¡Qué clase de personaje!

Por Lorenzo Martin Martínez

HAVANA TIMES – A casi 20 días del paso del ciclón Ian por tierras de la más occidental de las provincias cubanas, todo ha vuelto a la normalidad… bueno, al menos según el régimen. Aclaro que con normalidad quiero decir apagones un par de veces a la semana, en dependencia de la zona, carencias, precios altos y colas interminables.

Aprovecho la mañana del domingo para hacer algunas compras con el dinero que me mandó mi hija y compartirlas luego con mamá. Pude conseguir un poco de pollo y salchichas como para la semana. También me alcanzó para comprar algunas viandas en el agro mercado, bastante caras, por cierto.

Camino a casa de la vieja me encuentro a Chacho descansando en un quicio, uno de esos personajes del barrio que siempre han estado ahí pero que uno no sabe a ciencia cierta de dónde salieron. Chacho, ni siquiera conozco su nombre real y dudo que muchos lo conozcan, ha sido presidente del CDR, delegado del Poder Popular y es amigo de mamá.

Chacho es un tipo súper pintoresco, de 73 años según confiesa, tiene más historias que edad. Siempre fue vecino de la familia, aunque se vino a acercar cuando falleció papá víctima de aquel fatal accidente. Se portó muy amable con la vieja, aunque sus intenciones eran bien carnales. No sé si fue porque  mamá solo fue capaz de amar al viejo o por alguna otra razón, ella siempre lo mantuvo a raya y sus avances terminaron siendo infructuosos y hoy son solo dos amigos que se hacen compañía y conversan de cada detalle de la vida.

Chacho está retirado hace bastante tiempo y ahora solo se dedica a hacer historias y contar su vida “revolucionaria”.   Según él, perteneció a la guerrilla del Che en la Sierra Maestra, sacando cuentas tendría diez años al triunfo de la revolución. Participó también, según dice, en la campaña de alfabetización. Cortó caña en la zafra de los 10 millones y unas cuantas más. Chacho estuvo en más de cinco misiones internacionalistas y participó en cientos de épicas batallas, siempre según sus historias.

Puede que Chacho un día te cuente que era artillero y otro haya cambiado para el cuerpo de pilotos de guerra. También jura que fue escolta de Fidel Castro y te narra cómo lo defendió de un artero atentado.

Yo en realidad rio mucho con sus ocurrencias. El colmo para mí es cuando me cuenta cómo un día, en la lejana Etiopía, en una tropa comando, internados en una selva, morían de hambre. El cuenta que vieron un jabalí de cerca de 400 libras, le apuntó con su rifle y le disparó una ráfaga. Dice que el jabalí iba directo a donde estaban ellos a toda velocidad, enfurecido, pero que la ráfaga lo corto justo a la mitad y siguieron corriendo ambas partes del cuerpo por separado durante casi 20 metros. Cuando quiero hacerlo rabiar le pido que me narre el suceso y al terminar le pido que al menos le rebaje unas libritas al animal. Eso lo pone al punto de echar espuma por la boca.

Hoy Chacho vive su vida entre la Habana y Miami, donde viven sus hijos y nietos, y él mismo es residente. En el 2013 él reclamó la ciudadanía española por descendencia directa. Sus padres vinieron para la isla en los años 40 del siglo pasado huyendo de la dictadura franquista, y esas son otras de las historias que cuenta con verdadero entusiasmo. Por cierto, Chacho habla usando la zeta como el más castizo de los españoles.

Después de recibir el pasaporte español viajó a los Estados Unidos, donde hacia algún tiempo vivían sus hijos y se quedó el tiempo suficiente para adquirir la residencia y con ella una ayuda o retiro del gobierno federal. Chacho va al menos una vez al año a los Estados Unidos, se queda un par de meses allá, cobra sus cheques y regresa contando lo podrida que está la sociedad americana y de lo anticomunistas que son en Miami.

Lo ayudo con las jabas de su compra y reanudamos la marcha a casa mientras conversamos.

– ¿Que tal de compras Chachito?- pregunto por romper el hielo.

– No me digas Chachito, que sabes que no me gusta, yo soy Chacho, ni el comandante se atrevía a achicarme el nombre. Aquí, que fui a comprar los cigarros que llegaron a la bodega y se vencen mañana. De paso me llegué al agro para comprar algunas cositas para la vieja y para mí. Por cierto, espero que hayas traído café, porque llevo tus cigarros también.

– Si, tú sabes que siempre le traigo un paquetico aunque sea de la bodega a la vieja- le recuerdo – ¿Y los nietos que cuentan, viejo?

– Esos son unos mal agradecidos que tengo que ir a verlos allá porque dicen que aquí no vienen hasta que se caiga la revolución. Lo que no saben es que esto no se cae nunca, esta revolución llegó para quedarse. Mientras quede un tipo como yo con fuerza para pelear aquí vamos a estar aunque le duela a los yumas.

– ¿Qué revolución, viejo? ¿Qué fuerza? ¡No jodas!- le digo sin tapujos.

– La revolución de Fidel, tú eres otro desagradecido que deberías haberte ido para el carajo hace rato. Tienes que aprender de tu hermana y agradecer todo lo que se ha hecho por ustedes -dice poniéndose belicoso ya.

– La revolución murió al nacer, Chachito. Y si hablas de agradecer el hambre que he pasado y la miseria en que está sumida la isla, no Chacho, no tengo nada que agradecer.

En medio de la charla llegamos a casa de mamá, quien con cara inquisidora nos observa desde el portal. Me saluda con un beso y toma algunas jabas para entrarlas mientras le dice a Chacho:

– No le hagas caso a Lorencito, a él le gusta joderte- dice mamá, notando el visible rubor de indignación en la cara de él.

Me siento en el portal a esperar el café que ellos preparan mientras dejo volar mis pensamientos. Un par de señoras mayores pasan atareadas con sus compras e imagino cuán diferente debería y podría ser la vida.

Pienso en tantos y tantos nietos separados de sus abuelos por cuestiones de ideología. Pienso en cuántas familias rotas, en cuántos ancianos que morirán sin ver de nuevo a sus seres queridos solo porque estos buscaron enrumbar sus vidas con mejores perspectivas económicas y con un poco de libertad.

Pienso y no puedo dejar de entristecerme al ver a tantos Chachos que dejaron su vida en defender un proyecto que hoy los olvida y los hace vivir entre la miseria y la desolación, languideciendo entre   sueños rotos y aun así negándose a aceptarlo.

Llega el café y lo bebo con parsimonia; mientras, los veo charlar sin escuchar cómo intentan arreglar lo que no tiene arreglo. Cierro los ojos y sueño despierto cuán diferente puede ser.

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One thought on “¡Qué clase de personaje!

  • Viviendo de los hijos y de USA y todavía defendiendo a esa dictadura, verdad que es un personaje. Gracias por tus escritos colega, los disfruto.

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