A mí no me gusta la política, pero…

Por Pedro Pablo Morejón

HAVANA TIMES – Como cada noche enciendo la TV para ver el parte meteorológico. No es que esté obsesionado con el clima pero ya se ha vuelto una costumbre. Quizás me esté poniendo viejo y no lo estoy advirtiendo.

Pues bien, junto con el parte es difícil no escuchar alguna que otra “noticia”. Esta vez se hablaba de los juicios contra manifestantes que participaron en Camagüey durante las masivas protestas del 11 de julio del pasado año.

La narrativa que se pretende imponer en este periodismo tendencioso es que las manifestaciones multitudinarias del 11 de julio fueron unos disturbios y que los acusados incurrieron en hechos violentos que atentaron contra la paz y la seguridad de las personas. O sea, son unos delincuentes que atacaron al pueblo.

Pasan imágenes donde aparece un grupo numeroso de personas, la mayoría jóvenes, lanzando piedras contra la sede del Partido Comunista en esa provincia y después algunas personas con marcas de lesiones supuestamente causadas por los protestantes.

A continuación, las declaraciones de dos de los sentenciados, en las que reconocen su error. Uno alega que no sabe por qué lo hizo, que fue por “embullo” (que en el argot cubano significa algo así como entusiasmarse por algo).  El otro, que reconoce que estuvo muy mal lo que se hizo y recomienda que cuando alguien tenga una inquietud es mejor plantearla ante las autoridades.

Y yo ahí viendo eso, imaginando cuanta presión, miedo y maltrato deben haber sufrido estos reclusos para mostrarse así, doblegados frente al verdugo que les oprime, al igual que aquellas madres que semanas antes cuestionaban a sus hijos encarcelados.

Por si no bastara nos muestran a unos abogados declarando que se les permitió entrevistarse con los acusados, revisar el expediente de la causa, proponer pruebas a favor de sus defendidos y todo dentro de un marco de respeto a las garantías procesales de los detenidos. Sí, nunca falta alguien que se preste para el oprobio. Todo por la supervivencia.

Nada de las imágenes que han recorrido el mundo y que documentan a miles de cubanos protestando de manera pacífica, y muchísimo menos las que reflejan a los manifestantes siendo brutalmente detenidos y golpeados por fuerzas especiales de la policía y grupos paramilitares cuando exigían sus derechos.

Más de lo mismo y de siempre, información tergiversada con fines de manipulación.

Hago acopio de paciencia e intento evitar que mi mente se siga acalorando, debo comer y por encima de todo quiero salud y una buena digestión…

Esta mañana abordo un camión de pasaje y antes de llegar al trabajo un patrulla nos detiene. Uno de los gendarmes con cara de pocos amigos irrumpe dentro del vehículo y ordena que todos los pasajeros que estamos de pie nos bajemos. Afuera nos acompañan otros dos. Escucho voces procedentes del interior, al parecer el policía indaga sobre el contenido de un maletín y una voz de mujer ofrece explicaciones ininteligibles.

La gente bajo el sol tiene cara de disgusto. Digo unas palabrotas que abundan en el vocabulario de muchos cubanos por estos tiempos. Las digo en el pensamiento cuyas siglas son DPEPDPE, y que no las transcribo en este sitio para no violar las normas.

Transcurren unos 15 o 20 minutos y al fin podemos abordar para continuar viaje. Dentro, una mujer de un modo airado expresa “Todos estos policías son unos singaos, por eso tengo un primo policía que a mi casa no pueden entrar si no es vestido de civil.

Otro señor, ya entrado en años, dice: “Con la necesidad que hay y lo único que saben es meterse con la gente que lo único que hace es luchar la vida”

Y parece que la cólera de la noche anterior se mantenía ahí, agazapada en algún rincón de mi cerebro, por eso no me pude contener y en voz alta y clara expresé “ En vez de estar persiguiendo al pueblo deberían preguntarle a Diaz Canel cómo es que tiene un reloj de miles de dólares en su muñeca, los únicos delincuentes que hay aquí son los que gobiernan el país”

Y mira que yo le huyo a la situación, mira que intento no meterme en problemas, pero me sucede como dice el estribillo de una canción del grupo Porno para Ricardo:

“A mí no me gusta la política pero… yo le gusto a ella compañero”

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Pedro Morejón

Soy un hombre que lucha por sus metas, que asume las consecuencias de sus actos, que no se detiene ante los obstáculos. Podría decir que la adversidad siempre ha sido una compañera inseparable, nunca he tenido nada fácil, pero en algún sentido ha beneficiado mi carácter. Valoro aquello que está en desuso, como la honestidad, la justicia, el honor. Durante mucho tiempo estuve atado a ideas y falsos paradigmas que me sofocaban, pero poco a poco logré liberarme y crecer por mí mismo. Hoy soy el que dicta mi moral, y defiendo mi libertad contra viento y marea. Y esa libertad también la construyo escribiendo, porque ser escritor me define.

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