Una triste historia cubana con un final algo feliz

Por Pedro P Morejón

Tres generaciones en el mismo apartamento cubano. Foto: desdelahabana.net

HAVANA TIMES – La televisión cubana transmite un programa titulado Cuando una mujer. Recientemente vi una de las emisiones, en la cual se narraba la historia de una familia en la que conviven tres generaciones, algo muy frecuente en la Cuba de hoy. Todo comienza cuando dos matrimonios, uno de ancianos y el otro de adultos de mediana edad, están almorzando.

Conversan acerca de la nieta de los ancianos e hija de los adultos, quien está terminando sus estudios en la universidad. Según la conversación, es una excelente muchacha y tiene una buena relación con su novio, que al igual que ella se gradúa, y cuya familia conocen. En fin, no se pueden quejar.

El diálogo deriva sobre su futuro inmediato y se comenta que al menos por el momento no podrían casarse, pues no disponen de las condiciones para convivir. La madre interviene para expresar que ellos siempre la han apoyado en todo. En ese momento irrumpe la joven y da la gran e inesperada noticia de que se va a casar.

Todos parecen sorprendidos, pero al momento la madre comienza a apoyarla con la idea. Comenta que si “la niña” se va a casar no puede dormir en su cuarto, porque este es pequeño, que va a ser necesario hacer algunos ajustes.

La hija ofrece entonces una idea salomónica (por supuesto, para su conveniencia). Los abuelos irían para su cuarto y ella para el de ellos que es más espacioso. Naturalmente, los ancianos se oponen, alegando primero que su juego de cuartos no cabe en una habitación tan pequeña. A la muchacha se le ocurre otra solución: los abuelos irían para el garaje que “está bueno”. Solo habría que arreglarlo un poco y limpiarlo, y así cabrían todos.

-Si es tan bueno el garaje ¿por qué no te vas tú con tu novio?-riposta el anciano.

-Abuelo, porque quien se va a casar soy yo-responde la muchacha, aparentemente dolida.

A partir de ahí se inicia todo un dilema en la familia para intentar resolver el asunto.

La madre, que es nuera de los ancianos, presiona para que estos cedan. Ellos, por su parte, se oponen a que los desalojen de su espacio.

El padre, que es el hijo, y que hasta el momento parecía ser un 0 a la izquierda, al fin interviene, recordándole a la esposa que cuando eran jóvenes sus padres la aceptaron en la casa, la trataron como a una hija y criaron a la pequeña para que ellos pudieran trabajar, que esa casa la construyeron esos viejos con mucho sacrificio y, por tanto, no merecían ser tratados de ese modo para satisfacer las expectativas y deseos de la hija.

Por suerte, se impuso la justicia y los viejos no tuvieron que abandonar su cuarto.

Debo confesar que a cada segundo me hervía la sangre con la actitud mostrada por la madre y la chiquilla, sobre todo, considerando que la vivienda era de los ancianos. Si quería casarse que lo hiciera, o que se busque casa o vaya para la del novio o lo que sea, con tal de no perjudicar a nadie, y menos a esos abuelos que la han criado.

Pero más allá de las emociones que pueda haber provocado en el espectador y del final (a mi juicio feliz) de la historia, el programa manifiesta dos realidades presentes en nuestro país: el grave y conocido problema habitacional, por el cual varias generaciones comparten una misma vivienda; y el otro, a mi parecer, mucho más grave, debido al significado moral que encierra, que es la desconsideración y el irrespeto que hace años observo hacia los ancianos, por parte de los jóvenes, pero también de los que ya hace rato dejaron de serlo.

Pedro Morejón

Soy un hombre que lucha por sus metas, que asume las consecuencias de sus actos, que no se detiene ante los obstáculos. Podría decir que la adversidad siempre ha sido una compañera inseparable, nunca he tenido nada fácil, pero en algún sentido ha beneficiado mi carácter. Valoro aquello que está en desuso, como la honestidad, la justicia, el honor. Durante mucho tiempo estuve atado a ideas y falsos paradigmas que me sofocaban, pero poco a poco logré liberarme y crecer por mí mismo. Hoy soy el que dicta mi moral, y defiendo mi libertad contra viento y marea. Y esa libertad también la construyo escribiendo, porque ser escritor me define.

3 comentarios sobre “Una triste historia cubana con un final algo feliz

  • Es terrible la situación de vivienda que no se resuelve, sabemos de familias albergadas por más de 20 años. Los que se van a casar que hagan un esfuerzo y compren materiales de construcción y construyan encima de la casa vieja (si es que sus cimientos aguantan). Desalojar a los viejos de sus cuartos es puro egoismo. Mejor esperen su muerte. Pero se sigue construyendo nuevos hoteles para el turismo extranjero, en Playa sobre todo. Hoteles si, viviendas no hay para todos.

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  • Es una escena que se repite, el respeto a los ancianos es esencial, coincido 100%..pero como resolver el otro problema…en este caso hay posibles soluciones, hay un garaje, pero en otros casos, que hacer… realmente la actitud de los jóvenes hoy, es reprochable en muchos casos.

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  • Es una triste rrealidad y aun más cuando se observan y analizan los dos extremos de la cuestión, pues mantener buenas relaciones en esa situación debe ser la regla y no todo lo contrario.

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