Nunca faltan los problemas

Por Pedro Pablo Morejón

HAVANA TIMES – Al cubano nunca le faltan los problemas. Cuando logré resolver el asunto de los ratones se me rompió el breaker.

El problemita con los ratones lo solucioné comprando una trampa. No me quedó otra que acudir a un carpintero y pagarle $200.00 CUP (8.00 CUC). Al final valió la pena. Durante 3 días estuve atrapando roedores. Llenaba de agua una tanqueta en desuso y allí sumergía la jaula hasta que se ahogaban.

En los días previos había buscado en Internet la manera de deshacerme de ellos y ninguna resultaba viable para las circunstancias de Cuba.

Que si contratar a un equipo de expertos en eliminación de plagas, que si el veneno tal o más cual que aquí no existe, etc. Para colmo, encontré un artículo titulado Nueve formas compasivas de deshacerse de los ratones”, más o menos así. Lo único que me causó fue remordimiento de conciencia por haberlos ahogado. Como quiera son seres vivos y les infligí una muerte agónica.

Pues bien, ya había salido de ese bache cuando en la noche, al disponerme a comer me quedo sin electricidad. A esa hora ni pensar en buscar un electricista para ver si la causa era interna. Me dije: “Tranquilo Pedrito, serénate, que como decía tu madre, todo tiene solución menos la muerte”.

Decidí reportarlo a la Empresa Eléctrica, suponiendo que era el bajante o algo parecido.  Llegaron casi a la 1:00 am y no hicieron nada. Era el breaker que se quemó.

-No podemos hacer nada. Eso es problema de la vivienda y no tenemos autorización.

-¿Me lo pueden resolver a título personal? Les pago el trabajo y no diré nada.

-Lo siento socio, pero tenemos prohibido hacerlo, además, no tenemos ni un alambre para eso.

Se fueron. Tuve que dormir sin electricidad y con la preocupación de resolver ese escollo.

Al amanecer me dediqué vanamente a buscar un electricista. Parece que en mi pueblito escasean. Contacté a Tony, vecino muy servicial, quien es un famoso técnico de refrigeradores, para que me prestara alguna de sus herramientas.

Ninguno de los destornilladores sirvió para zafar la cajita del breaker. No soy nada ducho en temas eléctricos y comencé a estresarme por la preocupación de que se echara a perder lo poco que tengo guardado en mi refrigerador.

Mi mejor amigo interrumpió su trabajo de barbería para traerme un destornillador que fuera compatible. Cuando lo zafamos no encontré alambres finos que funcionaran como sustitutos del fallido breaker. Tony encontró unos por su casa y me los trajo. Entre los tres solucionamos el problema.

Si algo bueno tenemos es que somos solidarios. A pesar de lo que escribí en un reciente post y sostengo sobre no sentirme orgulloso por ser cubano, somos básicamente buenas personas. Por ayudarme, Tony también perdió una mañana de trabajo.

De momento tengo electricidad, pero en la mente martilla la inquietud.  La solución temporal no me protege totalmente de un cortocircuito que me dañe los equipos electrodomésticos o la vivienda.

Un breaker es lo adecuado, pero conseguirlo es tan difícil como predecir el fin del largo purgatorio que vivimos los cubanos.

Ese dispositivo está ausente en las tiendas estatales. Si lo encuentras con un revendedor, su precio rondará los $500.00 CUP (20.00 del ya moribundo CUC). Supongo que a partir de enero, con la inflación que se vaticina se quintuplicará su valor.

Por el momento procuro mantener una actitud positiva, intento ser feliz mientras aguardo el próximo desafío, porque es un hecho que para nosotros los problemas nunca faltan.

Lea más del diario de Pedro Pablo Morejón.

Pedro Morejón

Soy un hombre que lucha por sus metas, que asume las consecuencias de sus actos, que no se detiene ante los obstáculos. Podría decir que la adversidad siempre ha sido una compañera inseparable, nunca he tenido nada fácil, pero en algún sentido ha beneficiado mi carácter.Valoro aquello que está en desuso, como la honestidad, la justicia, el honor. Durante mucho tiempo estuve atado a ideas y falsos paradigmas que me sofocaban, pero poco a poco logré liberarme y crecer por mí mismo. Hoy soy el que dicta mi moral, y defiendo mi libertad contra viento y marea. Y esa libertad también la construyo escribiendo, porque ser escritor me define.

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