Sábado de verano

Rosa Martinez

Foto: Ihosvanny

HAVANA TIMES, 10 agosto — Generalmente el fin de semana las familias aprovechan para pasear y olvidarse de los empleos y los problemas hogareños.

Durante la temporada veraniega el sábado se convierte en el día especial para las salidas al aire libre, como son las visitas a la playa, al zoológico y al parque de diversiones, y los picnics en cualquier área verde.  Algunos prefieren cenar fuera de casa o simplemente visitar los familiares que viven lejos.

Este sábado, los primeros rayos de luz  anunciaban que sería una jornada ideal para llevar a cabo cualquier plan familiar.  Después de una tarde lluviosa, que refrescó el ambiente y eliminó el polvo, nada como un día soleado para pasear con tus hijos.  Si no fuera porque tengo el bolsillo liso, sería un día perfecto.

Desafortunadamente cada vez resulta más difícil, para los cubanos comunes, llevar la economía hogareña.  No importa si eres trabajador particular o estatal, si eres profesional o no; si no trabajas en turismo (legal o ilegal), si no eres jubilado de la Base Naval (USA) y no recibes remesa familiar con regularidad, mes tras mes te la verás oscura.

Mis bolsillos llegaron a este fin de semana dando gritos, de ahí la cara de tristeza con la que miro alrededor y saludo a los vecinos más cercanos.  Algunos tienen caras alegres (los menos), otros tienen caras más fruncidas que la mía; intento averiguar si tienen algún problema en particular o es que compartimos la misma desdicha.

María, la vecina de la derecha, no tiene nada para lavar este fin de semana, con sus tres niños de vacaciones en la casa tiene que arreglársela con un montón de ropa.

Mi tío pablo se lamenta en el patio porque se volvió a romper su bicicleta y no puede comprar los accesorios que necesita para repararla.

La gorda que vende bocaditos en la esquina, está hecha un rayo porque el negocio anda mal y apenas le alcanzaba para la comida.  “Coño, así no hay quien levante”- le grita a un amigo que quería un pan fiado.  Él no se asombró, ella siempre es así, grita y grita, pero al final te ayuda y hasta se sonríe.

La nueva vecina le comenta a Inés, la del segundo piso, que su hijo la tiene loca.  “Mes tras mes, el salario se me va  comprando calzado.  Este chiquillo tiene candela en los pies, entre la mala calidad y la forma que tiene de caminar no le duran nada, no puedo comprar nada más, trabajo solamente para sus zapatos.”

Ricardito, un niño de 6 años y además mi vecino predilecto, llegó  enojado en busca de mis niñas, se queja porque sus padres no querían llevarlo al parque 24 de Febrero.  “Mami nunca puede nada de nada, no sé para qué trabaja.” me dijo.

Le explico que la vida no es tan fácil como parece, que quizás cuando él trabaje le vaya bien económicamente, pero quizás no; por lo menos ahora solo abre la boca y consigue la mayoría de las cosas que quiere.

“Cuando trabajes tendrás que volverte mago para satisfacer tus necesidades y las de tu hijos, ¡pero no te apresures!, ya lo verás con tus propios ojos.” Por supuesto que mi respuesta no le gustó, igual siguió rezongando mientras iba sacando tarecos de la caja mágica de mis hijas.

Lidia tampoco sabía qué cocinar, no tenía ni un huevo.  “Voy a desconectar el refrigerador, lo único que tiene es agua.”  me dijo riéndose, aunque sabía que no hay nada de gracioso en el asunto.

Finalmente lo que aparentemente sería una jornada maravillosa se convirtió en un día común y corriente.  El poderoso caballero don dinero es capaz de joder hasta un sábado de verano.

 

 


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