Lo que me ha enseñado el aislamiento social

Por Paula Henríquez

HAVANA TIMES – Hace ya algún tiempo que estamos alejados de nuestros trabajos y nuestras escuelas. Las calles no son tan ruidosas como antes, se extrañan las guaguas con sus largos viajes intermunicipales. Se extraña, incluso, la multitud en su ir y venir.

Nunca antes había visto tanto televisor como ahora. No conocía la programación de los canales, ahora creo que la digo de memoria, junto a mi hija. Hemos leído el libro de lectura de primer grado completo, los libros de cuentos que le han regalado, los que hemos comprado y los que guardaba yo desde niña. Ya no queda un texto de colorear sin completar y las plastilinas piden ayuda, porque han tenido todo tipo de formas.

He vuelto a recordar mis años de primaria repasando los números, las más sencillas operaciones de primer grado y también puedo decir que me ha gustado volver a escribir en el cuaderno de caligrafía para mostrarle a mi nena de 7 años cómo no salirse del renglón.

Mi poco tiempo de madre trabajadora después de las horas de jornada laboral no me permitía ejercer muchas actividades extras en el hogar. Ahora, lavar, fregar, limpiar, cocinar no solo son deberes, sino también formas de pasar las horas cuando los días se hacen largos y aburridos. Sí, porque a veces el aburrimiento llega aun cuando uno trate de evitarlo a toda costa.

A mi esposo la ansiedad le hace caminar de un lado a otro. No logra concentrarse en nada y nos reímos mucho por eso. Hemos conversado de los temas más serios y también de los más descabellados del mundo. Nos retamos para los deberes escolares de nuestra hija y, a veces, los impartimos juntos.

Con la niña ya hemos jugado a todo lo imaginable y, créanme… somos bastantes imaginativos. Ella heredó la imaginación de los dos juntos, así que lo que no se nos ocurrió a nosotros, a ella sí. El gato ya no nos quiere ver. Sale huyendo cada vez que queremos acariciarlo, el pobre ya se ha visto disfrazado de cualquier cosa, incluso con lazos rosados y durmiendo en la cuna de las muñecas.

Si el aislamiento no termina pronto, ya nos verán viviendo en castillos y seremos reyes y princesa, cabalgaremos en blancos corceles o volaremos en dragones. ¿Quién sabe?

En estos días he aprendido también a ser más paciente que antes. He aprendido que mi esposo y yo llegaremos a viejos juntos porque esto, esto sí ha sido una prueba de convivencia. He aprendido que la vida es frágil como frágiles son mis padres, en quienes más he pensado y sigo pensando cuando tengo que salir a la calle a buscar algo.

He aprendido a pensar, mejor dicho, hemos aprendido a pensar como familia y si lo hicimos antes no fue tan consciente como ahora. Nos hemos dado cuenta de cuánto podemos hacer unos por otros, incluso más que antes, porque hemos necesitado unos de otros y hemos estado ahí para cada uno.

He aprendido a ser menos crítica y más comprensiva. Durante estos días, y como ya le he dicho a mis amigos y conocidos, no he querido estar en otro lugar que no sea mi país, mi barrio, mi casa. No hay nada más seguro para tiempos tormentosos que estar en ese lugar que uno conoce y que, aunque a veces cueste admitirlo por diversas razones, se quiera como a la vida misma.

Este virus nos ha aislado, pero también nos ha enseñado mucho. Nos ha mostrado quiénes son los verdaderos amigos, esos que, aunque no te llamen todos los días, te llevan en el corazón y te desean lo mejor. He aprendido a dar gracias por la salud, por la casa, por la vida. También he pedido por los enfermos para que sanen y vuelvan a sus casas con sus familias. Mi hija y yo aplaudimos cada noche por lo médicos del mundo y en especial los de Cuba.

Saldremos de esta juntos. Y saldremos airosos, sin olvidar nunca este tiempo y esta lección que nos da la vida, porque, y como reza una frase que he leído en las redes sociales y me parece lo más cierto que he encontrado: “Si al terminar esta pandemia no somos mejores personas, entonces no habremos aprendido nada”.

Paula Henriquez

Paula Henríquez: Desde pequeña me han dicho que debo tener cuidado con lo que digo en público. “Piensa antes de hablar, sobre todo delante de los demás”, me decía mi mamá y, entonces, resultaba más un ruego que un regaño. Aún hoy la escucho… y la cumplo, solo que no hablo… escribo. Las letras, las palabras son mi escape, mi salida y las catarsis diarias, las que imprimo en el papel, me reavivan. Y esta foto… me refugia.

Un comentario sobre “Lo que me ha enseñado el aislamiento social

  • Hay tantas cosas que hacer en casa y nunca tenemos tiempo, tenemos hijos y es a la persona que menos tiempo le dedicamos, por eso está la frase que los abuelos disfrutan más los nietos, hay vecinos que los escuchas gritándoles a los niños como si fueran una carga un castigo, es un pequeño ángel que solo quiere que le dediquemos tiempo quiere jugar, en estos momento hay algo mejor que hacer que dedicarles nuestro tiempo ser niños y disfrutar del juego

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