Ir o no ir, una decisión difícil

Rosa Martinez

HAVANA TIMES — Esther es una de mis mejores amigas. Con ella viví los sufrimientos de la beca, la dicha de la libertad universitaria y las escapadas con los primeros novios.

Son muchos los recuerdos buenos y malos que nos unen, ahora comenzamos a vivir uno nuevo, aunque no desconocido.

Mi hermana negra, como ella se autodefine, decidió salir de Cuba para siempre. Después de pensarlo mucho, se irá para Francia con su novio Andrés.

Andrés la ha estado presionando y ella ha aplazado la decisión justificándose primero con la operación de su madre a mediados del año pasado; después usó el pretexto de la abuela postrada que finalmente murió, se quedó sin excusas: o se va o lo deja.

Todos, o casi todos entendemos a Esther. Por un lado está la situación económica de la Isla que cada año empeora amén de las transformaciones que se ponen en práctica en nuestro sistema social, y por otro están las regulaciones migratorias que hacen de los cubanos unos desterrados.

Su padre, al parecer, lo aceptó con facilidad. Se veía contento el día que cenamos juntos en una especie de despedida sin palabras tristes.

Su hermana, lloró y lloró, pero al final dijo: nunca te olvides de nosotros, es lo único que te pido.

Marta, su madre no dijo nada en todo el día, parecía animada preparando la comida favorita de su niña mimada. Todos disfrutamos de ese sabor criollo que solo ella sabe impregnar en cada uno de sus platos; sentí que faltaba algo, mas callé.

La madre tampoco abrió la boca cuando comenzamos a burlarnos de la idea de una guajira caminando por las calles de París, de una Esther que nunca más tomaría agua del Guaso, pues cuando regresara a Cuba estaría adaptada al agua limpia que sale por las tuberías francesas.

Foto: Caridad

Cuando decidí marcharme la madre de Esther me acompañó hasta la puerta. Mi amiga prefirió seguir conversando con unos vecinos que se unieron a la reunión familiar, dijo que aquello se estaba pareciendo demasiado a un adiós y ella ni siquiera sabía si estaría mucho tiempo en aquel país.

Esther la quiere mucho Marta, usted lo sabe ¿verdad?, le dije.

Marta me miró con ojos tristes y me dijo: quien ama de verdad siempre está cerca de las personas que quiere.

Sé que la vida no es tan simple como parece, y entiendo a Martha, pero también entiendo a Esther, no sé sin un día su madre logre hacerlo también.


One thought on “Ir o no ir, una decisión difícil

  • el 12 octubre, 2012 a las 5:31 pm
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    Me alegra saber de ti aunque sea de este modo un poco melancólico. Es cierto lo que dijo la madre de tu amiga.

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