Año nuevo, ¿nuevos sueños?

Verónica Vega

HAVANA TIMES – Cada diciembre que termina parece una oportunidad de arrancarse todo lo que nos lastra, aunque sea simbólicamente, y aunque la demarcación numerada en meses y años que pretende organizar al misterioso Tiempo, sea también simbólica.

Celebramos el advenimiento de un lapso todavía virgen, todavía intacto, un espacio aparentemente vacío que podremos llenar con nuestros sueños.

En Cuba existe la tradición de estrenar ropa el 1ro de enero, y salir a hacer visitas, a celebrar, no importa si la ropa cuesta más de lo que podemos pagar y aunque alrededor prevalezca la misma decadencia.

Muchos creen que lo que se hace ese día, condicionará el resto del año. Como una especie de redención, o de condena. Así que tratan de romper pautas, de ser optimistas, de provocar auspiciosos sucesos.

Siendo niña o adolescente recibía cada enero sin mucha conciencia, solo alimentaba la supuesta promesa que el futuro nos susurra al oído: “Amor, placer, éxito, plenitud…”

Historia del tiempo,pintura por Pino Daeni, óleo sobre lienzo,reproducción.

El propio devenir de los años me enseñó a dudar de esos susurros. Pero me dejé contagiar la convicción de que el calendario establece un fin y un comienzo reales, una oportunidad de renovación personal. Trataba de que el salto de un año a otro me agarrara haciendo algo especial, único. Algo que implicara un cambio (a la rutina, a la desesperanza, a los límites geográficos que tiene una isla, a las barreras morales que pone el sistema).

Recuerdo a un muchacho que conocí en los 80. Me dijo que uno de sus sueños era emigrar antes de 1999, porque no quería que el fin de ese año lo sorprendiera en un país donde el salto de siglo no sería considerado trascendental.

Cuando llegó el 2000 ni recordé esa anécdota. No pensé en que se iban un año, un siglo, un milenio, aunque mi país tercermundista, caótico y hermético al progreso, no se uniera al jubileo mundial por el acontecimiento.

Experimenté el triple salto temporal junto a mi entonces pareja y nuestro hijo pequeño. Celebrábamos que al fin vivíamos solos y el haber podido comprarle al niño un arbolito navideño. Para los cubanos eso era ya un suceso, las tiendas en divisa retomaban un rito censurado por décadas: el símbolo del nacimiento de Cristo, un hombre que predicaba el amor, el perdón, el desapego a lo material y la necesidad de la realización espiritual, todo trasmutado a emblema del hedonismo y la prosperidad.

Pero entonces tampoco era consciente de eso. Era feliz y creía aún que un tiempo virgen, nuevo, solo podía traer buenos augurios. Creía que el próximo enero, o el otro, o a más tardar el otro… me sorprendería en un país libre y próspero.

Hoy, ya sé que, como los días de cumpleaños, o las estaciones, cada año, siglo, o milenio trae su carga de alegrías, problemas y pesares. Que los sueños existen en la mente, y la felicidad es un estado cuya permanencia depende de una gran dosis de madurez.

Cualquier día es perfecto para intentar un cambio. No importa si la ropa que usemos no es nueva, si el cuerpo no es perfecto y ni siquiera joven. No importa si el país donde estamos sigue siendo tercermundista, caótico y hermético al progreso. Enfrentar al destino es una aspiración suficientemente loable.

Veronica Vega

Verónica Vega: Creo que la verdad tiene poder y la palabra puede y debe ser extensión de la verdad. Creo que ese es también el papel del Arte, y de los medios de comunicación. Me considero una artista, pero ante nada, una buscadora y defensora de la Verdad como esencia, como lo que sustenta la existencia y la conciencia humana. Creo que Cuba puede y debe cambiar y que sitios como Havana Times contribuyen a ese necesario cambio.



2 comentarios sobre “Año nuevo, ¿nuevos sueños?

  • Realmente cuando se tiene idea de cómo el resto del mundo despide y recibe un año, es bien paradójico y va mas allá de las propias necesidades acumuladas de los cubanos, entre ellas la de viajar, cuando lo haces la vida cobra otra dimensión y te cuestionas tantas cosas…entre ellas el amor a tu tierra y el deseo de verla próspera, animada por lo que las festividades navideñas hacen, son estas construidas por el hombre pero debería ser en todo el planeta…no es sólo festejar un año más del triunfo de la revolución, sino la vida ..pues al final esta transcurre y sólo te llevas ese sentimiento lúgubre, decadente, también es cierto que aunque quieras mantener tu espíritu bien arriba para esa fecha…cuando hay escasez como la vivida para este fin de año, donde faltó lo más tradicional, la cerveza y el turrón en la mesa..y hasta la propia carne de cerdo, te afecta…pues tampoco tú, lo tendrás.

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  • Para mi un dia aburrido, con mi parte de mi familia lejos no significó nada. Triste sí, repleto de rostros que ya no me acompañan. Festividad arrebatada, alegría sustraída, celebración renovada solo por algunos. Perdimos muchas costumbres relativas a la familia con el éxodo, cada vez más creciente.

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