COVID 19, mi primera historia desde Guantánamo

Por Rosa Martínez

Ilustración: venceremos.cu

HAVANA TIMES – Son las cuatro y 20 de la tarde del lunes 17 de marzo. Salgo de mi nuevo trabajo con destino al centro de la ciudad de Guantánamo, debo comprar algunos productos de primera necesidad antes de llegar a casa.

Hago recuento de cuánto tengo en mi cartera, para saber qué podré comprar o no. Tengo una lista de lo que más necesito, para que no olvidar nada importante, como me ha sucedido tantas y tantas veces.

Mientras mi mente se enfoca en detergente, jabón de tocador, aceite, frazada para piso y quizás, solo quizás, un paquetico de café, la conversación del grupo que, igual que yo, espera algún transporte, me saca de mis pensamientos.

Y es que en Cuba no se habla de otra cosa, imagino que en el mundo entero sucede igual, pues no queda rincón del planeta donde no haya llegado el problema.

La gente trata de llevar su vida normalmente -y en realidad muchos lo logran- por lo menos aparentemente. Aquí todavía todos acuden a sus labores diarias, ya sea trabajo o escuela. Y las calles permanecen llenas como de costumbre, incluso más aún, ya que las colas se han multiplicado, si es que eso es posible ante tanta escasez desde inicio de 2019.

Pero la pura verdad es que el dichoso coronavirus es el principal tema de conversación en cada centro laboral, en cada escuela, en cada casa o esquina barrial y, por supuesto, también en las colas o aglomeraciones de gente, tan común en nuestra Isla. Esta parada no es la excepción.

Cubanos al fin, el diálogo comenzó de manera animada con dos señoras que parecen ser amigas, o al menos compañeras de trabajo, pues se trataban con gran familiaridad. El eje central, en este caso, fue si se debía permitir no o el arribo a puerto cubano del crucero con tripulación inglesa.

A las dos amigas se sumaron dos jóvenes estudiantes de Medicina -lo supe por su uniforme-, un matrimonio que conozco, pues viven frente a mi trabajo, tres ancianos y tres muchachones que parecían estar muy bien informados sobre el asunto.

El debate, que en Cuba no es nunca realmente debate, sino más bien discusión -nuestra sangre latina nos hace hablar alto, gesticular y creer que siempre tenemos la razón- se fue acalorando a medida que daba el sol en aquella parada sin techo para guarecerse, aunque la tarde avanzaba lentamente.

De los participantes de la interesante polémica, la mayoría estaba a favor de que se permitiera el desembarque, en tierra cubana, de todas las personas a bordo de la embarcación y después su traslado rápido a sus países, a pesar de lo riesgos que eso podría acarrear para toda la población de la Isla.

Los dos ancianos dijeron que de solo pensar que podían ser sus familiares, sus amigos o vecinos los que necesitaban auxilio, sus corazones no les permitían negar ayuda a esas personas. Según ellos, era cuestión de humanidad, dijeron que a pesar de los terribles peligros no se podía negar la asistencia a esos seres humanos, que lo que debían hacer las autoridades era extremar las medidas en el traslado hacia el aeropuerto.

Las dos amigas también apoyaban la decisión gubernamental, y según refirieron lo habían mostrado, incluso, en las redes sociales, con mensajes de solidaridad hacia la tripulación del crucero.

Los jóvenes, en cambio, opinaban bien diferente; ellos, además de criticar la posición cubana con respecto al crucero, alegando que otros países con mejores condiciones no lo hicieron, también criticaron la decisión de las autoridades con respecto a la continua entrada de turistas, pues no tienen en cuenta el gran peligro de contagio para la población, que es la que pagará los platos rotos de las malas decisiones de arriba.

Según explicaron, conocían la importancia del turismo para la decadente economía nacional, pero razonaron que un brote del letal virus sería peor que lo que significarían las pérdidas del cierre parcial de la frontera. Uno de ellos afirmó que al menos debían impedir la entrada de viajeros provenientes de los países con mayor cantidad a de contagios como por ejemplo Italia, Francia y España.

Cuando alguien me preguntó mi opinión, y me decidía a compartir mi disertación, llegó una guagua y todos se apresuraron a montarse en el vehículo. Todo el mundo se olvidó no solo de escuchar lo que yo podía opinar, sino de todas las medidas de prevención para evitar el contagio del COVID 19, pues se lanzaron unos encima de los otros, los pasamanos y bordes de los asientos fueron acariciados una y otra vez, y para colmo, una pasajera, en medio de aquel ómnibus atestado, tosía constantemente y aunque más de uno la miraba con recelo, no les quedaba más remedio que quedarse cerca de dicha señora, pues no había ni un huequito hacia donde correrse.

Rosa Martínez

Rosa Martínez: Soy una colaboradora más de Havana Times, profesora universitaria y madre de dos niñas bellas y malcriadas que son mi mayor felicidad. Mis grandes pasiones son leer y escribir y gracias a HT puedo cumplir con la segunda. Espero que mis escritos contribuyan a tener una Cuba más inclusiva más justa. Espero que algún día pueda mostrar mi rostro junto a cada uno de mis posts, sin temor a que me llamen traidora, porque no lo soy.



3 comentarios sobre “COVID 19, mi primera historia desde Guantánamo

  • Muchas Gracias por Sus Palabras.Que ABERRACIÓN como no se pueden Dar de CUENTA de lo Serio del Problemas.Que Esta PASANDO en Estos Momentos en ITALIA,ESPAÑA…QUE PENA CON MI CUBA QUERIDA.*”

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  • No estoy en contra de la ayuda que se brindó al crucero, que espero haya sido con máxima seguridad, lo que si no debe ser que no se cierren los aeropuertos para el turismo, con el peligro de que empiecen a aparecer mas casos cada dia. Es que no se puede detectar hasta que no empiecen los sintomas. Incluso en la televisión cubana dicen que no se van a cerrar y siguen fomentando el turismo. La carga de mercancia puede entrar, y el personal mínimo, que no es lo mismo que un avión cargado de pasajeros.

    Respuesta
  • En países desarrollados hay cientos de muertos cada día, en Cuba donde no hay ni jabón y en los ‘hospitales’ hay que llevar hasta las sábanas va a ser una masacre. ¡Cuídense!

    ¡Gracias Fidel!

    Respuesta

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