Rosa Martínez

Parada de guagua en La Habana.
Parada de guagua en La Habana. Foto: Juan Suárez

HAVANA TIMES — Cada vez son más frecuentes las groserías en nuestras casas, calles y barrios. No se si es que los problemas económicos del cubano actual se traducen en maltrato, gritos, gestos ofensivos, en fin, más violencia.

Ayer mismo presencié una escena vergonzosa no solo para la víctima, sino para cualquiera que tenga la desdicha de ser testigo.

Habían pasado unos minutos después de las siete de la mañana y yo, como siempre, corría para llegar temprano a mi primer turno de clases.

Pero una joven desgarbada tenía tanto o más apuro que yo, pues llevaba una carrera rapidísima al lado mío. Al parecer llevábamos el mismo destino, pero por más que intentaba estar a la par de ella, su juventud y delgadez me relegaban a la retaguardia.

Antes de llegar a la parada de la guagua, nuestro objetivo común, la muchacha de ojos iracundos sufrió un percance.

Antes de que sucediera la tragedia conseguí ver claramente su rostro que, aunque muy joven y lleno de vida, mostraba claramente las miles de preocupaciones que cargaba.

Rápidamente comencé a imaginarme la vida que llevaba. La creí una madre trabajadora, como yo, quizás soltera. Deduje que tendría más de un hijo, tal vez uno de ellos enfermizo.

Su salario, pensé, debe ser tan bajo como el mío, su ropa también luce desteñida y fuera de moda.

Como el 95 por ciento de las mujeres cubanas, trabajadoras o no, se debe gastar las neuronas pensando en qué hacer para llevar un plato de comida diariamente a la mesa.

Posiblemente hasta odie su empleo y está obligada a permanecer ahí porque no tiene quien la ayude, o deba lidiar con un jefe prepotente e injusto.

Debe estar enferma, me dije, porque mirándola bien su cara está pálida, o no se alimenta bien por alguna preocupación especial.

Todo eso pensaba cuando un niño de 5 años, más o menos, chocó a la joven, la hizo caer estrepitosamente y me sacó de mis pensamientos.

Rápidamente un hombre y yo la socorrimos, había caído sobre una de sus piernas y le resultaba difícil pararse por sí misma.

Estaba a punto de pasarle la mano por la cabeza para acomodarle el cabello, cuando miró desafiante al niño, también en el piso, y le gritó: “Maldito, perro sarnoso, casi me matas”.

Los pensamientos que había sobre aquella larguirucha desaparecieron súbitamente. Ya no me interesa a que se debía su cara triste. Ningún problema, preocupación o novedad familiar justificaba aquellas palabras de odio contra aquel pequeño, cuyo único delito era correr descuidadamente por la acera.

Rosa Martínez

Rosa Martínez: Soy una colaboradora más de Havana Times, profesora universitaria y madre de dos niñas bellas y malcriadas que son mi mayor felicidad. Mis grandes pasiones son leer y escribir y gracias a HT puedo cumplir con la segunda. Espero que mis escritos contribuyan a tener una Cuba más inclusiva más justa. Espero que algún día pueda mostrar mi rostro junto a cada uno de mis posts, sin temor a que me llamen traidora, porque no lo soy.

5 thoughts on “Entre el amor y el odio

  • No se, quizás realmente mi clandestinaje sea solo por la misma razón que algunos tonys no son tonys y otros cassys tampoco son cassys.

  • Yo espero que Rosa entienda lo que Tony le expresa porque hay quienes compartimos los mismos sentimientos.

  • Rosa, a mi me pasa una cosa muy curiosa con usted. Cuando escribe sobre el odio y el amor como que no le creo que sea de verdad. Lo expresa de una forma muy mecánica y sin pasión. Son sentimientos que no pueden expresarse tan descafeinadamente. La forma no es convincente y no me parece real, o a lo mejor esas no son las palabras exactas. Esa es mi impresión. Tampoco veo razón para que siga en el clandestinaje. ¿Quien y porque la van a llamar traidora?

  • Rosa,

    Un solo comentario, enunciado por alguien en un momento de ofuscación, ¿es suficiente para que pierdas toda posible empatía con esa persona?

    Discúlpame, pero me es más facil identificarme con aquella “larguirucha”, como le dices despectivamente, qué con alguien que es capaz de juicios tan instantáneos (y basados solo en un materno-moralismo que se asemeja a un fundamentalismo en muchos de tus posts).

  • En Cuba la ideologia sustituyo a la moral; pero lo que esta mal para la moral puede estar bien para la ideologia. Por ejemplo: 4 personas le caen a golpe a otra , para la moral esta mal hecho; pero para la ideologia puede ser hasta un merito si el agredido esta hablando mal de la revolucion. Una vez saltada la barrera por causas politicas , porque no hacerlo para los otros ambitos de la vida cotidiana. Escurioso como el mayor transformador de la conciencia social de occidente , Jesus de Nazaret, no se le dedica ni una pagina en la historia universal contada en las escuelas en Cuba.

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