Una Reunion Espiritual

Por Jorge Milanes

Del dia de la cultura africana.  Photo:Caridad
Del dia de la cultura africana. Photo: Caridad

Desde hace 50 años parte de mi familia y yo vivimos en Cojímar, en una casa pequeña pero con un patio grande y lleno de árboles de guayaba, mango, anón, fruta bomba y aguacate, que dan una sombra muy agradable, privilegio nuestro.

En este patio se reúne a veces la familia para hacer fiestas, pero estas no son de las que todo el mundo conoce, sino espirituales; una versión de las religiones que trajeron consigo desde Nigeria los negros esclavos a Cuba en el siglo XIX, la Santería, que sincretizó con la religión católica. Desde entonces mi familia y otras siguen esa tradición.

Siempre, al terminar estas misas, bailamos salsa y reggaetón. Por cierto, ¡Qué ricas son las fiestas cuando hay mucha comida, ron y baile! Aunque en verdad, últimamente no es fácil hacerlas.  ¡Con lo caro que está todo!  A pesar de eso, la semana pasada hicimos una, y fue muy interesante. Participó parte de la familia, como casi siempre.

En una mesa pusimos un mantel blanco y sobre este siete vasos transparentes con agua, algunas flores, (entre ellas un girasol) y dos velas encendidas, debajo de la mesa: una palangana con agua bendita, pétalos de flores y perfume.

Nos sentamos todos alrededor y comenzamos a rezar dos padres-nuestros.  Luego mi prima comenzó a leer 7 oraciones que embocan a los espíritus y al terminar nos paramos.  Alguien rompió el hielo cantado solo y después a coro, canciones propias de la ceremonia para facilitar la entrada de corrientes espirituales de la familia, u otros de nuestra cadena espiritual.  Estar relajado es importante, sin pensar en nada, solo seguir la ceremonia.

Mi parte fue echar humo de tabaco y rociar el ron con la boca sobre la mesa. Tía Olga, la que más conoce de esto, ordenó que hiciéramos un círculo agarrados de las manos y rodeáramos la mesa.  Cantábamos y bailábamos, primero suave, después un poco más fuerte y expresivamente, echábamos los brazos hacia delante y hacia tras, ella empezó a balancearse hacia delante y hacia atrás.

Cerraba sus ojos, reía a carcajadas, su baile se hizo más notorio, se soltó del círculo de manos, se agarró el vestido, -lo batía de arriba a abajo- giraba sin parar imitando las olas del mar, su expresión era eufórica; un espíritu había entrado en ella.

Paramos para sujetarla y sentarla en una silla, pidió un tabaco y una jícara con licor de anís, bebía sorbo a sorbo, lo saboreaba, ya sabíamos de quien se trataba por la bebida, ningún otro espíritu de la familia bebe ese licor.

Se presentó, saludó a todos, se puso de pie y nos dio la mano a cada uno, desde el más joven hasta el mayor, nos daba una mano, luego la otra cruzada, y sin soltar, sacudía de arriba abajo tres veces, terminando arriba para que nosotros, sacudiéramos las manos desde esa posición.

Luego se sentó y comenzó a consultar, mi prima le preguntó sobre un juicio que tenía la semana siguiente y  le contestó en su lenguaje: “no vas a tenerlo, porque la otra persona no va a presentase al juicio nunca, y hasta el momento es así”.

En mi caso usó unas bromas, como es mujer, luego me describió a una persona que trabaja conmigo y me sugirió que lo ayudara, predijo que iban a ver muchas enfermedades incluso desconocidas, que nos cuidáramos mucho.

Mi hermana le preguntó sobre un tío que estaba en el hospital y dijo que esperáramos lo peor, que todo era verdad.  Así fue diciendo a cada uno de los que le preguntábamos. Finalmente, preguntó si faltaba alguien, porque se iba.

Todos habíamos preguntado. “Que dios les acompañe”, dijo, bebió otro sorbo de licor, repitió lo mismo y dijo dos veces suavemente “Hasta otra reunión”, y se marchó.

Su despedida fue muy serena, al igual que toda su estancia, pues tiene experiencia.  Ella fue una esclava de origen africano muy elegante, que en tiempos de la colonia trabajó en casa de hacendados.

Mi tía volvió a su estado normal, muy sudada y preocupada por la hora, pues tenía que irse a casa.

Cuándo se “pasa” un espíritu, deja un estado de éxtasis.  Yo no he tenido esta experiencia aun, pero eso dice mi familia.

Como siempre, cerramos la sesión espiritual cada uno tomando un vaso de los de la mesa.  Los levantamos con vela y todo y dimos gracias a todos los espíritus que nos visitaron.  Luego arrojamos todo a la basura, lejos de la casa, comimos algo y comenzó la parte de la salsa y el reggaetón.



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Atardecer, Cienfuegos, Cuba. Por Jeff Marot (Canadá). Cámera: Huawei P20

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