COVID, soledad, muerte

Por Rosa Martínez

Calle de un barrio de Guantánamo, Cuba. Foto: Mapio.net

HAVANA TIMES – Cuando menos los imaginamos, cuando más las personas quisieron cuidarse, y después de acechar por aquí y por allá, el nuevo coronavirus llegó a nuestra área.

Sin piedad, sin importar los ruegos y oraciones de familiares y amigos, sin tener en cuenta la belleza física rebosante y los muchos recursos puestos en función del cuidado de la enferma, el SARS CoV-2 asesinó vilmente a Loida, una vecina de solo 40 años.

Cuando supe que en la vivienda marcada con el número 114 también había contagiados, rápidamente me acerqué para ofrecer ayuda en lo que necesitaran: dígase hacer algún mandado, gestionar un medicamento, llevarles un té, lo que fuera.

Me preocupé especialmente, porque son personas que tienen muy poco tiempo en el barrio y sé que todavía no se relacionan muy bien con los vecinos.

Una de las chismosas de la zona no se cansa de decir que como tienen dinero se creen que no necesitan de nadie. Yo particularmente creo que si eso fuera cierto no hubieran venido para esta barriada de mala muerte donde abunda el fango o el polvo, en dependencia del estado del tiempo. Aunque la verdad sea dicha, estos son los mejores sitios para los negocios…

La cuestión es que llegué hasta la casa número 114 y llamé casi desde la calle.

Cosa rara, quien respondió fue Alberto, padre de Loida, a quien anteriormente había visto escasas veces porque siempre estaba trabajando.

No vayas a pasar, dijo con voz apagada, todos estamos positivos al test rápido y estamos esperando el resultado del PCR”.

Sí, ya lo sé, por eso estoy aquí, por si necesitan ayuda con algo, aunque sea buscar plantas medicinales”, le contesté.

Sonrió y asentó con la cabeza.

Pude ir par de veces más, primero con un poco de caldo para Loida (que era con quien mejor me llevaba), pues supe que no quería o no podía probar bocado. Después les llevé un té de varias plantas que prepararon las mágicas manos de mi madre.

Mi vecina llegó a probar el caldo, pero para cuando arribó la infusión ya era tarde. Loidita había fallecido sorpresivamente en la madrugada a causa de una repentina falta de aire.

Después de muchos días, cuando creí conveniente o cuando consideré que podía, fui a conversar con la madre de la fallecida.

En el portal, siempre manteniendo la distancia, logré sacarle algunas palabras.

Lloró mucho, y no pude hacer más que esperar. Pero después del llanto llegó la calma, una conversación inolvidable y una confesión terrible.

Rosa, me dijo, ha sido muy duro. Perder a un hijo es una experiencia desgarradora, que no le deseo ni al más vil de los mortales. Pero si doloroso fue ver morir a mi única hija hembra, más triste fue el rechazo que sentimos por parte de los vecinos. Fue terrible sentir la muerte acechando la casa, pero peor aún fue la soledad que nos trajo esta maldita enfermedad.

Lea más del diario de Rosa Martínez aquí.

Rosa Martínez

Rosa Martínez: Soy una colaboradora más de Havana Times, profesora universitaria y madre de dos niñas bellas y malcriadas que son mi mayor felicidad. Mis grandes pasiones son leer y escribir y gracias a HT puedo cumplir con la segunda. Espero que mis escritos contribuyan a tener una Cuba más inclusiva más justa. Espero que algún día pueda mostrar mi rostro junto a cada uno de mis posts, sin temor a que me llamen traidora, porque no lo soy.


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