Un regalo para Tania

Rosa Martinez

No me quedó más remedio que comprar lo que menos deseaba: una muñeca. Foto: Caridad

HAVANA TIMES, 23 junio — Se acerca el final del curso escolar y mi niña quedó entre los tres mejores de su aula.  Aunque algunos psicólogos aconsejan no recompensar a nuestros hijos por obtener buenos resultados en la escuela, hice caso omiso de esas opiniones científicas y decidí estimular a Tania, tiene 8 años, comprándole un atractivo juguete; a fin de cuentas después de 10 meses de estudio, levantarse temprano, y otras tareas que demanda el deber escolar, bien merecido tiene un regalo, ¿verdad?

Con tal propósito me dirigí al único lugar donde podría alcanzar mi objetivo: una de las  tiendas recaudadoras de divisas de mi municipio, en moneda nacional ni soñarlo. En Guantánamo, a diferencia de otras provincias, no tenemos una tienda dedicada exclusivamente  a la venta de juguetes, así que fui a la que más variedad oferta.

Una vez allí, entré en la gran disyuntiva: ¿qué juguete compro?  Durante el verano la mayoría de los niños, por no decir todos, solo piensan en saltar, correr, caminar, en fin, gastar la mayor cantidad de energía posible, por lo que pensé que una bicicleta podría ser el mejor regalo para que la mayor de mis hijos gozara durante sus merecidas vacaciones. Pero tamaña sorpresa me llevé cuando vi el precio, me dieron deseos de salir corriendo, necesitaba el salario completo de al menos 6 meses para poder comprar aquella mini bici.

La peculiaridad de vivir en una isla, nos mantiene aislado del mundo, pero da la posibilidad a todos los niños del país de acudir a las playas durante el caluroso verano. Reflexioné: “siempre vamos al río o a la playa, entonces puedo comprar una pelota de playa, una balsa,  un equipo de buceo o una pelota de voleibol”; desgraciadamente ninguna de estas opciones fueron posible; en la tienda no había pelota de ningún tipo, la balsa que encontré era muy pequeña, para niños de 2 a 3 años, “¿juego de buceo?,” me dijo asombrada la vendedora, “jamás hemos vendido tal cosa.”

La peculiaridad de vivir en una isla, nos mantiene aislado del mundo, pero da la posibilidad a todos los niños del país de acudir a las playas durante el caluroso verano. Foto: Caridad

Se me ocurrió la idea de un libro para colorear o sobre animales, que le gustan mucho, “no hay mejor regalo que un libro,” me dije; pero es que ya tiene muchos que todavía no ha leído, además siempre que puedo le compro alguno, así que no, esa idea finalmente no me gustó.

Podría haber optado por comprarle algún par de shorts para lucir durante esta época, o una gorra para protegerse del sol, pero no me gusta regalarle artículos personales en ocasiones especiales, eso lo compro cuando puedo, es mi obligación de madre.

No me quedó más remedio que comprar lo que menos deseaba: una muñeca.  No tengo nada en contra de las muñecas, y a mi hija les gustan de cualquier tipo y color: grandes o chicas, lindas o feas, a todas les encuentra un encanto; pero tenia la esperanza de llegar a casa con algo mucho más interesante.  El poco dinero con que contaba, igual debe ocurrirle a todos los padres trabajadores, y las pocas opciones, que ojalá no pase lo mismo en otras provincias, no me dejó otra alternativa.

Llegué a la casa con la muñeca que aunque ni cantaba, ni hablaba, ni pestañaba, sí costó sus buenos 10 cuc.

Decidí que ya que no pude comprar un juguete muy creativo para mi niña, la recompensaría  con más salidas este año de lo acostumbrado, más paseos al parque, al menos un viaje al parque zoológico, otro a Santiago de Cuba, que tanto a ella como a mi nos fascina siempre, y alguna que otra aventura en Santa Catalina, un campo lleno de vegetación, animales y frutas, que junto a su hermanito, su padre y yo, estoy segura disfrutará más que el mejor de los juguetes, ¿no creen?


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