Historias del barrio

Rosa Martínez

Foto: Caridad
Foto: Caridad

HAVANA TIMES — Desde que nací (hace más de 40 años, disculpen no recuerdo muy bien cúando), vivo en las afueras de San Justo, uno de los barrios marginales de la ciudad de Guantánamo.  Ese tipo de vecindarios está poblado, generalmente, por personas de bajo nivel cultural y sabemos bien lo que eso significa.

Las riñas, negocios ilegales, corridas de caballos, peleas de gallos y perros, y la bolita, son solo algunos de los males que por aquí abundan.

A pesar de esos problemas, característicos de cualquier país tercer mundista y la miseria que se apodera de algunas familias, mi vecindario está lleno de leyendas y personalidades que no aparecerán en ningún libro, pero sí en cualquier novela televisiva actual, como la cubana que pasó la televisión cubana hace poco y que fue muy criticada por mostrar la realidad de manera tan cruda.

De esas personas que dan vida al lugar y de las anécdotas relacionadas con ellas quiero contar a los amigos de Havana Times para que se familiaricen con uno de los barrios más pobres, pero más vivos de mi ciudad…

Ahí les va la primera…

Alegres hasta en la adversidad

Caía  la tarde del sábado primero de octubre. La provincia estaba bajo alarma ciclónica, la tormenta tropical Matthew, convertida en terrible ciclón categoría 4 desde dos días antes, se afilaba los dientes para devorar el territorio oriental cubano, al menos eso creía el propio Dr. Rubiera, jefe del centro de pronósticos de Cuba.

Desde el día anterior la gente andaba desesperada buscando alimentos duraderos como galletas, siropes, así como carbón, velas, y  aseguraban las viviendas.

Sandy (2012) era una imagen no muy lejana, todavía se recordaban los cientos de hogares destruidos  y las cuantiosas pérdidas materiales, por eso la mayoría cumplía las medidas orientadas por la Defensa Civil.

Por la radio y la televisión provincial habían pedido a la población comprar  todos los productos racionados de la canasta básica, porque en caso de que se echaran a perder por las lluvias los consumidores no serían compensados.

Alrededor de las ocho de la noche me dirigía a la bodega, que estaría abierta hasta las 11:00 pm, cuando me topo con gran cantidad de jóvenes bailando a ritmo de reguetón.

Mientras casi toda la población guantanamera se preparaba de una manera u otra para enfrentar los embates del meteoro, mis vecinos más jóvenes hacían como si no pasara nada y se divertían de lo lindo, cerveza de pipa incluída.

“Es que no saben que un ciclón categoría 4, casi 5,  viene hacia nosotros”, pregunté a tres conocidos que econtré en el tumulto.

“Sí, si sabemos, pero qué vamos a hacer, nos divertimos por si acaso es la última vez…  sin palabras.

Rosa Martínez

Rosa Martínez: Soy una colaboradora más de Havana Times, profesora universitaria y madre de dos niñas bellas y malcriadas que son mi mayor felicidad. Mis grandes pasiones son leer y escribir y gracias a HT puedo cumplir con la segunda. Espero que mis escritos contribuyan a tener una Cuba más inclusiva más justa. Espero que algún día pueda mostrar mi rostro junto a cada uno de mis posts, sin temor a que me llamen traidora, porque no lo soy.


4 thoughts on “Historias del barrio

  • el 25 noviembre, 2016 a las 5:29 am
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    Estimado Isidro:

    Por esta vez, me da un inmenso placer estar completamente de acuerdo con usted.

    Esta cualidad del cubano no se presenta solo en Cuba. Hace dos años, en pleno peligro de avalancha cerca de Courmayeur (Valle d’Aosta, Italia) reconocí el alegre “cantado” de tres lindas cubanas de Santiago que seguían fumando y haciéndose fotos muy divertidas mientras que toda la gente se ponía a buen reparo.

    Preocupado, me presenté y les pregunté si no habían entendido la alarma y me contestaron, literalmente y juro que no miento, “ay mi chino, hoy es el único día que hemos podido salir a pasear así que vamos a gozar sí o sí”.

    ¿Y quién les quita la razón?

  • el 24 noviembre, 2016 a las 5:36 am
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    Rosa, no veo mucho de qué asombrarse en la anécdota…En 1961 se esperaba de un momento a otro una invasión armada desde EE.UU. (Girón suponía un preámbulo), y a pesar de ello, cuando los cineastas Sabá Cabrera Infante y Orlando Jiménez Leal salieron a la calle con su cámara de cine, recogieron un desbordamiento de habaneros vacilando la vida, bailando y bebiendo hasta la madrugada. Lástima la suerte posterior que corrió aquella crónica filmada y la contracorriente ideológica que desató… Pero a la larga lo que ha quedado para la posteridad es que así somos como pueblo: Sobre una tumba, una rumba…

  • el 24 noviembre, 2016 a las 5:07 am
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    Y?

  • el 23 noviembre, 2016 a las 8:28 pm
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    No sé si reírme o llorar…..

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