Yamila y el sueño que no muere

Pedro P. Morejón

HAVANA TIMES – Yamila es una jinetera, como se le llama en Cuba a las mujeres que ejercen la prostitución con extranjeros. Tiene 27 años y luce despampanante. Es lo que los cubanos decimos: “un cañón.

Nació en el 92, pleno período especial. No conoció al padre, solo supo que era de La Habana y que se fue por el “Bombo” para Los Estados Unidos, a principios del 2000. Nunca se ocupó de ella ni conoce su paradero.

Me cuenta que desde los catorce empezó a notar que los hombres la miraban con deseo y los muchachos la trataban como si fuera una diosa, pero ella pensaba en tipos con dinero, tipos que le compraran trapos, tipos que la sacaran del país, que es lo que siempre ha querido, “yumas”, como dicen.

-La vida está durísima y no quiero que me pase como a mí madre, una comemierda que se enamoró y terminó preñada y abandonada, que tiene un título por gusto, que no le da ni para comprar un par de zapatos decentes. Escapa gracias a mí.

Yamila es demasiado inteligente. Estudió, se graduó en el 2014 de ingeniera agrónoma, pero lo hizo más por complacer a la madre que por sí misma, pues su sueño de toda la vida ha sido irse. Eligió el camino más corto, lo que mejor cree que sabe hacer: ligar con un canadiense, un español… cualquier extranjero al que seducir y obtener la promesa de emigrar, o como mínimo, alguien que le facilite la vida mientras lucha por largarse.

Todo comenzó en el 2015. Mientras cumplía, en un municipio lejano, el Servicio Social impuesto a los recién graduados. Allí conoció a Pavel, un proxeneta habanero que estaba de paso. En principio no sabía a lo que se dedicaba. Se deslumbró al ver un hombre atractivo, elegantemente vestido y muy solvente a la hora de gastar el dinero.

Fue solo un fin de semana y, al parecer, conectaron rápido. Me dice que casi se enamoró, pero cuando él le contó de lo que vivía, al momento supo que sería una locura, sin embargo, de inmediato pensó que tal vez el destino le abría la posibilidad de lograr su sueño. Al principio no estuvo seguro, hasta que decidió aceptarla en su mundo.

-Entras como una más en el negocio, sin preferencias-le dijo

Y se metió en eso sin importarle la carrera. Se fue para La Habana. Pavel conseguía los contactos y resolvía su alojamiento. Debía acostarse con el que le trajera, y fueron muchos en todos esos años, principalmente hombres de avanzada edad, pero eso sí, todos extranjeros que pagaban muy bien por su cuerpo.

Me habla de la generosidad del proxeneta, porque le dejaba la mitad del dinero, además, toda la logística del negocio corría por él. Ella solo tenía que abrir las piernas y manejar al extranjero de turno para dejarlo satisfecho.

No tenía que salir a la calle a lidiar con la policía o con las otras putas. Todo lo manejaba Pavel, y acostarse con él era algo que disfrutaba. Así fue tirando hasta que se le cumpliera el sueño de encontrar un extranjero que se la llevara, ya fuera para Miami, Europa, o para La Conchinchina, pero bien lejos de Cuba, donde dice que no hay vida ni futuro.

Como nada es eterno, el negocio se cayó. Pavel está preso en el Combinado del Este y ella aún no se explica cómo no la descubrieron. Hay colegas fichadas por la policía, y otras bajo medidas de seguridad predelictiva, es decir, sancionadas por “peligrosidad”

Tuvo que regresar hace poco más de un año. Con unos trapos y una suma de dinero para vivir por un tiempo, con la esperanza maltratada por el fracaso.

La reputación de jinetera no fue algo que le preocupara. Tiene una moral moldeada a sus intereses, simplemente vive su vida y camina blindada de juicios ajenos.

Ahora sobrevive como trabajadora legal por cuenta propia y anda con un hombre mayor.

“Tiene dos carros y más ‘baro’ que Donald Trump”, me dice sonriendo al tiempo que abre su WashApp.

Se está comunicando con un francés. Hace 2 meses se conocieron por Facebook y quiere venir a conocerla. Incluso, le ha mandado algún dinerito. Yamila no cree en promesas, pero le sigue la corriente, pues nunca se sabe, y el sueño de una vida en otras latitudes nunca ha muerto del todo.

*Los nombres han sido cambiados para proteger la identidad de los protagonistas.

Pedro Morejón

Soy un hombre que lucha por sus metas, que asume las consecuencias de sus actos, que no se detiene ante los obstáculos. Podría decir que la adversidad siempre ha sido una compañera inseparable, nunca he tenido nada fácil, pero en algún sentido ha beneficiado mi carácter. Valoro aquello que está en desuso, como la honestidad, la justicia, el honor. Durante mucho tiempo estuve atado a ideas y falsos paradigmas que me sofocaban, pero poco a poco logré liberarme y crecer por mí mismo. Hoy soy el que dicta mi moral, y defiendo mi libertad contra viento y marea. Y esa libertad también la construyo escribiendo, porque ser escritor me define.

4 comentarios sobre “Yamila y el sueño que no muere

  • Parece que nació para esa profesión. Le encanta tener la billetera llena. Pocas jineteras tienen suerte, algunas se quedan varadas aqui. No es fácil acostarse con la pila de gente mayor, que seguro usan viagra. Es triste prostituirse por largo tiempo, porque termina insensibilizando a la mujer o al hombre que se dedica a eso. El cuerpo va dejando de tener importancia, se desgasta, pero lo peor ocurre dentro, en la cabeza, en el corazón, en los sentimientos, para ellos no hay cura. Es un riesgo porque no se sabe cuando puede encontrar un sádico que la muela a golpes, o la mate.

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  • También la pueden obligar a tener sexo con varias personas, orgías, etc, etc. Incluso puede ser filmada y ni enterarse. La pueden convertir en un negocio sin que lo sepa.

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  • …me imagino el futuro luminoso y lleno de exito que tendra cuando por fin logre salir de ese pais donde no hay vida ni futuro….

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  • Parece que está malo ese negocio ahora. Conozco a decenas que se fueron por esa vía para Europa en los 90s. y ahora llevan una vida como cualquiera con un trabajo muy distinto a puta, que era el único posible en Cuba.

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