Un gesto de amor no se olvida nunca

Rosa Martínez

HAVANA TIMES – Hace algunos años, demasiado para mi gusto, fui invitada a pasar un día entero con mis hijas en Los Corales, unos de los hoteles de playa de la bella ciudad de Santiago de Cuba.

Aunque no estuve más de 24 horas en aquella bella instalación, la estadía me sirvió para reforzar varias ideas: primero, suceda lo que suceda en la Isla, los cubanos de a pie (dígase profesionales comunes y empleados estatales de todas las esferas, así como todo aquel que no tenga un familiar en el exterior o acceso a la moneda dura) estaremos siempre en la misma, imposibilitados de acceder a los placeres que podría tener muchas personas en otro lugar de este planeta llamado Tierra.

Segundo, que los trabajadores del sector del Turismo, por conseguir unos dólares de más y las ropas o cualquier artículo necesario de los muchos que dejan los extranjeros cuando regresan a sus casas, son capaces no solo de traicionar al mejor de los compañeros, sino hasta de vender su alma al diablo. Increíble lo que pueden lograr la miseria y la necesidad de la gente unido al deseo de prosperar…

La tercera y más importante enseñaza de ese viaje que recuerdo con tanto cariño fue que, sin importar la barrera idiomática, la cultura, las diferencias, donde quiera hay personas que se preocupan por el bienestar de los demás, aunque sean meros desconocidos.

A tres parejas de canadienses que conocí aquel día, de los cuales nunca más tuve noticias, está dedicado este post.

Quiso la casualidad que Paul, un canadiense que se hospedaba en Los Corales, se acercara para hacerme un regalo, que él consideró “algo simple”, pero yo de sumo valor.

En un inglés que entendí perfectamente bien, por los cursos privados a los que he asistido, me saludó y me preguntó  con algo de pena, si me molestaba recibir un presente de parte del grupo que me presentó más adelante.

Entre soprendida y asustada le respondí que por qué yo entre tanta gente.

Y él rapidamente echó para atrás y me dijo, siempre en inglés: “Si hay algún problema, disculpa, es que como conocemos las necesidades que pasan los cubanos, y cada vez que venimos al hotel, lo cual es muy frecuente, traemos algunas cositas para las personas de la comunidad o para cualquiera que veamos y se la regalamos”.

Ok, ok, no problem”, le dije medio impresionada todavía.

Entonces me entregó una bolsa. “Not much, but something”, me dijo al oído.

En aquel paquetico había varios productos de primera necesidad: un pomo de champú y otro de acondicionador de fresa (cuyo olor no he sentido nunca más, pero no he podido olvidar), jabón, pasta dental, bolígrafos, gel de baño, libretas, rompecabezas, medias para un niño pequeño, entre otras cosas…

Después conocí a los otros amigos de Paul y conversamos un rato (como pudimos con mi inglés regular y su peor español…

Más tarde se despidieron y los vi salir rumbo al lobby del hotel, cargando cada uno una mochila con lo que ellos creían no era gran cosa.  Pero estoy segura que en el poblado al que se dirigieron, cada persona de que recibió un presente de ellos, por más simple que pareciera, al igual que yo, no olvidará nunca sus rostros, su cariño, y les agradecerá eternamente…

 

Rosa Martínez

Rosa Martínez: Soy una colaboradora más de Havana Times, profesora universitaria y madre de dos niñas bellas y malcriadas que son mi mayor felicidad. Mis grandes pasiones son leer y escribir y gracias a HT puedo cumplir con la segunda. Espero que mis escritos contribuyan a tener una Cuba más inclusiva más justa. Espero que algún día pueda mostrar mi rostro junto a cada uno de mis posts, sin temor a que me llamen traidora, porque no lo soy.

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2 thoughts on “Un gesto de amor no se olvida nunca

  • Recuerdo que tú y Vero, fueron las únicas que me dieron el pésame públicamente cuando mi padre murió y yo escribí el post. Eso no lo olvido y te lo agradezco.

  • Rosa: He conocido a muchos extranjeros de buen corazón a lo largo de mi vida y ese gesto de regalarnos cosas lo agradecemos, porque la necesidad que tenemos, y a la vez sentimos venguenza y queremos retribuirlo con ellos. Es una sensación extraña.
    Y de los que hablas de los cubanos que trabajan en el turismo yo lo vivi, hay gente horrenda.
    Gracias por contar tu experiencias. Espero nos conozcamos algún día, se nota que eres buena persona.

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