Crónica de una semana ya distante

Por Pedro Pablo Morejón

La entrada del Hotel Nacional en La Habana.

HAVANA TIMES – Corría el verano del 2006 y estaba próximo a celebrarse el II Encuentro Internacional de Temas Penales Contemporáneos de La Habana.

En este evento se abordan varios temas que van desde la teoría del derecho penal hasta asuntos relacionados con esta rama jurídica. Los trabajos y conferencias de los ponentes se imparten en el salón rosado del Hotel Nacional.

Entonces trabajaba en el bufete y hasta ahora desconozco los mecanismos de selección para los juristas cubanos que participan. Para los extranjeros es abierto, siempre que paguen una suma en euros o dólares.

Particularmente me interesaba, porque además de contribuir a mi preparación (para ese tiempo era apasionado del Derecho) otorga puntos académicos importantes a los aspirantes a maestrías o doctorados.

Participé ese año de casualidad. Para la provincia habían otorgado 3 plazas, una de ellas a la directora de mi bufete. Por alguna razón no quiso asistir y no me explicó por qué, me llamó un viernes para decirme que podía ir en su lugar, si lo deseaba. Fue sorprendente, pues no pertenecía a su círculo más estrecho. Acepté, y el lunes en la madrugada me vi abordando el volteo de un camión.

Le di $10.00 MN al chofer y me llevó hasta el puente de la autopista y calle 100 en Boyeros. Un antiguo “camello” y ya estaba en el Vedado, en el aula magna de la Universidad de La Habana, previa acreditación, para asistir a la apertura del evento. Todavía tengo la imagen del momento.

Los extranjeros vestidos de saco y corbata. La mayoría de los nacionales con la elegancia que ameritaba el momento. Todos con sus portafolios, algunos con laptop, principalmente los extranjeros y las “vacas sagradas” del derecho penal en Cuba, y yo. Acabado de llegar puse el maletín bajo el asiento. Estaba vestido con unos zapatos ya usados, jeans y pullover a rayas. Me miraron como a un bicho raro. Me sentí realmente mal.

Al concluir, caminamos una cuadras hasta la sede de la Unión de Juristas, desde donde trasladaron a los que éramos de provincia a Cangrejera, un sitio en las afueras al oeste de La Habana, en una casa que según pude conocer perteneció a alguien de la burguesía cubana por los años 50 del siglo pasado. En fecha menos distantes fue de un “maceta” que abandonó el país en los 90, siendo confiscada y entregada a la Unión de Juristas de Cuba como lugar de actividades.

Está rodeada por un muro de piedras que la oculta, y a la cual se accede por un portón. Una vez dentro te encuentras una casona de dos pisos y con patio espacioso. En la parte trasera existe una piscina asimétrica, con una especie de filtro que permite al agua salir y volver en completa purificación.

En resumen, un lugar acogedor, donde nos sentábamos al atardecer, abogados, jueces, fiscales, etc., a conversar sobre cuestiones legales que casi siempre derivaban en políticas, con visiones muy críticas del sistema social cubano. Detalle interesante, que aquí narro para los que piensan que los fiscales o jueces cubanos son ciegos ante la realidad del país.

Fue una semana diferente, en la cual rompí mi rutina, incluida la alimentación. Conocí personas de todo el país e incluso extranjeros con quienes pude compartir y comparar realidades.

Precisamente la noche previa a la clausura, durante la cena de despedida, intercambié con un grupo de seis fiscales, cuatro mexicanos y dos hondureños. Cómo es lógico, los temas comienzan con el Derecho y después no se sabe a dónde terminan. Siempre creí que Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua tenían una situación más difícil que la nuestra, pero pude despertar a la dura realidad de que vivimos en un país donde los alimentos son escasos en comparación con aquellos, y obviamente, de los más caros en el mundo, por poner un ejemplo. Me dolió demasiado la opinión de un mexicano que me dijo lo que reproduciré casi textualmente.

“Aparte de mi país he estado en República Dominicana y Cuba. He visto gente pobre en los tres países, de lo contrario no emigraran a los Estados Unidos, pero no como en Cuba, donde las mujeres incluso se venden por poco.”

Recuerdo que, llevado por el orgullo herido y buena dosis de chovinismo, ponderé la supuesta grandeza de la nación cubana y ese señor, quizás matizando su comentario, me dijo que contábamos con grandes potencialidades, y que el día que nos libráramos de las cadenas estaríamos en la cabeza del continente, que el mundo estaba esperando ese momento.

Los mexicanos me dijeron que al siguiente día visitarían Varadero. Me invitaron a ir con ellos. Cuando les dije que no podía y supieron que nos estaba vedado para los cubanos, no pudieron ocultar la sorpresa. Evidentemente desconocían ese detalle como tantos otros.

Me pidieron mi número de móvil y de correo electrónico para mantener comunicación. No tenía ninguno de los dos, un teléfono celular en ese año no lo tenía casi nadie en Cuba. A la mañana siguiente no esperé la clausura. Ya tenía el certificado y un CD con amplia información teórica. Atravesé como dos kilómetros desde Cangrejera, por un camino desconocido, pero que según me informaron llegaba a la autopista. A la hora abordé una rastra por otros $10.00 MN y al mediodía me encontraba en la casa.

Notas:
1- Camello se le decía a uno autobuses largos que recorrían hasta hace pocos años las calles de La Habana.
2- 2-Maceta se les llama a los hombres que tienen mucho dinero en Cuba.



Pedro Morejón

Soy un hombre que lucha por sus metas, que asume las consecuencias de sus actos, que no se detiene ante los obstáculos. Podría decir que la adversidad siempre ha sido una compañera inseparable, nunca he tenido nada fácil, pero en algún sentido ha beneficiado mi carácter. Valoro aquello que está en desuso, como la honestidad, la justicia, el honor. Durante mucho tiempo estuve atado a ideas y falsos paradigmas que me sofocaban, pero poco a poco logré liberarme y crecer por mí mismo. Hoy soy el que dicta mi moral, y defiendo mi libertad contra viento y marea. Y esa libertad también la construyo escribiendo, porque ser escritor me define.

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