Escapar de Cuba como fuera

Por Pedro Pablo Morejón

HAVANA TIMES – Mandy era (y todavía es) un hombre de ojos claros y facciones agradables. Entonces tenía unos veinte y tantos años y un proyecto de vida: Salir de Cuba.

Corría el año 2005 y su método para conseguirlo consistía en pararse bajo un semáforo a parar autos de turismo, supuestamente para  “coger botella”, aunque el objetivo principal fuera conocer a algún extranjero y por medio de sus habilidades sociales, seducirlo, ligarlo y de este modo escapar del país.

Una tarde se aproximó un auto con tres mujeres. Todas españolas, doctoras, de clase media, aburridas, que al parecer vinieron de turistas buscando macho. Y Mandy de macho solo tenía los genitales, pero a pesar de eso no encontró ningún problema para hacerse el hombrecito si con esto alcanzaba sus objetivos migratorios. 

Lo recogieron y en el camino le preguntaron por Viñales, y obviamente, Mandy se ofreció como guía.

Al llegar a Pinar del Río, Gretel, la más entusiasta del grupo  se había fijado en él y decidió que se hospedarían en el Hotel Pinar del Río, algo improbable para una época en que los cubanos no teníamos el derecho de hacerlo con un foráneo.

Y como ya era bien tarde en la noche, el grupo, a instancias del cubano, decidió quedarse en casa de Mónica y Boris, un matrimonio de dos jóvenes pintores que alquilaban un pequeño apartamento en el reparto del Calero.

Así nació el romance con Mandy y la amistad con el matrimonio, que se consolidó tras su regreso a la Isla un mes después.

Gretel era médico, de Barcelona, rondaba los 45, con una personalidad aventurera, liberal y hedonista que le otorgaba un brillo de juventud convirtiéndola en una mujer aunque madura, atractiva, nada despreciable ni siquiera para un Mandy cuyas preferencias estaban más cerca del falo.

Pero Mandy a pesar de esforzarse no pudo disimular sus gemidos afeminados a la hora del coito, tanto así que una Gretel confundida indagó con Mónica sobre una probable homosexualidad, más esta fingió desconocer, ya sea por fidelidad al amigo o por no involucrarse en un asunto que no le competía

Aquella mañana, a Gretel se le antojó visitar Cienfuegos, esa bella ciudad del centro del país, fundada por colonos franceses, y de belleza tal que con razón denominan La Perla del Sur. No quiso viajar sola, por eso invitó a Boris y a Mónica para atenuar la decepción.

Y en eso se apareció Loidel, joven artista de la plástica, amigo de los tres a quien Gretel le fuera presentada. Necesitaba ir a un pequeño pueblo antes de llegar a La Habana para recoger un dinero y de ahí continuar viaje. Por eso ella lo invitó y él, ¿cómo no? se dispuso a acompañarlos.

Pero recoger el dinero se convirtió en una odisea, las horas de la tarde pasaban y cuando anochecía no les quedó de otra que hospedarse en una casa. Solo había un cuarto para la pareja pero el dueño se las ingenió para proveerles de colchonetas al resto de los acompañantes.

Esa noche Mandy, que no sentía interés hacia Gretel más allá de una visa para viajar a Barcelona, en un momento de descuido, decidió acostarse más temprano que el resto. Boris y Mónica, intuyendo la tormenta (ya desde la `presentación habían percibido ciertas miradas, algún que otro cuchicheo) se retiraron a su colchoneta del pasillo y Loidel quedó a solas con Gretel.

Loidel el verdadero macho, Loidel el que seguro no perdonaría porque también buscaba su oportunidad, Loidel el latin lover…

Mónica, curiosa, aguzaba los oídos, pero solo le llegaban susurros ininteligibles, hasta que al rato vio como unas bragas caían sobre la esquina del pasillo al tiempo que se escuchaban gemidos procedentes de la cocina.

Todo quedó aclarado al amanecer, Gretel dejaría a Mandy por Loidel.

“Mandy no me gusta, Mandy es gay, quiero estar con Loidel pero él puede irse con nosotros si quiere” le dijo a Mónica y esta a Mandy y este a su vez, a pesar del resentimiento, se lo tomó “musical” como decimos los cubanos y los acompañó hasta Cienfuegos. Mandy muy pragmático, de esos cuyo credo es: si la vida te da limones ponte a hacer limonada, o: si la vida te da la espalda le das una nalgada.

Y meses después la boda de Loidel y Gretel en el palacio de los matrimonios de Pinar del Río y todos invitados, incluyendo a Mandy, que también acudió, civilizado, feliz, contento porque había ligado, una semana antes, a un francés en Viñales. Mandy siempre un luchador.

Loidel, hasta hoy, vive Barcelona, después de divorciarse. Mandy en algún lugar de Europa, la última vez se supo que estaba por España. Boris, el más taimado, que también tenía su plan, jineteó a una alemana.

Mónica no quiso esperarlo, ni concordar con su decisión. Ella me lo ha contado todo. De los cuatro amigos fue la única que no estuvo dispuesta a prostituirse para salir del país. Pero ellos querían escapar del infierno como fuera. ¿Quién los podría juzgar?

Nota: Se cambiaron los nombres de los protagonistas para proteger su identidad.

Lea más del diario de Pedro Pablo Morejón aquí.

Pedro Morejón

Soy un hombre que lucha por sus metas, que asume las consecuencias de sus actos, que no se detiene ante los obstáculos. Podría decir que la adversidad siempre ha sido una compañera inseparable, nunca he tenido nada fácil, pero en algún sentido ha beneficiado mi carácter. Valoro aquello que está en desuso, como la honestidad, la justicia, el honor. Durante mucho tiempo estuve atado a ideas y falsos paradigmas que me sofocaban, pero poco a poco logré liberarme y crecer por mí mismo. Hoy soy el que dicta mi moral, y defiendo mi libertad contra viento y marea. Y esa libertad también la construyo escribiendo, porque ser escritor me define.


One thought on “Escapar de Cuba como fuera

  • el 6 septiembre, 2021 a las 9:54 am
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    irse, a como sea, a como de lugar, de un pais que unos bandoleros convirtieron en un infierno.

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