A la 3ra no va la vencida

Verónica Vega

Nación.  Ilustración por Yasser Castellanos
Nación. Ilustración por Yasser Castellanos

HAVANA TIMES — En estos días he recordado un post que escribí para HT en dos partes: La gravedad horizontal de Cuba (1era y segunda) Y he pensado mucho en esa limitación para desplazarnos por el mundo, semejante a la ley física que nos sujeta hacia la tierra.

Si los seres humanos tuviéramos alas, -he oído decir-, ya se habrían impuesto restricciones a su uso, ya se habrían establecido fronteras en el cielo. Pues lo que más teme el hombre es al uso de la libertad ajena, y su propia incapacidad para detectar la mentira, las promesas que no serán cumplidas.

En la actual embajada de EE.UU., otrora Sección de Intereses, que solo se diferencia del pasado, porque ahora al frente ondea la bandera de 13 barras rojas y 50 estrellas, prosiguen las largas colas aspirando a una visa, tan incierta en el caso de visita familiar, que la asemeja a una lotería.

Pasé por la experiencia en 1993, cuando los turnos se determinaban velando durante la madrugada, en ese mismo parque que ha sido escenario de la guerra invisible, del abismo tangible, de una Cuba dividida en dos orillas. Entonces me invitaba mi padre, al que dejé de ver con menos de tres años, y al que a lo largo de mi vida armé mediante cartas, fotos, postales navideñas, una voz que solo conozco por teléfono.

En mi ingenuidad, lo que me separaba del encuentro ansiado desde la niñez se resolvería en una “entrevista”, un cuño, un pasaje, un vuelo. La negativa fue tan brutal que me provocó una amenorrea de tres meses, sin estar embarazada.

El año pasado mi hermana menor, que vive en Miami gracias al bombo del 98, me convenció de exorcizar los fantasmas con un nuevo intento y hacer la cola, esa vez desde el amanecer y mejor organizada por custodios vestidos de negro y gris, en el mismo parque rodeado de casas que lucran con la guerra de las dos orillas y anuncian: SE LLENAN PLANILLAS, SE HACEN FOTOS AL MOMENTO.

La segunda negativa me hizo llorar en un banco, en otro parque, más que nada porque el deseo se camufla con la precognición y había vivido el encuentro mental con mi hermana, mi padre, amigos que no veo desde hace 15 o 20 años.

Me juré a mí misma que jamás volvería a estar entre los que esperan entrar al “Salón de entrevistas”, donde te toman las huellas y bajo la guía de mujeres con chalecos rojos, se avanza a paso muerto en una tupida fila que puede durar dos horas, sin poder cambiar de postura a causa del hacinamiento, mientras se es testigo involuntario de las preguntas directas, a veces capciosas, a quienes ya están frente a los ventanillos, testigo involuntario de dramas personales y la implacable sentencia: “Lo siento, pero no clasifica”.

Juré que no volvería a pisar esa sala, a menos que fuera por una invitación cultural que me eximiera de la acusación de inmigrante ilegal disfrazado, culpable hasta que logre demostrar su inocencia en dos o tres minutos.

Sin embargo, este año, mi padre, renuente a visitar Cuba, después de una delicada operación del corazón que le salvó la vida, insistió en que lo visitara en New York, convencido de que la maldición puede disolverse en un día, frente a uno de esos ventanillos, ante los ojos escudriñadores de una funcionaria que ignora cómo se me dispara el corazón al pararme frente al cristal grueso, me hace preguntas por un micrófono, sin saber, sin creer, que hace nueve años deseché una reclamación oficial y renuncié a emigrar. Con un gesto rechaza ver los documentos cuidadosamente organizados, dice: “Lo siento, su visa no fue aprobada”, y por el estrechísimo espacio bajo el vidrio me devuelve la solicitud que costó 30 más 160 CUC, más 60 pesos cubanos por una foto apurada, contra un fondo blanco.

Junto a la planilla, anexa una hoja impresa que asegura: “usted no ha podido demostrar que tiene residencia en un país sin intención alguna de abandonar”, pero “puede intentar de nuevo”, pagar todo de nuevo, hacer la larga cola y pasar por la humillación de la entrevista pública “si sus circunstancias personales han cambiado significativamente”.

Salir por tercera vez fuera de los barrotes oxidados por la inmediación de ese mar que de pronto ha empujado la otra orilla al infinito, al destierro. Un mar que sepulta quién sabe cuántas víctimas de esta guerra absurda que seguirá desmembrando cuerpos y familias, no importa si ahora ondea oficialmente la bandera de 13 barras rojas y 50 estrellas.

33 thoughts on “A la 3ra no va la vencida

  • el 1 diciembre, 2015 a las 3:00 am
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    Gusa,

    Basicamente, si no estas en el selecto grupo de los paises de la UE, Reino Unido, los paises escandinavos, Australia, NZ, USA, Japon, Hong Kong,Canada, Singapur, Israel y algunos pocos mas, (los cuales tienen tratados reciprocos de exencion de visados), entonces tienes que pasar por el tramite de solicitor la visa y dependiendo de que pasaporte tengas, mayor o menos dificultad. Hay otro grupo de paises como por ejemplo, los de la ASEAN (Asia) o el MercoSur que tambien tienen sus tratados en ese tema para hacer mas agiles el intercambio entre ellos. En cuanto a Cubita la bella, ni lo uno ni lo otro. Nuestras “asociaciones” regionals en el Caribe o con el llamado “ALBA” no se traducen en ninguna exencion o facilidad para los cubanos en ese sentido. Excepto en el caso de algunas islas anglofanas en el Caribe (donde por demas, no hay vuelos directos), algunos paises africanos, Rusia y algunas ex-republicas sovieticas y unos pocos paises de Asia (por ejemplo Malasia), no hay nada de eso.

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