Me sucedió en un camión

Por Pedro Pablo Morejón

HAVANA TIMES – El camión se detiene a pocos kilómetros de la ciudad. Una pareja de policías penetra en el interior del vehículo, algunos nos apeamos. Cuando eso ocurre me molesto, no solamente por la demora consecuente, sino también por la sensación de no ser nada, de encontrarme a merced de la voluntad de otros.

Desde abajo observo la requisa. Escucho que preguntan por un saco, el dueño responde, unos murmullos y veo al gendarme examinando dos carnets, uno de identidad y otro, al parecer, la licencia de trabajador por cuenta propia, como le llaman a las actividades económicas autorizadas por el Estado.

“¿Qué llevas ahí?” -le preguntan a una muchacha. Esta les dice: “abran” . Ellos la ignoran y descienden. Abajo, los que quedamos, somos escudriñados pero no se hacen requisas, parece una revisión de rutina, quizás buscan algo específico.

Subimos y el camión reanuda la marcha, la gente comenta su descontento, despotrica de la policía mas no del sistema. Algo así como jugar con la cadena pero no con el mono.

-Eso nos pasa porque no conocemos nuestro derechos-, dice un hombre que se encuentra a mi lado.

-¿Qué derechos? -pregunto.

-Los que te da la Constitución.

-¿Has leído la Constitución?¿La conoces?

-No, pero tenemos derechos

-¿Dime cuáles?

Se queda en silencio y riposto:

-El único derecho que aquí tenemos es callar y aguantar que nos pisoteen.

-Estás equivocado, aquí sí hay derechos-, me sale al paso un señor con ínfulas de intelectual.

-¿Me podrías explicar cuáles?

-¿En qué país del mundo tú puedes tener la tranquilidad que tenemos aquí? -replica con otra interrogante, muy absurda.

¿”Será “retrasado mental o me está tomado el pelo”? -me pregunto.

-Explícamelo tú -insisto.

Entonces me ofrece una explicación trillada del sistema socialista cubano, según su opinión muy superior al del capitalismo cruel, justificando todo con el comodín de un bloqueo genocida, causante de nuestras desgracias.

-Eso es retórica –apunto. No me has explicado qué derechos tienen los cubanos. Para comenzar no tenemos derecho ni a expresarnos porque…

-Tú lo estás haciendo y nadie te mete preso por eso porque tienes libertad para hacerlo, pero una cosa es expresarse libremente y otra es hablar con intriga -riposta.

-Porque me la he ganado, porque no espero que nadie me la otorgue y porque estoy seguro que la mayoría de los que aquí nos escuchan aborrece tu asco de “revolución”, porque de lo contrario ya estuviera sufriendo un acto de repudio o quizás me hubiesen tirado boinas negras para golpearme como hicieron el 11 de julio del 2021, o en Nuevitas o en Baracoa, que hasta los niños fueron mordidos por perros. Y si tanta libertad tengo para expresarme no entiendo por qué necesitas subrayar eso, la tengo y punto. Y de intriga nada, yo hablo de frente porque testículos me sobran para eso ¿oíste? -se lo suelto calmado aunque el tono de mi voz y el lenguaje corporal muestran una cierta hostilidad.

En ese instante estoy en posición de enfrentar cualquier cosa, mi instinto de conservación ya es superado por una mezcla de coraje, orgullo e indignación.

Un hombre de unos 30 años, complexión atlética, uniforme verde olivo y boina negra sobre la cabeza se encuentra a unos tres metros pero se hace el desentendido. Mi voz, en ese instante puede escucharse en todo el camión

Se nota que solos no son nadie, simples sujetos indefensos al igual que el resto de los cubanos, meros apéndices de un poder totalitario, solo reprimen cuando andan en manadas y reciben la orden de combate.

Mi interlocutor mira hacia los lados como buscando quórum pero no lo halla y decide retirarse. Tampoco creo que desee un combate físico. En ese terreno no cuenta para enfrentarse conmigo. La gente me observa, supongo los pensamientos que se le cruzan por sus mentes, sobre el tipo:

“Ese sí es un loco”.

“Es seguroso” -como le llaman a quienes trabajan para la policía política.

“Es un tonto”.

Y más. Pensamientos propios de un pueblo esclavo, que cree que ser inteligente es aguantar en silencio, ser un vivo con doble moral y obedecer, es decir, fluir con la corriente.

El camión llega a su destino. Me apeo entre la muchedumbre. Me alejo con pasos lentos. Yo, que soy otro cobarde, me siento esta vez como un ser en estado de gracia. En ese momento no le temo ni a Dios.

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Pedro Morejón

Soy un hombre que lucha por sus metas, que asume las consecuencias de sus actos, que no se detiene ante los obstáculos. Podría decir que la adversidad siempre ha sido una compañera inseparable, nunca he tenido nada fácil, pero en algún sentido ha beneficiado mi carácter. Valoro aquello que está en desuso, como la honestidad, la justicia, el honor. Durante mucho tiempo estuve atado a ideas y falsos paradigmas que me sofocaban, pero poco a poco logré liberarme y crecer por mí mismo. Hoy soy el que dicta mi moral, y defiendo mi libertad contra viento y marea. Y esa libertad también la construyo escribiendo, porque ser escritor me define.

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3 thoughts on “Me sucedió en un camión

  • Los que pensaron “Ese sí es un loco” estaban pensando en ti, jajaja. Lo cierto es cada día son menos los que apoyan el sistema, hace 10 años decir todo eso en público hubiera sido suicida.

  • El huracán va en ese camino donde radica. Cuídense todos. Mucha suerte.

  • Desgraciadamente es muy común que el pueblo no conozca la constitución, la carta magna ni nada parecido de su pais, porque o no las enseñan o el método que tienen para enseñarlas es muy viejo, y también hablo por mí cuando digo esto. El saber que cada individuo tiene derechos no es suficiente para ejercerlos y es loco hablar tan superficialmente de eso.

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