A quién le importa la verdad

Verónica Vega

HAVANA TIMES — Se dice que la verdad es relativa. Al menos es uno de los conceptos que más se suele defender, con buenas o malas intenciones.

Ratifiqué esto después de ver por primera vez imágenes de la banda rusa de pop rock t.A.T.u., de la que sólo había escuchado sus temas más populares hace unos años. Mi hijo y yo, convencidos por las exhibiciones de amor de las carismáticas Lena Katina y Yulia Vólkova, no sólo en los videoclips sino también en conciertos y entrevistas, nos preguntábamos si la relación habría soportado el peso del tiempo y el rotundo éxito.

Primer chasco al indagar: las chicas no eran realmente pareja.

Segundo: No eran realmente lesbianas.

Tercero: la banda no fue la espontánea asociación de jóvenes talentos, como uno quisiera creer, no sé por qué obsoleto apego a la autenticidad. Fue un proyecto pre-fabricado, un jugoso producto de laboratorio como los Backstreesboys, con el añadido y exótico (para su momento), condimento de un romance gay al ya probado ingrediente de la belleza púber.

La presentación en el 2003 del documental “t.A.T.u Anatomy” esclareció este delicado punto. t.A.T.u, expresión abreviada de una frase en ruso cuyo significado equivale a: “Esta chica ama a esa chica”, tuvo que enfrentar lógicamente la decepción al menos de sus fans homosexuales quienes alegaron que se les había mentido y traicionado.

Ni cortas ni perezosas, las jóvenes ripostaron ¡que eso no era cierto!, que siempre habían defendido el amor sin fronteras. Tal vez quisieron decir la mentira sin fronteras. Pero para demostrarlo volaron a Moscú y participaron en la manifestación del Orgullo Gay.

De cualquier forma, la decepción por el fraude no parece haber hecho una mella muy grave en su público. Separadas oficialmente en el 2011, hasta el 2010 vendían discos, producían videoclips y recopilaban premios. Y es que cuando la ingente maquinaria del mercado está activada, ninguna pálida verdad es suficiente para detenerla.

No es algo nuevo, la seducción es un fenómeno que apela a, desde los instintos más básicos hasta a las carencias más hondas. Mucho se dice que se alimenta de la estupidez humana, pero yo preferiría decir que de su ignorancia.

Tan taimada como muchas políticas, amenaza ser eterna porque recicla generaciones.  Pero, como ésta, también para ser efectiva necesita de la anuencia del espectador. Tanto como el tirano de la víctima, el sádico del masoquista.

Así que para ser justos, si es cierto que la verdad es relativa, más cierto es que se cree lo que se desea creer, o mejor aún: no hay peor ciego que el que no quiere ver.

Que las estrategias para ofrecer y vender un producto artístico sean cada vez más burdas  revela la degeneración general del mundo. Degeneración que no excluye los países más desarrollados, las poblaciones más empoderadas y supuestamente más suspicaces.

Una amiga me mostraba hace poco que su celular incluye un simulador de llamada, muy útil en su opinión para fingir un compromiso y despachar inoportunos.

No es algo nuevo, la seducción es un fenómeno que apela a, desde los instintos más básicos hasta a las carencias más hondas. Mucho se dice que se alimenta de la estupidez humana, pero yo preferiría decir que de su ignorancia.

Así que ahí vamos. La pregunta es de qué nos quejamos porque no se puede creer lo que afirma la prensa, la televisión, los funcionarios. O lo que aseguran los vendedores, a veces incluso, mirándonos a los ojos.

Por donde vivo es común escuchar de vez en cuando: “¡Se compran pomos vacíos de perfumes…!” No es ningún secreto que se rellenarán con algún oloroso mejunje y se revenderán como “originales”.

El pregonero va por ahí anunciando su estafa y nadie se escandaliza. Muchos le venden frascos desechados. Qué más da, las víctimas no serán ellos.

He notado que las generaciones más jóvenes, entrenadas en esta ambigüedad desde edades muy tiernas, tienen una peculiar relación no sólo con la verdad sino con el compromiso. Se mueven como velas en el viento y sin el menor sentido de la lealtad.

Mirando este panorama cada vez con más frecuencia me acuerdo de Manu Chao, quien lo resumió sabiamente:

Todo es mentira: la mentira

todo es mentira: la verdad.

Veronica Vega

Verónica Vega: Creo que la verdad tiene poder y la palabra puede y debe ser extensión de la verdad. Creo que ese es también el papel del Arte, y de los medios de comunicación. Me considero una artista, pero ante nada, una buscadora y defensora de la Verdad como esencia, como lo que sustenta la existencia y la conciencia humana. Creo que Cuba puede y debe cambiar y que sitios como Havana Times contribuyen a ese necesario cambio.

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3 thoughts on “A quién le importa la verdad

  • Ja, lo de siempre, cuando empezamos a decir “esta juventud de ahora…” es que ya no somos tan jovenes.

  • Sin esos montajes el mundo del “showbiz” no sería lo que es hoy: una máquina generadora de fantasías y mucho, mucho dinero, algo que se vio venir desde los tiempos del Tin Pan Alley. Pero mira qué cosa, que parece que no podemos pasar sin él.

  • Para empezar parece que te importa a ti.

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