Nuestra Imagen

Veronica Fernandez

Foto: Caridad

Con frecuencia transito por la terminal de ómnibus interprovinciales de la Habana, pues mi trabajo se encuentra enclavado en su principal municipio, Plaza de la Revolución.  Aquí acuden miles de personas que van y vienen constantemente de las diferentes provincias del país y a pesar de la subida de los precios que han tenido también estos viajes, la terminal se mantiene colmada de personas las 24 horas.

Hace días me detuve en mi camino y comencé a observar muchas de las cosas que suceden a diario en ella. Llegaban desde niños, jóvenes, adultos y hasta ancianos casi sin poder caminar.  Se decían entre ellos que se habían quedado sin dinero, pero que ya estaban en la Habana.  Para estas personas, la ciudad de la Habana, a mi modo de ver, viene siendo como un paraíso terrenal, la meca de la civilización o algo por el estilo.

Es la invasión hacia la capital, a pesar de encontrarse la misma con calles mal pavimentadas y llenas de huecos, casas destruidas por el paso de los años y la carencia de mantenimiento, muchas de estas personas, anhelan poder llegar hasta aquí.  Unos, tienen familia o al menos, algún amigo que le ofrezca hospedaje.  A otros, no les interesa tan siquiera tener lugar para quedarse, vienen a ver lo que se les pega, a hacer negocios o simplemente a constatar algo nunca visto.

Se que todos anhelamos conocer lugares, países, otras culturas, etc.; pero todo, con cordura, con sensatez y orden.  La capital cubana no puede permitirse el lujo de tener tirados en portales y pasillos a personas sucias, harapientas y pidiendo limosna.  Eso, distorsiona nuestra imagen y proporciona, de hecho, innumerables comentarios negativos que bien podríamos evitar.

No quiero decir con esto que todos los que tengan esta actitud sean de otras provincias, los hay habaneros también; pero cada día, en vez de disminuir la cifra, se multiplica.  Existen miles de inspectores públicos deambulando por las calles y en muchas ocasiones multan o se llevan a personas que venden maní al mínimo precio de un peso cubano el paquetico y que sabemos lo hacen para subsistir.  Sin embargo, otros hechos son pasados por alto.

Pude tener la ocasión de presenciar a uno de estos andantes, sucios y con muy mal aspecto que le pidió dinero a varias personas y como no se lo dieron, las insulto y se violento con ellas.  ¿Es posible permitir esto? ¿Dónde están los inspectores y controladores del orden público? Esta imagen de nuestra sociedad que podíamos decir que ya había desaparecido, ha vuelto a florecer.  ¿Dónde está la exigencia y el respeto a la población? ¿Por qué tenemos que chocar de nuevo con algo que ya había caducado en la sociedad cubana?

Me detuve a pensar que hacía unos meses había visitado la terminal 3 del aeropuerto internacional José Martí, de la Habana y me pareció sumamente impactante la suciedad que proliferaba en aquel lugar y le comente a mi hermana que llegaba de viaje que no entendía esta situación ni a que se debía.

Le puse de ejemplo, en aquel entonces, la terminal de ómnibus interprovinciales.  Ahora, el ejemplo se me fue por la borda.  Y no es por el hecho de la limpieza, pues en ella siempre encontramos a trabajadores en función de mantener los corredores y baños limpios, sino, porque también es limpieza no permitir a estos vagabundos ubicarse en lugares públicos y caerle encima a las personas para obtener de ellas una limosna o insultarlas, amén de su estado de embriaguez y una apariencia que deja mucho que desear.

Si, la Biblia nos dice que hay que ayudar al prójimo, pero no de esta manera, expuestos a un arrebato del equipaje, de la billetera, de la cartera, de palabras obscenas o de la propia violencia.  ¿Es esta la sociedad que hemos ayudado a construir con el esfuerzo de todos? ¿Podemos disfrutar una breve o larga estancia en este lugar? ¿Es esta la imagen que nuestro país quisiera mostrar al mundo?

Veronica Fernadez

Veronica Fernandez: Naci en el pueblo de Regla, al otro lado de la bahia de la Habana. Muchos reglanos, huyendo de la contaminación de la refinería de petróleo, tradicionalmente han ido a vivir en Cojimar. Asi hizo mi familia cuando apenas cumplí cuatro años. Desde niña he sentido atracción por las artes y las letras. La poesía y el ensayo son mis predilectos. Tuve la dicha de estudiar Filología en la Universidad de la Habana con profesores de tallo mayor. Como Capricornio, me encanta la organización, la madurez de las personas, lo romántico de la vida y el desinterés, medula espinal de estos tiempos. Disfruto la comida criollo (arroz blanco, frijoles negros, pork y yuca con mojo) y la italiana, el chocolate y tomar un mojito en el casco histórico de mi ciudad.


2 thoughts on “Nuestra Imagen

  • el 14 enero, 2011 a las 2:07 pm
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    Si una sociedad funziona bien se ve de la manera que tienen a los pobres, cuando el servizio social y la ayuda social a esas personas no es la mejor sucede todo lo que ud ha dicho, mas se ven pobres en la calle mas la sociedad no funziona para nada y viceversa
    Yo vivo en Italia y los otros dias dieron la notizia en la TV de un nino de 2 meses muerto por frio y hambre p’q los padres vivian por las calles y no solo, esta pareja tienen otros ninos, asi que esos ninos pueden morir de un momento a otro, intrevistaron la alcaldesa de la ciudad y dijo que la ayuda la habian siempre oferto pero los padres la habian siempre negada, para mi se lavo las manos como Poncio Pilato, cuando hay menores por el medio no se debe ni de preguntar si quieren una ayuda o no, si la niegan, se les quita los ninos hasta que no tengan un lugar donde estar, a veces no quieren ayuda p’q se verguenzan de la misma pobreza que tienen y ahora hay que insistir para que almeno tengan un lugar donde dormir, comer y banarse, estas son cosas que duele ver y no todo es color de rosas

  • el 14 enero, 2011 a las 4:57 am
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    “La capital cubana no puede permitirse el lujo de tener tirados en portales y pasillos a personas sucias, harapientas y pidiendo limosna. Eso, distorsiona nuestra imagen y proporciona, de hecho, innumerables comentarios negativos que bien podríamos evitar.”

    Es demasiada preocupación por no mostrar lo que hay, o de lo que se carece ¿no le parece?.

    Hace tiempo mi percepción del habanero, con ciertas excepciones que confirmaban la regla, era simple y llana: un “elemento social” que parece carecer de toda dimensión del sitio donde vive, de la economía que padece, del nivel cultural que manifiesta y de la jactancia, arrogancia y fanfarronería que manifiesta. A últimas fechas me doy cuenta de que esa actitud no es exclusiva del capitalino, los guajiros la adoptan en cuanto pisan suelo habanero o más aún cuando salen de La Isla. Claro que tiene una explicación, esa misma patraña que cargan encima de considerarse herederos de la nobleza no es sino una carcasa con la cual intentan tapar sus prejuicios y carencias, claro, me estoy refiriendo a lo espiritual, de lo material no tiene ni el más mínimo sentido hablar.

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