Un día feliz para un cazador cubano

Por Pedro Pablo Morejón

Cazadores cubanos.

HAVANA TIMES – El amigo de un amigo, que reside en la ciudad de Pinar del Río, quedó en venderme 10 libras de arroz, por el módico precio de 15 pesos la libra. Digo módico, porque ya el preciado grano ha ascendido a la ridícula cifra de 30 pesos.

Desde hace un año, conseguir arroz en Cuba se ha vuelto más difícil que alcanzar aquellos 10 millones de toneladas de azúcar cuando la famosa zafra del 70 (aclaro que yo no había nacido). Por eso no podía dejar pasar esta oportunidad.

¿El inconveniente?  Desde hace un mes el municipio cabecera de Pinar del Río está cerrado a causa de la grave situación epidemiológica de la covid 19. Hay retenes en todas las vías de acceso.

Como trabajo en la ciudad tuve que solicitar un permiso para entrar y salir, pero el escollo radica en que transportar gente hacia la urbe conlleva multas a los conductores de vehículos que oscilan de 2000 a 5000 pesos… Y como no tengo un cartel en la frente que rece: tengo permiso, casi nadie se detiene para averiguarlo.

Por eso voy al trabajo con un colega que dispone de auto. Esta vez no lo pude abordar y me encontré casi al mediodía aun en la carretera.

De mi pueblito salió un muchacho en el Buick de su padre. Un jovencito de 23 años que vive para botear (taxi), negociar, disfrutar de los placeres terrenales y cumplir algún día su sueño de largarse de Cuba hacia tierras de mejores oportunidades. Al verme frenó, monté y continuamos.

Seis kilómetros hacia adelante llegamos al retén. ¡Y resulta que no tenía permiso! Lo que sí posee es un alto nivel de audacia. Por suerte, en ese instante no había policía, solo el inspector de Transporte y un funcionario de Salud Pública. Antes de entregar mi permiso solicitaron el suyo. Se bajó su mascarilla y le dijo al inspector:

-Mírame bien. ¿No me conoces?- Se hizo silencio y continuó – ¿Trabajamos juntos 6 años en Transporte y no me conoces?

Negó con la cabeza en señal de disgusto, al tiempo que con la boca hizo un gesto que en Cuba llamamos “freír huevo”. Resopló, se subió la mascarilla y arrancó como si no hubiera pasado nada. Giré el rostro y observé al inspector quedar atónito, como si no diera crédito a lo que acababa de suceder.

Pues bien, llegué a Pinar, contacté al amigo y me llevé el arroz. Necesitaba comprar carne de pollo y decidí pasar por una de las tiendas que se crearon para quienes paguen en lo que el Gobierno ha dado en llamar MLC (Moneda Libremente Convertible), que no es otra cosa que dólares y euros. Y de esos solo disponen quienes tiene FE, no precisamente en Dios, sino Familiares en el Extranjero.

El resto lo tiene que adquirir más o menos a $50.00 por un dólar en el mercado negro, pues en teoría se pueden adquirir en los Bancos, pero solo eso, en teoría. Afortunadamente no había cola, entré y compré un paquete de cuatro pechugas de pollo a 6.55 dólares. O sea, un aproximado de $ 327 pesos (a 50 x 1 dólar) para cuatro tristes pedacitos de pollo.

Y aunque el regreso a mi casa fue otra odisea, yo estaba feliz. Feliz solo por haber conseguido unas libras de arroz y un poco de carne. Porque así es como vivimos. De cacería, como los cavernícolas perseguidores de mamut en tiempos de la prehistoria.

Lea más del diario de Pedro Pablo Morejón.

Pedro Morejón

Soy un hombre que lucha por sus metas, que asume las consecuencias de sus actos, que no se detiene ante los obstáculos. Podría decir que la adversidad siempre ha sido una compañera inseparable, nunca he tenido nada fácil, pero en algún sentido ha beneficiado mi carácter. Valoro aquello que está en desuso, como la honestidad, la justicia, el honor. Durante mucho tiempo estuve atado a ideas y falsos paradigmas que me sofocaban, pero poco a poco logré liberarme y crecer por mí mismo. Hoy soy el que dicta mi moral, y defiendo mi libertad contra viento y marea. Y esa libertad también la construyo escribiendo, porque ser escritor me define.


One thought on “Un día feliz para un cazador cubano

  • el 2 marzo, 2021 a las 6:30 am
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    Conozco muy bien esa sensación, recuerdo un día que “resolví” 20 croquetas y me recibieron en casa como si hubiera cazado un mamut.

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