El Chernóbil cubano y una anécdota de la niñez

Foto: Getty Images

Por Pedro Pablo Morejón

HAVANA TIMES – Parafraseando un viejo refrán, se puede decir que en Cuba no hay sábado sin sol ni domingo sin apagón. Bueno y los sábados no falta tampoco el apagón ni los lunes ni cualquier otro día.

Desde las 3 de la madrugada estoy sobre mi cama, despierto y sudoroso, sin poder conciliar el sueño. Casi al amanecer me levanto cansado, sabiendo que mis ojos no se cerrarán. Me doy una ducha y comienzo el día antes de lo planificado, con la noticia desde el viernes por la noche de las explosiones en la base de supertanqueros de combustible de Matanzas.  

Hasta ahora el régimen no ha explicado las causas y se reportan muertes y desapariciones de jóvenes bomberos que fueron enviados allí para intentar aplacar el incendio.

Con la explosión del primer tanque desaparecieron 17 de esos jovencitos, uno resultó muerto, otro grave que después moriría y varios con quemaduras en el cuerpo. Los desaparecidos se saben muertos aunque ningún parte oficial lo haya confirmado.

Las familias esperan noticias entre la angustia y la desesperación, pero a todas luces resulta evidente que están sin vida.

Los días se suceden y la ayuda otorgada por México y Venezuela parece infructuosa, pues sus equipos no son compatibles con los cubanos. Continúan explotando tanques. Estados Unidos ofreció ayuda técnica y humanitaria, pero para que esta se haga efectiva el gobierno cubano debe solicitarla de manera oficial, cosa que no ha hecho.

Todo se mantiene en conversaciones pero nada se concreta. Parece que prefieren hundir al país antes de aceptar algo del “imperio” y lo que es peor, reconocer su incapacidad. Es obvio que ni sus hijos ni sus parientes estarán expuestos a las consecuencias de este Chernóbil cubano, el mayor desastre ambiental de la historia de Cuba.

El humo negro llena el cielo de la ciudad de Matanzas a pesar de los esfuerzos de bomberos abnegados. Mucha gente de la zona se está auto evacuando. La contaminación que se viene provocará toda clase de enfermedades dentro de la población matancera y ni qué decir del agravamiento de la crisis electro energética que vive el país.

Pero hay que tener esperanza, aunque eso de nada sirva a los padres que perdieron sus hijos víctimas de la negligencia y del servicio militar obligatorio, al que seguro los hijos de la cúpula dirigente no son llamados y menos en un oficio tan peligroso como el del bombero, que en la mayoría de países normales los hombres eligen por decisión voluntaria.

Mientras, las noticias de la prensa oficial son confusas y demagógicas en un país donde todo se supedita a los intereses políticos de los gobernantes. Youtubers, periodistas cubanos radicados en Miami y medios independientes están ofreciendo información más creíble sobre lo que está aconteciendo.

Es martes en la noche y más de lo mismo, quitan la electricidad. La batería de mi celular cuenta con bastante carga. Como no puedo dormir me siento en la sala a escudriñar fotos viejas de familia que conservo entre mis más sagradas pertenencias. Veo una de mis 11 años, bastante deteriorada, y comienzo a viajar al pasado y recordar la niñez, esa época cuando no pensaba en otra cosa que no fuera jugar y divertirme.

Y me viene al recuerdo un hecho divertido relacionado con mi amigo Tomasito y la China, aquella hermosa quinceañera que se vestía bien cortico y provocaba a los hombres con su coquetería. En realidad no era casquivana, simplemente le agradaba llamar la atención.

Tomasito me había hablado de las mujeres satas y en su definición estas eran las que iban con uno a la oscuridad y les gustaba hacer de todo cuanto el hombre pidiera. “La china es sata”-me dijo.

Y en mi lógica infantil razoné que si la deseaba y le pediría “hacer el amor” (son otras palabras que no caben aquí) ella con gusto me lo haría. Por entonces nunca me atrajo la zoofilia, que es algo común entre los niños y adolescente del campo cubano, al menos de mi época. Yo deseaba a las humanas y si eran mayores mejor.

Pues bien, le dije a Tomasito “habla con La China de mi parte y dile que quiero “hacer el amor” con ella”

Aquella tarde me situé en un montecito de marabú detrás del patio de su casa. Tomasito se le acercó y le dijo “China, Pedrito está ahí atrás y quiere decirte una cosa”-señalando hacia donde estaba.

No era lo que habíamos acordado y comencé a retroceder entre las espinas y el marabú pero ya era tarde, La China me había percibido y entraba para indagar qué deseaba.

“Quiero agua”-se me ocurrió decir y sin sed debí esforzarme para beber medio vaso de agua caliente.

Y recordarlo me roba una sonrisa hasta que voy regresando a este presente plagado de adversidades.

Me entero que el incendio comienza a ceder. Y aunque habrá que lidiar con los efectos desastrosos que tendrá para la agricultura, la salud humana y el medio ambiente, al menos significa un alivio en medio de tantas noticias desalentadoras.

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Pedro Morejón

Soy un hombre que lucha por sus metas, que asume las consecuencias de sus actos, que no se detiene ante los obstáculos. Podría decir que la adversidad siempre ha sido una compañera inseparable, nunca he tenido nada fácil, pero en algún sentido ha beneficiado mi carácter. Valoro aquello que está en desuso, como la honestidad, la justicia, el honor. Durante mucho tiempo estuve atado a ideas y falsos paradigmas que me sofocaban, pero poco a poco logré liberarme y crecer por mí mismo. Hoy soy el que dicta mi moral, y defiendo mi libertad contra viento y marea. Y esa libertad también la construyo escribiendo, porque ser escritor me define.

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