Una edificación abandonada que podría tener valor de uso

Por Osmel Ramírez Álvarez

La abondonada fabrica de hielo de Mayarí.

HAVANA TIMES – En Mayarí existe una fábrica de hielo que ha estado abandonada por más de tres lustros y la infraestructura de concreto se haya sometida a la depredación humana y al deterioro de los elementos. Al parecer, no se necesita más el hielo en el municipio o es más económico buscarlo a 90 kilómetros en Holguín. Algo dudoso, la verdad.

Mucho antes se destruyó también, no se sabe por iniciativa de quién, la fábrica de conservas conocida como La encurtidora. Todavía al barrio donde se hallaba ubicada se le sigue llamando así popularmente como un recuerdo nostálgico. Pero en ese territorio se pierden desde entonces miles de toneladas de frutas todos los años que no se procesan y se dejan de sembrar por falta de mercado.

El ejemplo más elocuente es el tomate placero y perita, que son las variedades pureteras, que por no tener mercado seguro no se siembra todo lo que se podría de acuerdo con el potencial. Si tuviéramos una fábrica, aunque sea artesanal, rústica como la anterior, ¿cuánto tomate se sembraría y cuántas frutas se salvarían de podrirse debajo de las platas? O ¿cuántas más se plantarían?

Un emprendedor local, hace alrededor de una década, al percatarse de ese lucrativo nicho de mercado, creó artesanalmente su propia fábrica de conservas particular con decenas de tanques de puré producidos, fogones inmensos y grandes vasijas de cocción. Parecía un trapiche decimonónico, pero empleaba a una docena de personas.

Aunque pertenecía a una cooperativa, un día nefasto llegó un operativo policial y desmanteló todo. Confiscaron el puré y no pudo producir más a esa escala. Desde entonces, todo continuó como antes, que solo los propios campesinos y las amas de casa fabrican el puré de su consumo y otro poquito para vender. Pero, lógicamente, dura muy poco la oferta en el mercado.

A veces vienen camiones de otras provincias y venden latas de puré. Todo parece indicar que en esos otros parajes de la geografía nacional hay más flexibilidad con la aplicación de las trabas burocráticas del sistema planificado y las cooperativas tienen sus minindustrias. Pero no es un suministro estable. Nadie sabe qué día vienen ni dónde van a estacionarse y vender. Es cuestión de suerte.

Si en verdad hay que pensar como país, según dice Díaz-Canel, ¿por qué hay que invertir combustible en traer un producto desde lejos si aquí se puede producir? Siempre que paso frente al edificio abandonado de la fábrica de hielo en la calle Leytevidal, no dejo de ver el gran potencial que tiene para instalar en él una fábrica de conservas.

Los talleres de Mayarí tienen la capacidad de hacerlo. Por ejemplo, en la antigua fábrica de níquel, cuyos restos actualmente constituyen una empresa de servicios llamada Nicarotec, podrían construir en dos o tres meses todo lo necesario. Materia prima en metales, equipos y mano de obra súper calificada existen de sobra. Solo falta iniciativa, pensamiento productivo y económico, sentimientos de pertenencia. Cosas así, que son precisamente las que marcarían la diferencia.

Por la misma calle y frente a la misma infraestructura roída se pasean en sus vehículos decenas de jefes cargados de papeles e informes. Pero ellos no miran lo que yo y cualquier ciudadano común podemos ver; ni se les ocurre, ni sienten dolor, ni tienen iniciativas. Están en su mundo de politiquería, (el arte de inflar globos diría un filósofo callejero), en la que el pueblo no es su principal preocupación, porque no es el pueblo quien los puso en sus cargos. Es al parecer otra dimensión.

La pequeña dosis de autonomía municipal permite manejar a conveniencia un pequeño segmento del presupuesto: el 1%, que sería suficiente para tener una iniciativa económica como esta con rápido impacto en la vida de los mayariceros.

Asegurarían ofertas permanentes de frutos en conserva y puré de tomate, tan apreciado como escaso ahora; tal vez hasta a un menor precio por reducir el elevado costo de transportación. Además de estimular la producción en el territorio de la materia prima, generando ingresos y empleos. El pollo del arroz con pollo es: ¿por qué no se hace?

Osmel Ramirez

Soy de Mayarí, un pueblecito de Holguín. Nací el mismo día en que finalizó la guerra de Viet Nam, el 30 de abril de 1975. Un buen augurio, ya que me identifico como pacifista. Soy biólogo pero me apasionan la política, la historia y la filosofía política. Escribiendo sobre estos temas me inicié en las letras y llegué al periodismo, precisamente aquí en Havana Times. Me considero un socialista demócrata y mi única motivación comunicacional es tratar de ser útil al cambio positivo que Cuba necesita.

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2 thoughts on “Una edificación abandonada que podría tener valor de uso

  • Da verguenza ver las tiendas sin el pure de tomate y los estantes llenos de pasta. Las iniciativas que propones no les interesan a los dirigentes estupidos, prefieren ser ciegos con todo. Frente a mi casa el edificio Riomar se cae a pedazos con aptos vacios y nadie con poder hace nada. Es un estatismo inhumano que prefiere invertir en hoteles de lujo.

  • Es doblemente triste, que edificaciones tan costosas y necesaria queden en desuso, es más chocante cuando no le dan otro huso es cierto que fue construida con un fin si este deja de ser, se puede hacer vivienda que tanta falta hacen, quien da solución a este problema, que afecta a la economía y a la población

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