Violencia en Guantánamo

Rosa Martinez

Punto de referencia de la ciudad de Guantánamo.

HAVANA TIMES, 8 agosto — En varios posts publicados en nuestro sitio hemos comentado el incremento de la violencia en nuestro país.  Yo me referí particularmente a la violencia de género en la ciudad de Guantánamo; otros colaboradores han mencionado la violencia en Ciudad Habana, donde la gente no intenta conversar sino gritar, no pide permiso, dice: apártate.

Desafortunadamente este fenómeno no se circunscribe a la capital cubana, por el contrario, se extiende a todos los territorios del país, y Guantánamo no es la excepción.

Muchos somos los sorprendidos con las recurrentes historias de los últimos meses.  “Mataron a otro muchacho en la carpa del Caribe.” “apuñalearon a un guapetón en la plaza recreativa del Sur.” “atracaron a una muchacha a plena luz del día.” “robaron en varias casas este fin de semana.” estos son solo algunos de los comentarios que se repiten con frecuencia y mantienen alarmada a la población de la provincia más oriental de Cuba, no acostumbrada a que estos hechos ocurran con frecuencia.

Los pobladores vemos con disgusto la rapidez con la que se han incrementado los robos con violencia, estafas, asaltos, arrebatos de bolsos, asesinatos, trifulcas, y muchos más y nos preocupamos especialmente por la etapa veraniega pues nuestros hijos salen a la calle diariamente en busca de entretenimiento.

Juan es un viejito de 68 años que vende pan a domicilio para buscarse unos pesitos pues la chequera (pensión), como a todos, no le alcanza.

Hace unos días salió de madrugada, como de costumbre, a buscar el primer cargamento.  A solo tres cuadras de la panadería, un hombre lo detuvo para hacerle una pregunta.  Juan se sorprendió  cuando en lugar de responder tuvo que entregar su bicicleta y el bolso donde guardaba dinero y documentos personales.  Cuando llegó tembloroso a la estación le preocupó que el policía dijera: ¿otro asalto?

Muchos creen que el incremento de estos delitos es debido a los crecientes problemas económicos de la población cubana.  Por un lado están los que han quedado desempleados y  se refugian en el delito como única alternativa, y por otro algunos jóvenes que aunque tienen posibilidades de permanecer en empleos regulares prefieren quedarse en la calle haciendo negocios ilícitos, robando, estafando, y golpeando a quien se le cruce en el camino.

Prefieren ir a la cárcel antes que mantener un empleo decente que, por supuesto, no les alcanzará para satisfacer sus necesidades y mucho menos sostener sus especulaciones, juegos ilícitos y borracheras diarias.

Mientras los organismos encargados intentan detener el creciente número de delincuentes, los que optamos por trabajar sufrimos las consecuencias de estos tipejos que lo mismo roban una bodega estatal que una casa particular.

A ellos poco les importa si la víctima es un simple trabajador que  pasó 5 o más años ahorrando para comprarse un televisor, o un jubilado con una mensualidad  de 12 dólares, tampoco les interesa si es un internacionalista que sacrificó a su familia durante 24 meses o más para adquirir sus equipos electrodomésticos, solo les preocupa hacer dinero fácil, aunque en ello vaya la vida de algún ciudadano.

Un ejemplo vivo de esto es que en menos de una semana atacaron a un pistero en una gasolinera ubicada en la calle Paseo, una de las principales arterias de la ciudad; un chofer particular fue atracado a punta de pistola.   Igualmente robaron en tres bodegas de la ciudad, sin mencionar todos los robos de viviendas que causan pérdidas considerables a las familias, en un momento en el que preservar lo que tenemos es más importante que nunca.

Durante los muchísimos años de crisis económica que ha vivido nuestro país hemos justificado que el carnicero se robe la carne, el lechero la leche, el de la imprenta el papel, y así una lista de nunca acabar; ahora además de estos que “luchan” es sus centros laborales, debemos lidiar con los que estafan, atracan, asesinan.  Me pregunto: ¿qué vamos a hacer con este último grupo?

 

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