“La travesía”

Migrantes en la selva del Darién entre Colombia y Panamá

Por Sara

HAVANA TIMES – Realizar “la travesía” es una frase que se ha hecho bastante conocida en Cuba en este año 2022. Cuando algún amigo o conocido nos menciona al respecto automáticamente podemos imaginar que realizará el recorrido que comprende desde algún país de América Latina, América del Sur o El Caribe como destino inicial, hasta EE.UU. como meta o destino final, atravesando parte de Centro América, fronteras de alto peligro como la de Colombia, Panamá, Honduras, Guatemala, México, pagando precios tan altos que incluyen la propia vida.

Cuando naces en un país, en el cual desde pequeño te obligan a repetir consignas que por tu corta edad no alcanzas a su comprensión, las cuales, cuando creces descubres que carecen de sentido y coherencia, entonces… te sientes perdido, comienzas a cuestionarte tu existencia, la de tus hijos (si los tienes, y sino, la seguridad de que AQUÍ no deseas tenerlos) no quieres condenarlos a vivir las mismas o quizás peores experiencias que las tuyas propias.

Resulta que ya eres adulto, haz pasado toda tu vida con la esperanza de las promesas incumplidas, del falso desarrollo, de resistir y vencer. “¿Vencer? ¿Vencer qué, o a quién?” en una historia donde solo tú terminas siendo vencido. Vencido si, por una absurda revolución energética, que actualmente mantiene a más de la mitad de la isla sin fluido eléctrico, vencido por un sistema de salud colapsado que vende al mundo la falsa imagen de potencia médica, cuando realmente en sus hospitales mueren pacientes cada día por falta de suministros y asistencia médica u hospitalaria. Vencido porque a pesar de trabajar de sol a sol tu salario no es capaz de cubrir los precios elevados de los productos básicos o de primera necesidad, implantados por un Estado decadente u absurdo.

Ascienden a varios miles la cifra de cubanos que se han deshecho de todas sus pertenencias para emprender “la travesía” en busca de mejores condiciones económicas y sociales para ellos y sus familias.

Yamila y Carlos, eran un matrimonio joven, tenían una niña de 3 años, Amanda. Sus corazones llenos de ilusiones, vacíos, los platos sobre su mesa; el salario de los dos no llegaba a fin de mes. Vivían en una casita que les dejara de herencia la abuela de Carlos. Yamila era traductora, licenciada en lengua inglesa, Carlos por su parte, siguió los pasos de su padre y se hizo médico. Ambos profesionales, y sin embargo dependían completamente de remesas tanto en dinero como en víveres que le enviara cada mes su hermana, quien vivía en Estados Unidos hace ya algunos años.

El domingo hablaron, pero la conversación no fue la misma de todos los domingos. Esta vez Camila, la hermana de Carlos no preguntó sobre precios del dólar, ni sobre la cantidad de horas que habían estado sin electricidad, esta vez Camila preguntó por pasaportes. Hacía poco llegaron unos amigos que le facilitaron el contacto de alguien que se dedicaba a guiar a los cubanos en “la travesía” desde Ecuador hasta EE.UU. Esta sería una forma de sacar a su hermano de la isla pensó Camila.

Comenzaron los preparativos, en venta todas sus pertenencias, todo en secreto y con mucho cuidado. En venta la casita.

Llegó el día, aeropuerto destino Quito. “Hay Carlos estoy aterrada, Amandita es muy pequeñita aún” decía Yamila a su esposo minutos antes de aterrizar. Era la primera vez que ambos volaban. “Todo va a salir bien, ya salimos de ese infierno que es lo más difícil, dice mi hermana que es un viaje seguro no te preocupes que son personas de confianza”. Al aterrizar en Quito, los esperaba el contacto acordado. Marcharon a camino al instante. Hasta entonces todo iba según lo acordado.

Luego de muchas horas se detiene el auto en el que viajaban, (además de ellos iban algunas familias más no solo de Cuba sino de otras regiones, persiguiendo el mismo destino). “Bajen todos, ahora es a caminar” dijo el coyote. Ante ellos una inmensa selva se alzaba. Siguieron la travesía detrás del guía, a cada tramo mantener el paso y más aún con la niña en brazos se tornaba una difícil faena.

Una joven familia migrante en la selva del Darién.

Cuanto más se intrincaban en el corazón de la selva del Darién, más angosto se tornaba el camino, parecía como si la selva conspirara para que se quedaran en su interior. El agotamiento ya hacía estragos en Carlos quien sostenía con todas sus fuerzas a su pequeña, mientras se deslizaba por las pendientes enlodadas cada vez más empinadas. Eran ya más de cuatro jornadas de camino sin apenas descansar.

Yamila iba tras ellos sosteniéndose de la cuerda puesta por los coyotes para facilitar el paso. En un instante Yamila cae por la pendiente tras precipitarse por el lodo. Carlos no tuvo tiempo a sostenerla, en unos segundos la caída había sido de unos cinco metros colisionando con algunos árboles y ramas. Yamila yace inmóvil sobre el lodo, no escucha las voces de su esposo, no escucha el llanto de su hija, no escucha los pasos del coyote que se acerca pidiéndole se levante, Yamila no se levantará nunca más.

“Bueno hay que retomar el paso” ordenó el coyote subiendo la pendiente, detrás quedaba el cuerpo de Yamila fundiéndose con los cimientos de la selva. Carlos apenas podía detallarla, entre la altura, el lodo y todas las imágenes que transitaban su mente en estampida. “Vamos hay que continuar o usted también se queda” dijo el coyote a Carlos, quien en ese instante sostuvo fuerte a su hija incorporándose al grupo… Algunas horas después lograron vislumbrar la salida para continuar camino.

Después de quince días desde su salida de Cuba llegaría Carlos con su hija Amanda a Estados Unidos, donde su hermana Camila lo recibiera con una mezcla de alegría y dolor, de esperanza y pérdida. Detrás quedaba Cuba, su miseria, la travesía y sus peligros; detrás quedaba Yamila…

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Sara

Sara es emprendedora, valiente, adora asumir retos, es optimista. Amante de los animales y defensora de las causas justas y la libertad.

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One thought on ““La travesía”

  • Triste y conmovedora.

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