“Revolución es no mentir jamás ni violar principios éticos…”

Por Osmel Ramírez Álvarez

HAVANA TIMES – Es muy conocido aquí el concepto fidelista de “Revolución”, pues este ha sido ampliamente divulgado. A mí particularmente me gustan algunos segmentos. Pero más que un concepto, es una disertación poética de algo que en el contexto cubano es ficción, porque no se aplicó, no se aplica y hasta hoy no hay señales de que se aplicará. En este artículo solo me referiré a una sola de sus aseveraciones: “Revolución es no mentir jamás ni violar principios éticos”.

El verso, (porque es una especie de verso épico), habla de los valores y principios puros e inquebrantables que ha de tener el revolucionario populista. Porque en cualquier clase y desempeño sociales se puede ser revolucionario, pero en este caso específico se refiere a la política que se enfoca de cara a lo social.

Los últimos sucesos diplomáticos que involucran a nuestro país en la ONU me hicieron recordar ese versículo del concepto fidelista de Revolución. A raíz de los actos de indisciplina y chusmería encabezados por la representante cubana en ese importante órgano, (la tristemente célebre por ello Anayansi Rodríguez), Bruno Rodríguez a nombre del Gobierno declaró que “en Cuba desde 1959 nunca había existido un solo preso político”.

Este asunto da para discutir mucho, para abordar disímiles ejemplos, pero solo me remito a la burda afirmación, que es falaz y ofensiva. Ofensiva porque ignora o trata de esconder el sufrimiento injusto de los miles de presos políticos que han pasado en seis décadas por nuestras cárceles y los que aún hoy todavía sufren por sus ideas, por la criminalización de la oposición política en Cuba, del periodismo independiente o de la lucha social por los derechos humanos.

Es un hecho que la Revolución Cubana para mantenerse ha tenido que apelar a métodos éticamente injustificables. Todos los revolucionarios que de una y otra forma participaron en la lucha contra Batista y luego discreparon con el giro hacia el comunismo, terminaron en la cárcel si no fueron muertos o exiliados. ¿Acaso fueron presos comunes? ¿Huber Matos no fue un preso político? ¿Los 75 de la primavera negra tampoco? ¿Eduardo Cardet no lo es?

Es demasiada falacia, demasiada cara dura y demasiado irrespeto. No se necesita otra prueba de que estos ¿revolucionarios? mienten. Si no hay presos políticos en Cuba, ¿por qué se niegan a una inspección de un relator especial del organismo de DDHH de la ONU? Si es un invento de supuestos “mercenarios”, ¿por qué no llevaron vídeos de los familiares y los encarcelados desmintiendo la acusación? –es imposible porque hoy ya no se puede esconder la verdad.

A falta de una defensa basada en la verdad apelan a la violencia, al desorden, a la chusmería. Ya sucedió en las Cumbres de las Américas de Panamá y Lima y ahora en la ONU. Se puede concluir que se está distinguiendo con sello propio una “Nueva Escuela de la Diplomacia Cubana”: la diplomacia de la chancleta.

Martí dijo refiriéndose al despojo chileno de la salida al mar de Bolivia, en “Nuestra América”, palabras que parecen dichas para los diplomáticos de la revolución fidelista: “Cuando se va más allá de la razón para defender algo, es que no se halla dentro de la razón manera de defenderlo”. Más claro ni el agua.

Es mucha la desfachatez de Bruno Rodríguez y de todo aquel que ose decir que no hay presos políticos en Cuba, solo porque ellos descaradamente ordenan juzgarlos amparados en delitos fabricados o le dan otra nomenclatura a la actividad política, periodística o de defensa de DDHH.

Lo que escriben en los registros policiales y judiciales es, por ejemplo, “mercenario al servicio de una potencia enemiga”, “traidor a la Patria” o “usurpación de la capacidad legal en el caso de periodistas”. O simplemente inventan un desacato o atentado a la autoridad, o aplican el increíble delito de peligrosidad social predelictiva.

No importa que tengas ideas propias ni que defiendas un programa político sincero; que al igual que muchos periodistas oficialistas, que tampoco estudiaron periodismo, tengas aptitud para hacerlo y al público le interese tu trabajo; tampoco importa en los casos de atentado a la autoridad que quienes salgan realmente lastimados sean los apresados, con los ojos ensangrentados y otras secuelas físicas. Por suerte hay suficientes pruebas documentadas gracias a los medios audiovisuales modernos.

Yo mismo, aunque jamás he sido golpeado ni me han inventado todavía un delito para enjuiciarme, en las detenciones arbitrarias he sido amenazado con ello, así por lo claro. Y siempre me aclaran que debo andar por el hilo, porque aquí todo es delito y cualquier cosa cotidiana es ilegal, lo que en mi caso me lleva directo a un proceso penal. Así funciona el debido proceso, las garantías constitucionales y el estado de derecho socialista en Cuba.

Recuerden que Luís Manuel Otero estuvo detenido muchos días por dos o tres bolsas de cementos que le había prestado su tía y a José Daniel Ferrer casi lo enredan recientemente con una pena larga por un oficial que se le abalanzó frente al auto. Por solo citar dos ejemplos, de cientos.

Ya solamente por estas mentiras, a lo que increíblemente llaman “la verdad de Cuba”, podemos evidenciar la naturaleza misma del sistema político cubano. Mis principios éticos no me permiten apoyar a un gobierno así y veo con horror la complicidad internacional que los sostiene.

Soy socialista demócrata y aspiro a una Cuba mejor, con justicia social, próspera y en libertad. Por eso promuevo un cambio político, porque este sistema es la antítesis de casi todo lo que deseo para mi país, y ojalá reaccionaran y fueran ellos mismos los que lo impulsaran. Recuperarían una parte esencial del respeto que tiempo atrás por inocencia les tuve.

Pero no creo en los milagros. Por eso siendo socialista y discrepando en puntos importantes con los demócratas liberales cubanos, (que por razones justificables son más extremistas que los propios fundadores de la Escuela de Chicago), me siento más cercano a ellos que al Gobierno, ya que en lo más esencial concordamos: lo primero es conseguir una democracia.

Osmel Ramirez

Soy de Mayarí, un pueblecito de Holguín. Nací el mismo día en que finalizó la guerra de Viet Nam, el 30 de abril de 1975. Un buen augurio, ya que me identifico como pacifista. Soy biólogo pero me apasionan la política, la historia y la filosofía política. Escribiendo sobre estos temas me inicié en las letras y llegué al periodismo, precisamente aquí en Havana Times. Me considero un socialista demócrata y mi única motivación comunicacional es tratar de ser útil al cambio positivo que Cuba necesita.


One thought on ““Revolución es no mentir jamás ni violar principios éticos…”

  • el 6 noviembre, 2018 a las 9:52 am
    Permalink

    Gracias por tus articulos, la sinceridad es algo escaso en la Cuba de hoy.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *