Madre que no ama…

Rosa Martinez

HAVANA TIMES — A los hijos se les ama o se les odia, así decía mi abuela categóricamente. “No hay términos medios en cuanto a amor de hijos se trata. La madre o el padre que no ama sus hijos, simplemente los odia, y como tu padre no te odia, agregaba sonriendo, te quiere con locura”.

La escuché decir eso más de una vez refiriéndose a mi preocupación pues yo creía que papá no me quería porque siempre era duro al regañarme o al tratar de enseñarme, sentía su carácter fuerte aun cuando me abrasaba.

No sé si mi abuela, como casi siempre, tenía razón en eso también.  Del odio de una madre hacia un hijo sé muy poco, por no decir nada. Yo amé a los míos sin conocerlos, sin sentirlos en mi barrigota, aun cuando no estaba segura que estuvieran ahí, ya los amaba y los soñaba.

Con mi primer embarazo supe que sería una hembra de ojos claros sin necesidad de ultrasonido. Soñé con sus ojos, su pelo, su boca, su voz, antes de los seis meses de embarazo, no tuve que esperar a dar a luz para saber como sería la criatura que alimentaba dentro de mí.

En los dos casos tuve nauseas durante los primeros cinco meses de gestación, mis pies se hincharon y crecieron más de lo que hubiera querido, mi cuerpo cambió de forma tal que mis amigos no me conocían, aumenté tantas libras que todavía no logro librarme de la mitad de ellas, mis dientes sufrieron, mi columna se afectó, mi tiempo libre acabó, mis visitas semanales al cine se convirtieron en esporádicas, y nunca más leí un libro completo, cuando una niña no tiene hambre, la otra está cansada, cuando una no quiere que la cargue, la otra quiere que le cuente algo.

Pero con estas y más limitaciones quiero a mis hijas cada vez más, las quiero cuando lloran,  cuando son malcriadas, cuando miran la televisión, cuando corren o cuando ríen, las amo sin días feriados, sin importar que yo esté cansada o triste, sin importar que la vida esté dura o deba realizar algún acto de magia para alimentarlas.

Por eso no te entiendo Inés. No entiendo que quieras regalar  a tu hijo, que sientas que él es  una carga para ti porque llegó antes de lo planificado. No entiendo que te molestes con él porque tus caderas están más anchas y tienes algunas manchas en la piel. Tú dices que lo quieres pero que no  estás preparada para él. Yo te voy a repetir lo que decía mi abuela: a los hijos se les quiere o se les odia, no hay términos medios cuando de ellos se trata.

 

 


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