Verónica Fernández

Trabajadores cubanos . Foto: Mayo 2011.

Desde que comencé a trabajar, hace ya un cuarto de siglo, me he acostumbrado al igual que casi todas las personas en Cuba, a almorzar en el comedor de mi trabajo.  He transitado por diferentes centros de trabajo y en todos, he tenido esa oportunidad.  En ocasiones, los almuerzos han sido mejores y en otros, de menor calidad, pero siempre han estado ahí, al alcance de mi mano.

Hace más de un año, se emitió una resolución a nivel de gobierno que les iban a privar a muchas personas de diferentes sectores del estado, tener almuerzos en sus trabajos;  iba a comenzar con esta medida por cuatro ministerios, a los que se les iba a dar para cada trabajador 15 pesos cubanos en sustitución de este beneficio.

Esta medida estaría a prueba con el objetivo de valorar si daba resultado y ponerla en funcionamiento de forma general.  Al cabo de este tiempo, ya muchos comedores obreros han dejado de existir y por ende, los trabajadores de esos lugares que no están entre los escogidos para los 15 pesos, tampoco se les retribuye nada a cambio.

Conozco a muchas personas y en mi caso particular, yo también soy de las excluidas, pues no tenemos ni comedor, ni los 15 pesos cubanos, manteniéndose la jornada de 8 horas.  Ello implica que hay que llevar algún alimento desde la casa o de lo contrario, asumir comprarse algo que se venda en la calle en moneda nacional.

Es justamente aquí donde ya comienzan los obstáculos, aunque bien podría decirse que otros más.  El primero viene desde que nos levantamos para trabajar y salimos predispuestos a la calle para ver si podemos o no tomar un ómnibus y llegar temprano.

A partir que llegamos al trabajo van sumándose ininterrumpidamente, pues nos tropezamos en varias ocasiones con que no hay electricidad o se va al mediodía; por otra parte, no hay hojas para imprimir ningún documento, las fotocopiadoras no tienen tinta o tonel; en fin, son incontables los obstáculos.

Resultado de toda esta situación, no hay rendimiento de la jornada laboral; pero si encima de esto, tampoco tenemos el almuerzo que aunque malo, pero necesario e imprescindible para los humanos, entonces la labor que se realiza se hace con disgusto, sin motivación.

Se pierde el interés a que las cosas salgan bien, se trabaja por trabajar y para recibir un salario en moneda nacional que no alcanza ni para una semana, dado el alto precio de los productos y teniendo en cuenta que la media que gana un trabajador en Cuba es equivalente a 15 cuc (moneda libremente convertible cubana), siendo la única opción que existe para la compra de determinados productos de primera necesidad que no se encuentran con la moneda nacional.

Es muy difícil verse en esta posición, pues no siempre se encuentra algo de comer que se venda en la calle en moneda nacional a precio módico, que tenga calidad y que se pueda comprar y además, como decimos los cubanos, no hay bolsillo que aguante hacerlo día tras día.  Tampoco hay comida en las casas para llevar una ración diaria al trabajo.

Entonces, me pregunto: ¿Cuál será la solución a esta problemática?  Pienso que habrá que encontrar alguna y ojalá sea en el más breve plazo posible, pues el hombre para que rinda en su jornada laboral, debe tener un mínimo de condiciones necesarias creadas al efecto.

Eso me decían en mis clases de filosofía marxista en la Universidad de la Habana.  En verdad, como se dice en buen cubano, se pasa trabajo para trabajar y yo diría: ¿vale en realidad la pena?………………

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