No te corones el Virus en La Habana o ¡sálvense quien pueda! 2

Por Regina Cano

Una mujer con nasobco afuera del aeropuerto José Martí de la Habana. Foto: Ramon Espinosa / AP

HAVANA TIMES – Ya se puede apreciar en La Habana un aumento en el uso del nasobuco por los transeúntes. Aunque comparativamente, este uso no es motivo para congratularnos, ya que no garantiza una parte importante de la seguridad necesaria en espacios públicos, donde puede estar transitando tanto quien incuba el virus, como el que no lo tiene en el organismo.

Se escucha decir por las noticias oficiales en el país, que el nasobuco debe ser usado por lo(a)s que padecen gripe en general y que por la propia salubridad debe ser retirado cada tres horas y lavado posteriormente.

Cuba se declara aún en etapa pre-epidémica con 41 enfermos y cerca de 900 ingresados bajo observación. Según la evolución del virus, el nivel de contagio es hasta ahora de crecimiento lineal -aumentan más o menos en una cantidad constante- y no precisamente exponencial como en otros países, pero esto pudiera tener un viraje en cualquier momento no siendo más un virus importado.

Entretanto, por los noticiarios de la televisión, uno escucha las estadísticas, la actualización del estado de la pandemia en el país y ve como aquellos que nos conminan a ser cuidadosos no acatan las medidas que tanto nos solicitan. En una conferencia de prensa, sean estos periodistas, el panel que les responde, o sean personalidades que representan las altas esferas sociales – visitando lugares de importancia determinada, según los acontecimientos actuales-, o los mismos locutores de estas noticias, no se les ve tomar siquiera el mínimo de estas precauciones.

Considerando que hay un límite que se debe cruzar en un momento determinado -a pesar del cuidado que se tiene para que una población no caiga en pánico- es tal vez la hora exacta de cambiar este método de presentar una imagen de alerta, que tal vez la población cubana no acata con el nivel de entendimiento que se espera.

Mientras, alguien sube a las redes sociales, la foto de una cola de los que aspiran a tomarse un helado en Coppelia, con aparente despreocupación. O hay familias en los barrios que no envían a los niño(a)s a la escuela primaria, por el justificado temor al contagio del Covid-19; pero no toman en cuenta que sus hijo(a)s corretean por el barrio libremente. O algunas rutas de ómnibus continúan llenas y ni qué hablar de las necesarias colas por abastecimiento tanto alimentario como medicinal.

Esto evidencia, que aún el nivel de percepción de riesgo sigue siendo muy bajo para este momento, aunque perviva un cierto recelo de “me puedo contagiar” y no una conciencia de la expansión que este virus puede alcanzar. Las noticias de los familiares fuera del país dan una intermitencia roja, pero esto queda lejos de la realidad en Cuba.

Y sin embargo, aunque se habla desde la oficialidad sobre modalidades de clases y trabajo a distancia y de la restricción de vuelos, se impone que la gente tome precauciones conscientes de “hasta dónde cuidando a los otros, me estoy cuidando yo”, siempre que le sea necesario montarse en una guagua, hacer una cola o concurrir a un lugar donde se concentran más de 5 personas, porque no hay como una imagen real –televisiva, institucional o no- que muestre el mensaje necesario y/o exacto.

 

 

Regina Cano

Regina Cano:Nací y he vivido durante toda mi vida en La Habana, Cuba, la isla de la que no he salido aún y a la cual amo. Vine a esta realidad un 9 de Septiembre. Mis padres escogieron mi nombre por superstición, pero mi madre me crió fuera de la religión que profesaba su familia. Estudié Contabilidad y Finanzas en La Universidad de La Habana, profesión que no desempeño por ahora y que decidí cambiar por hacer artesanías, algo de cerámica y estudiar un poco sobre pintura e Inglés. Ah! Sobre la foto; me identifico con los preceptos Rastafari, pero no soy una de ellos, solo tengo este gorro que uso de vez en cuando, pero les aseguro que no tenía una foto mejor.

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