El drama de Rocco y Frida

Por Pedro Pablo Morejón

HAVANA TIMES – Rocco y Frida se conocieron hace más de dos años. Conectaron tanto que desde entonces supieron que nada los separaría.

Rocco, ya sea por experiencia o por la manera en que fue educado no es un hombre de familia. Su visión de las relaciones resulta demasiado irreverente. Todo lo contrario de Frida que viene de un hogar bien construido, donde la familia, el compromiso y el matrimonio, constituyen los pilares sobre los cuales se sustenta la vida.

“Yo siempre he creído en el cuento de la casita feliz” le dijo un día, y él, tan pragmático, con su lógica rebelde, ignoró la frase, aunque la ha querido desde el primer momento.

Frida, a su pesar, lo amó así, libre, como un caballo salvaje que galopa sin barreras, que no acepta ser contenido, aunque con los meses se fue domesticando por amor a ella.

Sus padres, que como se deduce, forman una familia tradicional, y que no estuvieron satisfechos con la unión, toleraron a Rocco por un tiempo. Período en el cual no se limitaron para ofrecerle una hostilidad sutil en forma de gestos y reproches velados. 

Y Rocco, que tiene su lado oscuro, que no soporta ser cuestionado, se hastió de la convivencia y una mañana dejó a Frida con el corazón roto. Se marchó también en busca de una libertad que le permitiera explorar otros cuerpos, diferentes sensaciones.

Entonces apareció una mujer, un entretenimiento sin mayor relevancia. La familia de Frida lo supo porque el chisme es tan popular como una golosina. Y se lo hicieron saber a la hija, quien sintió un dolor de muerte que no se alivió hasta que Rocco decidió desligarse de la aventura.

Todo transcurrió en un solo mes, 31 días que le bastaron a Rocco para comprender que sin ella la libertad no servía de nada, y regresó, y fue perdonado.

Pero no tienen casa propia y los padres de Frida se oponen a que la hija sea otra vez destrozada por alguien que para ellos no pasa de ser un vulgar mujeriego, con quien jamás tendrá un futuro, sin entender que son ellos quienes ahora la están destrozando.

Materiales de construcciòn. Foto: Raquel Pérez

Ella se encuentra ahora sobre un campo minado, en medio de una guerra entre dos bandos a los cuales no puede renunciar. No desea enemistarse con unos padres buenos que se lo han dado todo. Tampoco quiere perder a ese hombre que la ha impulsado a crecer, y en cuya compañía se siente feliz y realizada.

Ni Rocco ni ella tienen casa propia. Ahora buscan un sitio donde vivir. El alquiler de una vivienda cuesta miles de pesos mensuales en un país donde si bien todo siempre ha estado caro para el bolsillo del cubano, ahora, después del llamado reordenamiento, los precios han subido hasta 10 veces su valor, aumentado de ese modo la carestía de la vida.

Y ni soñar con construir una vivienda en el corto o mediano plazo. Para conseguir los materiales de construcción tan escasos como el agua en Marte y a los precios astronómicos que se pueden adquirir, una sola vida no basta para aquellos que no disponen de un familiar que desde el exterior financie la empresa.

A modo de ejemplo, un saco de cemento supera los mil pesos, lo que equivale aproximadamente a un tercio o más del salario promedio en Cuba.

Y el Estado, a pesar de sus promesas de producción de materiales y sus regulaciones jurídicas publicadas en La Gaceta Oficial de La República para normar los precios, no logra garantizar nada.

Los materiales de construcción están perdidos de los llamados “rastros”, sitios a donde la gente acudía para comprarlos, cuando venían y a precios muy altos. Todo porque las empresas estatales son mucho menos que ineficientes y un volumen mayoritario de esa producción se destina a la construcción y remodelación de instalaciones turísticas para disfrute de extranjeros.

Actualmente algunas tiendas en Moneda Libremente Convertible (moneda virtual inventada por el gobierno procedente de dólares y euros) vende la bolsa de cemento a 10 MLC, que equivale a 800 pesos cubanos en el cambio actual de la calle.  Lo mismo puede decirse de cabillas, piedras, ladrillos, cables, madera…

El futuro del fondo habitacional en Cuba pinta muy negro. Por lo pronto, Rocco y Frida deberán esperar un milagro. 

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Pedro Morejón

Soy un hombre que lucha por sus metas, que asume las consecuencias de sus actos, que no se detiene ante los obstáculos. Podría decir que la adversidad siempre ha sido una compañera inseparable, nunca he tenido nada fácil, pero en algún sentido ha beneficiado mi carácter. Valoro aquello que está en desuso, como la honestidad, la justicia, el honor. Durante mucho tiempo estuve atado a ideas y falsos paradigmas que me sofocaban, pero poco a poco logré liberarme y crecer por mí mismo. Hoy soy el que dicta mi moral, y defiendo mi libertad contra viento y marea. Y esa libertad también la construyo escribiendo, porque ser escritor me define.


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