Capacidad contraída, no disminuida

Regina Cano

Foto: Elio Delgado

“Las prebendas pueden crear monstruos”, han repetido muchos por años ante síntomas que horripilan.

La sociedad socialista ha significado beneficios innegables para los cubanos y en esta lista se distingue el trato especial a personas con capacidades diferentes a la gran mayoría: impedidos físicos, visuales, de escucha (sordos), personas con retrasos mentales, síndrome de Down y algún otro que puedo olvidar en este momento.

Para lograr que no se olvide este referente, se crearon hace muchos años unas Asociaciones que los reúnen a casi todos, a la cual pertenecen la gran mayoría de estos cubanos, pretendiendo equiparar los derechos en lo posible.

Así quedó constituida la Asociación Cubana de Impedidos Físicos Motores (ACLIFIM), la Asociación Nacional de Sordos de Cuba (ANSOC) y la Asociación Nacional del Ciego (ANCI).

Gentes! Todo eso suena a justeza, porque así no se dejaba a estos seres a merced de las crueldades e impiedades de otros.

“Pero siempre hay un pero profiláctico” como decía Ramón Fernández Larrea.

Se puede ver a un síndrome Down ser utilizado por su hermana para pasar antes que la fila en un Banco, cuando él no entiende de cuentas y ella podría hacer el pago o el cobro por sí sola.

Sorprende descubrir tras los incapacitados vendedores en plazas o a la puerta de sus casas, el engranaje de articulaciones comerciales que se desarrollan, pues amparados bajo la imagen del que pone la cara y su carné de asociado como minusválido, se esconde -a veces- una fabricación clandestina, que ahora finalmente tal vez puedan tomar carácter legal, o el producto de robos en el peor de los casos.

Una mujer embarazada –llamémosla incapacidad temporal- va a comprar el gas de balita y a su lado un hermano o esposo aprovechan su condición para salir antes que los demás.

Cuando hay una cola muy larga para algo muy necesitado por todos y escaso, siempre aparecen los incapacitados o una embarazada que dejan a todos los capacitados en sus casas y se encargan ellos de hacer las compras.

Estas no son las únicas oportunidades en que esto se evidencia, pero sí las más comunes, las que otros toman de manera callada y con inevitable benevolencia, pero que no dejan de suscitar comentarios discretos de inconformidad.

Regina Cano

Regina Cano:Nací y he vivido durante toda mi vida en La Habana, Cuba, la isla de la que no he salido aún y a la cual amo. Vine a esta realidad un 9 de Septiembre. Mis padres escogieron mi nombre por superstición, pero mi madre me crió fuera de la religión que profesaba su familia. Estudié Contabilidad y Finanzas en La Universidad de La Habana, profesión que no desempeño por ahora y que decidí cambiar por hacer artesanías, algo de cerámica y estudiar un poco sobre pintura e Inglés. Ah! Sobre la foto; me identifico con los preceptos Rastafari, pero no soy una de ellos, solo tengo este gorro que uso de vez en cuando, pero les aseguro que no tenía una foto mejor.


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