, como lo que sustenta la existencia y la conciencia humana. Creo que Cuba puede y debe cambiar y que sitios como Havana Times contribuyen a ese necesario cambio.

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